Juanita Castagnolo falleció en Mendoza, mientras el musculoso estaba en Estados Unidos
El ex actor de Morandé con compañía recibió la noticia en Miami, donde reside hace 7 años. Ella era mi seguidora número uno, comenta él.
El mensaje que nadie quiere recibir llegó durante la madrugada del 14 de abril pasado hasta el celular de Luky Buzzio (51). Apenas lo vio, el recordado actor de «Morandé con compañía» respiró hondo y dejó fluir la pena. Juanita Castagnolo, su madre, había muerto en Mendoza, Argentina. Tenía 82 años.
La estremecedora noticia pilló al comunicador trasandino lejos, a 6.600 kilómetros de distancia. Estaba en Miami, Florida, donde se encuentra radicado desde 2017. Su ubicación geográfica hizo insalvable una última despedida.
«Ese día me desperté a las 5 de la mañana y cuando revisé mi teléfono vi que mi hermano mayor me había mandado un audio un rato antes. Hermano, la mami se nos fue, decía. Yo quedé para adentro, imagínate, ella era todo para mí», recuerda Luky, quien indica que su progenitora sufría de cáncer a la sangre desde hacía una década.
«Sabíamos también que tenía depresión, pero ella decía que se sentía fantástico. La depresión empeora todo el escenario. Tengo que recalcar algo. Mi mamá siempre quiso vernos bien a los hijos, siempre quiso que hiciéramos lo que nos gustaba. Yo tengo la fortuna de hacer lo que me gusta: entreno como personal trainer y actúo. A mí me encanta lo que hago y ella lo sabía. Mi mamá era mi fan número uno. Se divertía mucho cuando actuaba».
¿Cómo enfrentó la noticia de la muerte de su mamá?
«Me fui al gimnasio. Ella amaba que fuera al gimnasio, fue la primera persona que me apoyó para ir. De hecho, me pagó mi primera suscripción. Y bueno, ese día me puse a entrenar, a hablar solo, a descargarme. Eran las 6 de la mañana y yo estaba ahí. Supongo que cada uno reacciona diferente ante este tipo de noticias. Entrenaba con lágrimas en los ojos».
¿Por qué no pudo ir a Argentina?
«En Estados Unidos o acatas las órdenes o te echan. Yo estoy en un proceso de cambio de estatus para pedir la residencia y la ley establece que hay que esperar ese cambio sin salir del país. Y todo esto pasó durante ese momento. Pensé en viajar, pero iba a tener problemas, penalizaciones por hacerlo. Así que decidí no hacerlo».
Dura decisión.
«Pensé en ir, pero mi hermano casi me lo prohibió. Me dijo que ni siquiera se me ocurriera, que tengo que cumplir con la ley. Más encima ese mismo día cumplía uno de mis grandes sueños laborales acá. Fue muy complicado todo».
Luky se refiere a la grabación de «El supermercado: la serie», producción televisiva a cargo del director Hernando González, con quien el trasandino ya había colaborado. Juntos trabajaron en la película «El vendedor», comedia estadounidense lanzada en 2024. «El show debe continuar, dicen. A pesar de la pena, yo traté de hacerlo. Mi mamá no hubiese soportado que me quede llorando por ella sin hacer lo que debía hacer. No me lo hubiese perdonado nunca. Por eso este trabajo está dedicado a ella», asegura.
¿Cómo está la familia con todo esto?
«Mi hermano está devastado también. Necesito abrazarlo, cuando nos veamos va a ser una reunión muy esperada. Nosotros somos muy unidos, porque es una familia muy pequeña. Somos los dos hermanos y mi papá. No hay nadie más».
¿Y su papá cómo está?
«Con mi papá, que ya es viejito, hemos hablado y como que no queremos reconocer que mi mamá se ha ido. Sabemos lo que pasó, pero no queremos aceptarlo realmente. Algunas personas reciben esto llorando, se tiran a la cama y no quieren ver a nadie. Para nosotros ha sido así. Cada quien toma el luto de una manera diferente».
¿Cómo está usted con todo esto?
«Lo he enfrentado trabajando. Como te dije, mi mamá siempre me apoyó en mi trabajo. Por suerte he tenido la opción de trabajar como actor tanto en Chile como EE. UU. y ella estaba muy orgullosa de eso. Le estoy dedicando todo esto a ella. Así he ido saliendo adelante. He tenido también mucho apoyo de Catalina, mi hija. Ve el dolor que tengo, pero lo disimulo. Los payasos lloran por dentro».
Ánimo, Luky.
«Sé que en algún momento más adelante me voy a tropezar. Es que es muy duro. Me voy a atragantar en mis propias lágrimas. Y cuando eso ocurra, lo voy a aceptar. No me niego a sentir pena».


