Crudo análisis televisivo a la propaganda que termina este jueves.
¿Sabrán los candidatos presidenciales que estarán en la papeleta este domingo lo poco y nada que hoy por hoy influye en la decisión de voto de los electores la franja televisiva? No lo creo porque si así fuera más de uno se habría abstenido de participar en ella.
Claro, es novedosa, hasta entretenida a ratos. ¿Cómo desconocer el afilado humor negro de los creativos de Harold Mayne-Nicholls que, con el actor Gustavo Becerra a la cabeza, e inspirados en la serie «The office», han recordado grandes escándalos de corrupción que se destaparon en los últimos años?
Otro alarde de originalidad la ha brindado el joven candidato a diputado César Leiva. Dice «Soy la persona que tuvo la franja más corta en la historia de Chile, pero hoy, por fin, después de cuatro años, puedo habl…» y acto seguido es interrumpido por un video del siguiente candidato.
Más allá de estas chispezas, no conozco a nadie (ni quiero conocerlo) que a partir de la franja se convenza de darle su preferencia a algún postulante a representante del pueblo o cambie lo que ya tenía determinado en ese sentido.
De hecho, la última vez que una instancia de este tipo «movió la aguja» políticamente, como se dice ahora, fue, paradójicamente, la primera, la franja previa al plebiscito de 1988.
A falta de mensajes y tratamientos televisivos de los mismos que incidan en la decisión que los y las ciudadanas tomarán en la cámara secreta en pocas horas, uno esperaría un mayor cuidado en las formas. Y aquello ha sido muy desprolijo. Un solo botón de muestra: hay un conocido candidato a parlamentario cuyo nombre de pila aparece mal escrito. No es la excepción. La mala ortografía ha sido transversal a todas las campañas. Tres casos:
1.- En la franja de Franco Parisi, mientras se muestra (inteligencia artificial mediante) lo lindo que quedaría el barrio Meiggs se lee: «Articulos (sin tilde) de cumple anos (separado y sin el palito de la «ñ» o virgulilla)».
2.- En el turno de Eduardo Artés hemos visto pancartas pidiendo el «Fín», tanto del CAE como del lucro en la educación.
3.- En una transcripción de un discurso de Johannes Kaiser, gente de su comando o contratada por ellos escribió «Desde la moneda» (moneda con «m» minúscula).
Mientras escribo esta columna una amiga me pide un consejo. En su trabajo le deben una plata y el jefe le pidió reunirse para programar la regularización de esa deuda. Ella no sabe si ir. Yo le digo lo siguiente a ella, recordando mi reflexión: «Para juntarse a escuchar puras promesas, mejor quédate en casa sintonizando la franja electoral».


