La historia del ingeniero comercial que murió en el incendio del piso -5

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Lo vi en la calle, sin rumbo. Un día le dije Luis, vente a vivir conmigo, te voy a sacar de esto, cuenta su cuñado

Hace siete años Luis Gahona perdió a su mujer; hace poco más de un año lo estafaron, perdió su empresa y le vino una depresión.

Miguel Ángel Poblete cuenta que la tristeza de su cuñado, Luis Gahona del Valle, comenzó hace siete años cuando murió su señora -«es decir, mi hermana»- de un cáncer.

«Luis tenía una vida hecha», recuerda Miguel. «Era ingeniero comercial, había armado una empresa dedicada a asuntos aduaneros y le iba bien. Hace un par de años arrendó una casa en Algarrobo donde fue toda la familia. Pero siempre estaba la pena detrás. Era una pena que fue derivando en depresión. Nunca pudo superar esa pérdida».

Hace un poco más de un año, vino el tiro de gracia. Miguel cuenta que a su cuñado lo estafaron. Le hackearon datos, le falsificaron documentos y lo dejaron en bancarrota. «Perdió la empresa y todos sus clientes», dice Miguel. «Luis comenzó a beber en exceso y luego a consumir drogas, hasta que se fue de la casa para deambular por las calles».

«Fue ahí cuando lo rescaté», prosigue Miguel. «Lo vi en la calle, sin rumbo, expuesto a todo lo malo que hay en la calle. Un día lo agarré y le dije Luis, vente a vivir conmigo. Yo te voy a sacar de esto, vamos a salir adelante, vamos a trabajar y vamos a viajar».

Miguel es artesano y vende sus productos en Nueva Providencia, casi llegando a Manuel Montt. Tiene un puestito legal, donde paga patente y todo, y que de hecho acaba de renovar. Además, tiene una casa en Peñalolén, en la calle Los Orientales. A ese lugar se llevó a Luis.

«Yo soy trabajólico. Trabajo desde las nueve de la mañana hasta las nueve de la noche, y tengo que llegar una hora antes para montar el puesto y después una hora más para desmontarlo. Catorce horas en total. Luis me ayudaba en el trabajo, pero él es mayor. A veces se quedaba dormido en el puesto y me daba pena verlo así. Así que hace un año más o menos arrendé un estacionamiento y una bodega en el piso menos 5 de un edificio que queda al lado de mi puesto, en Providencia».

«En ese lugar», continúa Miguel, «estacionaba mi camioneta Fiat Fiorino. Había días, como le contaba, que trabajábamos tanto que no teníamos energía para irnos a Peñalolén y nos quedábamos en la bodega. Quiero aclarar que no vivíamos allí. Una o dos veces a la semana, a lo más, nos quedábamos, pero el resto del tiempo vivíamos en mi casa, en Peñalolén. La bodega la usábamos para descansar, para dormir un rato».

El incendio

La tarde del miércoles pasado, Luis Gahona bajó a la bodega para descansar, mientras su cuñado Miguel se quedó arriba, trabajando. A eso de las siete de la tarde, Miguel bajó para ver cómo estaba su cuñado. «Estaba despierto y quería tomarse una cerveza y un cigarro. Ya tenía cigarros así que le fui a comprar una cerveza. Cuando se la llevé, me dijo que se iba a quedar en la Fiorino, tendido. Yo regresé al puesto».

Eran casi las nueve de la noche cuando comenzó a salir un denso manto de humo negro desde el subterráneo del edificio. Miguel bajó tan rápido como pudo, pero no alcanzó a llegar hasta donde su cuñado.

«Abajo era un infierno», cuenta. «Una señora estaba bajando con un extintor y yo le dije que no lo hiciera, que ya no tenía caso, que había que escapar. De fondo se escuchaban los tanques de combustibles de los autos que explotaban».

Cuatro vehículos se perdieron en el incendio, incluyendo la Fiat Fiorino, y tres personas debieron ser trasladadas a servicios de urgencia. Luis Gahona fue la única víctima fatal de ese incendio. Los bomberos le dijeron a Miguel que el fuego probablemente fue provocado por un cortocircuito en su camioneta.

«Teníamos muchos planes con Luis. Estábamos juntando platita para irnos en febrero al sur, a pasear, y queríamos cambiar la camioneta, porque había que hacerle muchos arreglos. Había que cambiarle las llantas y otras cosas. Pero no se pudo, se perdió todo», cuenta Miguel. «Luis ya estaba tirando para arriba, aunque seguía con pena eso sí. Por mi hermana. Cada cierto tiempo hablaba de ella, decía que la seguía queriendo, que la echaba de menos».

Luis Gahona del Valle tenía 48 años y dejó una hija de 20 años, estudiante de Ingeniería Comercial, como él.

«Luis ya estaba tirando para arriba, aunque seguía con pena. Por mi hermana. Cada cierto tiempo hablaba de ella, decía que la seguía queriendo», Miguel Poblete.

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