Mascota de 5 años se pasea por el mundo con la actriz
Fue en una librería. Corría el año 2006 y Jane Fonda (72) firmaba copias de su autobiografía «My life so far» cuando un tipo alto, canoso y apuesto se le acercó. «Guau, pareces una estrella de cine», le dijo ella a Lynden Gillis, un empresario retirado y que le llevaba un par de años de ventaja. Él le pasó su tarjeta y comenzó el romance, el enésimo en la larga carrera de la actriz. Al año siguiente, la mismísima protagonista de «Barbarella» le confesaba a la revista «Woman's Day» lo feliz que estaba con su galán. «Estoy teniendo el mejor sexo de mi vida», dijo sin tapujos en una nota titulada «Por fin encontré el amor». Pero lo que parecía el epílogo perfecto para una vida llena de romances, aventuras y desilusiones varias, se terminó. El amor al que se refería Jane no era precisamente por Lynden, sino por su perrita Tulea (aunque no lo crea, así se llama), su obsesión más grande desde que se convirtió en mito viviente del cine hollywoodense.
Se trata de un ejemplar Coton de Tuléar, una raza originaria de Madagascar, y que es considerado, según consigna el sitio MisMascotas.cl, «el perro anti-estrés del siglo 21», debido a su capacidad de alegrar a sus dueños con sus gracias. Desde su nacimiento hace 5 años (el alumbramiento fue el 10 de marzo de 2005), Tulea acompaña a su dueña a todas partes. Está presente en las entrevistas, en los rodajes de películas, asiste a los programas de televisión (estuvo con David Letterman), se va con Jane de vacaciones (ha estado en París, Nueva York, Los Angeles y el Caribe) y hasta desfila por las alfombras rojas, como ocurrió hace dos semanas en la premiere de la película «Mao's last dancer» en Nueva York.
«Si no tengo una niñera para perros, ella es mi pareja en los eventos», dijo Fonda a los medios mientras posaba para los fotógrafos con la chascona y monona perra.
Para cada ocasión hay un look distinto para Tulea. Jane la viste, le tiñe el pelo de blanco para ocultar una mancha negra de nacimiento, le pone gafas de sol y pinches en el tono si es necesario. Es su única compañía en su casa de Georgia, tiene una cama de agua, su propia casa de tela e incluso un apartado en el sitio web oficial de la actriz, JaneFonda.com, en donde cada aventura de la cachupina por el mundo está documentada con cientos de fotos y texto. Imagínese a Tulea corriendo por el parque del Campo de Marte, junto a la Torre Eiffel o jugueteando en la nieve.
El año pasado, cuando tuvo que mudarse a Nueva York por unos meses (participó del musical de Broadway «33 variations»), Fonda no dudó y montó a Tulea en el avión. Le compró un ticket aparte para evitar el jaleo, la sentó a su lado y la transportó en un cómodo bolsito azul, por si se ponía pesadita en vuelo. Ya en el Eugene O'Neill Theatre, Fonda solicitó que su camarín también estuviese acondicionado para el ejemplar canino. Allí tenía su carpa especial (con filtro UV), comida a destajo, climatizador y, muy importante, libertad de movimiento. De hecho, según consignó la agencia AP, la perra invadió el escenario en una de las funciones al oír los aplausos que marcaban el fin del espectáculo.
«Ella sabe lo que significa el aplauso. Sabe que eso quiere decir que terminé y que nos vamos a reunir. Vino a buscarme», comentó la actriz entonces.
La gracia se repitió un par de meses después, pero cuando la función apenas llevaba unos minutos. Fonda cantaba y bailaba con dolor, mientras el público se reía a mandíbula batiente. «¿Qué ocurre?», preguntó la actriz. «Tulea está en el escenario», le gritaron a coro. Un asistente la persiguió hasta que logró atraparla y regresarla a su cómodo camarín, según publicó el «Daily Mail». Le gustan las tablas y Jane se las perdona todas por una razón muy sencilla.
Ocurre que Tulea es la receptora de todo el instinto maternal de Fonda. Ella misma ha reconocido que no tuvo una imagen a seguir (su progenitora, Frances Seymour Brokaw, sufría de bipolaridad y se suicidó cuando ella tenía 12 años) y que por consiguiente no fue una buena madre con sus hijos Vanessa (41) y Troy (37). «Mi prioridad era el activismo político», admitió en «Woman's Day».
Por ello, desde su divorcio del magnate Ted Turner en 2001 (antes estuvo casada con Roger Vadim y Tom Hayden), decidió volcar esos cuidados que ella cree que le faltaron a sus hijos. Primero pensó en sus nietos, pero como no los veía mucho, apareció la bendita Tulea, hoy una celebridad en sí misma.
Un día le preguntaron a Fonda por qué había elegido a un ejemplar tan pequeño como mascota. «Hace falta ser esposa de un viejo con plata y avión privado para tener un perro grande», dijo con rabia. Si te metes con Tulea, te metes con Jane Fonda.
-Póngale weno, tía Jane
Desde mediados de los 80, la faceta más conocida de Jane Fonda fue la de protagonista de sus propios videos de ejercicios. Son más de 20 VHS (luego reeditados en DVD), los que mostraban las maravillas de la aeróbica y movimientos para dejar el cuerpo sin grasas. Hoy, Fonda no se arrepiente de ese pasado, pero cree que hay una manera mejor de conseguir lo mismo: comer mejor y tomar agua.
-Jane Fonda sin límites
Se porta muy mal
Una especie de filme erótico-futurista, «Barbarella» marcó para siempre la carrera de Jane Fonda. Dirigida por Roger Vadim (entonces su esposo), la película la puso al tope de la lista de sex symbols a fines de los años 60 y, de paso, el nombre del malo de la película terminó bautizando a un grupo de los 80: Duran Duran.
-Tulea hace lo que quiere
Una bestia con mucha suerte
A punto de mandar un e-mail a sus amigotes.
En vuelo a Nueva York, acumulando millas en su cuenta.
Con sus enamorados, Boris, Winston.


