Universidad Adolfo Ibáñez y la institución penitenciaria publicaron el trabajo en la revista Frontiers in Public Health
Para poder regular o mantener un poco el ritmo, el consumo de Red Bull, Monster, etcétera es bastante elevado, cuenta la académica que dirigió el trabajo.
«Los funcionarios de prisiones chilenos presentaron insomnio clínicamente significativo, un bienestar sicológico moderado y una baja percepción de apoyo institucional», dice un estudio realizado por la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI) y Gendarmería.
43 funcionarios de las cárceles de Limache, Quillota, Los Andes, San Antonio y Valparaíso se sometieron a entrevistas sobre sus condiciones de trabajo y sus horas de sueño.
«La muestra reportó en promedio dormir 2,75 horas por noche durante el servicio y 6,8 horas por noche fuera de servicio», dice el estudio publicado en la revista «Frontiers in Public Health».
Los encuestados, mayoritariamente solteros, tenían entre 19 y 42 años, entre ellos había sólo cuatro mujeres y 30 llevaban trabajando en una cárcel entre uno y tres años.
Los que faltan
«El índice de ausentismo laboral es muy alto, entonces suele haber muchas personas con licencia médica y los que están, digamos, disponibles se sobrecargan con los turnos de aquellos que están con licencia», explica Isabel Benjumeda, doctora en Neurociencias, académica de la Facultad de Artes Liberales de la UAI y directora del estudio. «Entonces, a veces, en vez de hacer turnos de cuatro horas de trabajo y cuatro de descanso, hacen sus cuatro horas, las cuatro del otro que no está y las cuatro del otro que tampoco está. Además les tocan labores, por ejemplo, de acompañar a algún interno al hospital», describe.
Las encuestas aplicaron el Índice de Severidad de Insomnio, o ISI, que mide la percepción subjetiva del paciente sobre sus propias dificultades para dormir. «El promedio de la muestra fue de 17,87, lo que indica un insomnio clínico moderado, sugiriendo una alta prevalencia de dificultades para dormir clínicamente significativas y el deterioro diurno asociado», dice el estudio.
Energéticas
Isabel Benjumeda, de nacionalidad española, cuenta que los gendarmes viven en las cárceles en habitaciones compartidas con siete u ocho compañeros y cada uno tiene un turno diferente. Entonces uno intenta dormir mientras el resto está entrando o saliendo.
«Más de un tercio consideró buscar atención sicológica (37,2%) y el 53,5% informó consumir bebidas energéticas a diario», dice la publicación. «Preguntamos por bebidas energéticas porque evidentemente si preguntamos por otro tipo de consumo no nos lo iban a decir. Pero bueno, es un indicador de que, para poder regular o mantener un poco el ritmo, el consumo de Red Bull, Monster, etcétera es bastante elevado», cuenta la académica.
Uno de los datos que más le llamó la atención es que el 60,5% de los entrevistados indicó bajo apoyo institucional.
«Ellos son el orgullo de sus familias en términos de tener un trabajo estable, un uniforme, un contrato, un acceso a jubilación, y normalmente tienen una lealtad tremenda hacia la institución, de manera que yo jamás me habría imaginado que un porcentaje tan alto reportaba que no se sentía cuidado. Además, decían que había que mejorar los turnos de trabajo, destinar más recursos a la salud mental del personal y desarrollar mayor empatía por sus necesidades. O sea, tienen muy clara la película».
Recuerda que Gendarmería le pidió a la UAI hacer el estudio debido a los suicidios de sus funcionarios sobre todo en la «guardia armada», cuando deben instalarse en las garitas o casetas de vigilancia y resguardar el perímetro de la cárcel. «Los primeros 2 o 3 años después de salir de la escuela, o sea, entre los 19-20 y hasta los 22-23, están ahí, en las garitas de vigilancia. Es como las novatadas. Están ahí como curtiéndose. Imagínate las consecuencias que tiene para los chavales después», cuenta.


