Estrenada película española La infiltrada, basada en operación encubierta contra ETA
Tomó un alias y dejó de hablar con su familia por casi una década. Así ayudó a desmantelar la organización.
Con nervios de titanio y una madurez asombrosa para una chica de 22 años, una policía española se infiltró por ocho años en el grupo terrorista ETA que perpetró más de 850 asesinatos, 2.600 heridos y casi 90 secuestros. La mujer, conocida con el seudónimo Aranzazu Berradre Marín, llegó a conocer a algunos líderes de la agrupación, ayudando a desbaratar la organización formada en su origen en pos de la independencia del País Vasco.
Para conseguir ese logro debió sacrificar ocho años durante los 90, fingiendo ser una militante devota, debió darle la espalda a toda su familia, en todo ese tiempo no pudo ni siquiera llamarlos.
La historia de esa policía, cuya identidad continúa en el anonimato, es el material sobre el cual se construye «La infiltrada», thriller de espionaje que llegó a salas chilenas un año después de su exitoso debut en su país de origen. Cuando conoció la historia, Arantxa Echeverría se decidió a llevarla al cine porque la consideró «un caramelo para dirigirla como película». En una entrevista en «Onda Cero», añadió que no logró dar con la agente, aunque supo que seguía en servicio fuera de España.
Aranzazu Berradre Marín realizó su trabajo entre 1992 y 1999. Su trabajo ayudó a la caída del término comando Donostia y destapar la llamada «tregua trampa», un engaño para que el gobierno bajara la guardia.
«ETA era una organización estructurada en grupos operativos por áreas, como el comando Donostia, nombre en euskera de la ciudad de San Sebastián, que fue uno de los de más larga data, más activos y por ambas razones, más simbólico. Al desarticularlo, la capacidad de ETA quedó reducida», explica el historiador español Luis Clemente, profesor del departamento de ciencias históricas de la Universidad de Chile.
Cristián Garay, académico del Instituto de Estudios Avanzados IDEA de la Usach, comenta que ETA «había centrado el foco en las llamadas fuerzas de ocupación españolas, pero estaba presionando con extorsión, secuestros y asesinatos a aquellos vascos que se consideran españolistas. Había liquidado a jueces, personalidades, catedráticos que enseñaban en castellano y a los alcaldes socialistas».
Luis Clemente recuerda que un punto sin retorno para los españoles fue el secuestro y posterior asesinato de Miguel Ángel Blanco, un concejal de derecha, en 1997. «Al comienzo, ETA era vista como un grupo que luchaba contra la dictadura de Franco, pero después de llegada la democracia fue cada vez menos tolerada», menciona.
Fernando Estenssoro, académico del Instituto IDEA de la Usach, dice que durante esos años de democracia los servicios de seguridad españoles desplegaron una «guerra sucia», matando incluso a civiles ligados a la asociación. ETA fue desmantelada en 2018 tras casi 60 años de actividad.


