El accidente ocurrió luego de haber ido a un concierto de reggaeton
Impactaron con un local comercial, cuya fachada se desintegró.
En los videos de las cámaras de seguridad se ve un Kia Río 5 avanzar muy rápido en dirección al poniente por avenida 10 de Julio, en el centro de Santiago, y luego sobrepasar a otro vehículo por el lado derecho. Pasadas las doce de la noche del domingo, a la altura de Manuel Antonio Tocornal, el auto pierde el control y se va contra un local comercial ubicado en toda la esquina.
El choque es frontal y el impacto, brutal. Según las primeras estimaciones, el vehículo pudo haber ido a 80 kilómetros por hora y no se aprecia ningún intento de frenar el vehículo antes de la colisión. El muro del local se desarmó y parte de él cayó sobre el vehículo. El lugar quedó cubierto por una polvareda. Algunos transeúntes y conductores de otros vehículos se acercaron a tratar de ayudar. Pero ya nada se podía hacer.
Al interior del auto iban tres jóvenes mujeres. La conductora y la copiloto fallecieron por el impacto. La joven que iba atrás lo hizo un poco después, cuando era trasladada a la Posta Central.
Esmeralda Reyes Aranda, de 26 años, María José Mayanes González, de 37, y Millaray Rojas Pérez, de 25, habían ido a un concierto en el teatro Caupolicán. Fueron a ver a Bayron Fire, un cantante chileno de reggaeton. El accidente se produjo a pocas cuadras del recinto, cuando ya se retiraban del sector.
«Millaray iba de copiloto. Era amiga de toda la vida de la chica que iba manejando. Ella le había regalado la entrada para el concierto a la Millaray. La conductora y la que iba atrás, que también era mamá, eran cuñadas», cuenta Anais, de 23 años, amiga de Millaray, quien era madre de una niña de 2 años.
A las 2 de la tarde de este lunes, Anais y otras jóvenes estaban esperando que llegara el cuerpo de su amiga a la casa del abuelo de la joven, en Recoleta, donde sería velada. Fue en esas calles que Millaray y Anais se conocieron de niñas.
«En la adolescencia compartimos mucho, tengo muchos recuerdos con ella. Ella era súper extrovertida y muy alegre», recuerda.
«Ella se fue a vivir a Lampa, entonces en el último tiempo no nos veíamos mucho, pero siempre nos mandábamos mensajes. Estaba haciendo las cosas súper bien, trabajando, estudiando, dedicándose a su hija, porque ella lo que más adoraba era su niña. Era una madre súper protectora, siempre hacía lo mejor que podía por su hija. La Millaray era la alegría de su casa, pero de sus amigos también», agrega Anais.
La joven se acuerda de las locuras propias de la adolescencia que hacían juntas y sonríe por un instante. «Le gustaba harto bailar, pero como ya había sido mamá estaba más tranquila. Se dedicaba mucho más al rol de madre. La queríamos mucho, era la alegría de todos nosotros, que lástima cómo fallecieron», comenta.
Por los niños
Jocksan, hermano de Millaray, de 19 años, cuenta que su hermana había retomado los estudios de Educación Social. «Ella trabajaba y estudiaba. Durante el día trabajaba como administrativa de una empresa de seguridad y en la noche estudiaba».
El joven cuenta que Millaray había entrado a estudiar hace un par de años, pero congeló la carrera. «Lo hizo por unos problemas familiares que estábamos pasando en esos momentos. Alcanzó a estudiar como un año y ahora había retomado», explica el hermano de la joven.
¿Qué le gustaba de esa carrera?
«Ella quería tener una cercanía con los niños del Sename, quería tratar de cambiar algunas cosas a través de lo que estaba estudiando. Ella veía el sufrimiento de esos niños y quería rescatarlos. La Millaray conocía gente que había pasado por el Sename, a varias personas, entonces ella quería tratar de ayudarlos. Quería hacer un cambio. Le gustaba harto la carrera, estaba contenta. Trabajaba desde temprano, hasta las 6 de la tarde y después se iba a estudiar».


