Sohyoun Yun Cárcamo forma parte del equipo de Francis Halzen: Es un poco tímido, revela
Investigadora chilena integra el grupo deIceCube, el gigantesco proyecto que capta neutrinos en la Antártica.
De madre chilota y padre coreano, Sohyoun Yun Cárcamo pasó la mayor parte de su infancia en la isla. «Yo me crié en Chiloé y luego mis papás decidieron que nos mudáramos a Santiago para asegurarme una educación que me permitiera entrar a la universidad», recuerda.
La enseñanza media la hizo en el Liceo Carmela Carvajal de Prat y luego entró a estudiar Física a la Universidad de Chile. «La verdad es que me gustaban todas las ciencias, pero de a poco me di cuenta de que la física, de alguna forma, contenía a las otras. Aprendiéndola podía trabajar en temas de biología, de química o de astrofísica. Abre más puertas», comenta.
Su buen desempeño académico le valió hacer un doctorado en la Universidad de Maryland, Estados Unidos, donde llegó en 2021 con su marido. «Me dediqué a estudiar astrofísica de partículas, rayos gamma, que es una luz de muy alta energía», aclara. Ese campo le permitió ingresar a hacer su postdoctorado al proyecto IceCube, el gigantesco experimento instalado en la Antártica, que llevó a su creador, el investigador belga Francis Halzen, a ganar recientemente el Premio Nobel de Física 2026.
«Cuando me gradué del doctorado quería seguir aprendiendo sobre partículas. Ya estudiaba el centro de la galaxia con rayos gamma y quise ver si podíamos detectar neutrinos, que son las partículas principales que detecta IceCube», explica.
Ella, junto a otros investigadores, trabaja con la información que envía un gigantesco detector instalado bajo el hielo en el continente helado, buscando pistas sobre el origen de partículas que llegan desde el espacio. «Recibimos de manera remota los datos que se toman en la Antártica, los analizamos y tratamos de crear un modelo», detalla.
El equipo tiene reuniones con Halzen, investigador principal del proyecto. «Él escribe las propuestas para obtener dinero para el experimento y realiza el trabajo administrativo. Hace tiempo que no sienta a analizar datos con nosotros, pero sí lo vimos, por ejemplo, la semana pasada», señala.
¿Cómo es el ganador del Nobel? «Me da la sensación de que es un poco tímido, una persona muy sencilla. Es como un científico que está forzado a interactuar más con el público, especialmente ahora, que tiene que dar muchas entrevistas, y la gente quiere tomarse fotos con él», opina.
En la última reunión el científico llevaba apenas dos semanas como flamante ganador. «Aprovechamos de celebrarlo y él trataba de devolvernos como la celebración a nosotros, de decir: Yo tuve la idea, pero gracias a ustedes tenemos todos los descubrimientos que se han hecho», asegura Sohyoun.
«Siempre está muy abierto a que uno se acerque y le pregunte cualquier cosa», agrega. «Cuando llegamos a la reunión no sabíamos dónde estaba la sala, y él nos vio y nos dijo para dónde ir, siempre está ayudando. Los estudiantes con los que yo iba estaban todos nerviosos, me decían, mira, mira, ahí está el Nobel, y yo decía ya chicos, tranquilos», relata.
Sentado a sus pies
Halzen también tiene otras referencias de la investigadora chilena, porque el profesor de doctorado de Sohyoun es un antiguo amigo del belga. «A mí en particular me conoce, porque en el fondo soy la última estudiante que tuvo mi profesor, y ellos se hablan seguido», destaca.
De hecho, en mayo pasado, en medio de una conferencia interna del grupo IceCube, a la que asistieron cientos de colaboradores, tuvo una anécdota con Halzen.
«Como buena chilena llegué temprano para conseguir asiento. Después él llegó y no tenía dónde sentarse. Yo lo vi ?es una persona de 82 años- y obviamente le ofrecí mi asiento, pero él es tan caballero que me dijo no, no, estoy bien, y se sentó en el piso, a mis pies», relata.
«Tenía al jefe del equipo ?en ese tiempo todavía no era premio Nobel- sentado ahí, a mis pies. Me sentía muy mal, todos me miraban como Oh, no le dio el asiento, pero fue él, obviamente, el que no quiso aceptar», afirma.
Traer experiencia
La científica vive en las afueras de Filadelfia y, aunque lleva un lustro en esa zona, todavía echa de menos la gastronomía criolla. «Los tomates acá no tienen sabor, las verduras y frutas no son frescas. La comida es muy distinta, uno trata como de hacerse un completo pero no, nunca va a ser lo mismo», se lamenta.
¿Cuando viene a Chile me imagino que aprovecha de comer?
«Voy con una lista de cosas que tengo que comer, sobre todo en Chiloé, mucho chapalele, milcao. Le doy la lista a mi familia y les digo ya, ustedes tienen que ayudarnos a cumplirla».
¿Le gustaría volver a Chile?
«Sí, mil veces. Me gustaría devolver un poco la mano: yo estudié con gratuidad, y para mí es súper importante decir que llegué hasta aquí gracias a mi país. También hay muchos experimentos y observatorios nuevos que se están planeando en Chile, que tienen que ver con lo que hago. Trataría de tomar mi experiencia acá, que trabajo en un laboratorio que ya tiene muchos datos, y llevarla a mi país, para ayudarlo a surgir en esta área».


