Felipe Valenzuela, de 23 años, importaba ropa que vendía por TikTok
En sus redes aparece visitando diversos países y sosteniendo fajos de billetes.
En un video que mantenía anclado para que fuese el primero en verse en su cuenta de TikTok, Felipe Valenzuela, El Mono, como era conocido en su barrio de Huechuraba el joven que fue asesinado este jueves por unos delincuentes en su propia casa, aparece en un vehículo sosteniendo un gran fajo de yuanes, la moneda oficial china, acompañado de un joven de rasgos orientales.
«Money», dice Felipe agitando los billetes, sonriendo alelado.
«Money», repite el chino.
Enseguida, se escucha de fondo una canción que parece interpretarlo. Comienza con un recitado: «Yo no estoy buscando ser un ejemplo, yo lo que estoy es persiguiendo mi sueño. Así que hagan ustedes lo mismo, escuchando su corazón».
Mientras el cantante entrega este mensaje preliminar, se ve, como en un video clip, una secuencia que parece demostrar el éxito de Valenzuela: la iluminada ciudad de Shanghai de noche, decenas de sacos de mercadería, él abrazando los sacos de mercadería, el chino sacando cuentas en una calculadora, esos mismos sacos subiendo en un embarque, las bolsas siendo transportadas en un furgón, cajas apiladas en el estacionamiento de una casa, la casa de Valenzuela. Y finalmente, un montón de chaquetas, zapatillas, gorros y ropa deportiva.
Hace cuatro o cinco años, cuenta un vecino y amigo de Felipe, que se dedicaba a la venta de ropa importada.
Alumbrado
«Era ropa de imitación, pero imitación de primera: North Face, Adidas, Puma, Nike, de todo», cuenta. «Le iba súper bien. Tenía varios amigos que trabajaban para él, porque entregaba ropa a domicilio, como delivery, pero también enviaba ropa a regiones por encomienda. Otras veces la gente iba a retirar la ropa a la casa. Promocionaba sus cosas por TikTok e Instagram haciendo live».
En uno de estos videos, Valenzuela dice: «Ya chiquillos, a todos quienes preguntan si somos confiables, a todo Chile hemos enviado más de dos mil pedidos. Y lo que más hemos enviado han sido chaquetas, porque hemos enviado cuatro mil y los números no mienten, mi gente. Pregúntenme por el producto que quieran y nosotros lo traemos».
«Felipe era un tipo sencillo, como uno. Tranquilo, un vecino de toda la vida», agrega su amigo. «El único problema que tenía es que era demasiado alumbrado, como decimos aquí. Alardeaba mucho de sus logros».
Así, hay videos de Valenzuela en Francia, Perú, Brasil, China, Italia y otros lugares. Y hay más videos donde aparece sosteniendo fajos de dinero. Algo muy peligroso en los tiempos que corren.
«En el verano se fue con su familia a vacacionar fuera de Chile y le entraron a robar. Se robaron toda la mercadería que tenía adentro, en el estacionamiento. Eso fue como un aviso de lo que pasaría después», cuenta el amigo.
El asalto
Cerca de las 4:15 horas de la madrugada del jueves, los ladridos de sus perros despertaron al vecino que vive enfrente a la casa de Valenzuela. El hombre salió a ver qué ocurría y vio un auto tipo Jeep estacionado. Enseguida apareció otro, un Audi blanco. De los vehículos se bajaron cuatro sujetos, según confirmaría la fiscalía después. Cuando vio que forzaron la puerta de entrada, el vecino llamó a seguridad municipal. Pero no alcanzaron a llegar antes del disparo.
Según relató el fiscal Felipe Olivari, los asaltantes forzaron la chapa de la puerta de la casa y subieron al segundo piso de la vivienda. En una de las habitaciones se encontraron con la madre de Valenzuela y con su hermano menor, de 18 años. Preguntaron a los gritos: «Dónde está la plata, dónde está la plata».
Fue entonces que apareció Valenzuela con un bate de béisbol, para repeler el asalto. Uno de los delincuentes fue más rápido y le percutó un disparo en el tórax. Valenzuela murió en el lugar. Tenía 23 años.
Según las estimaciones de Carabineros, los asaltantes robaron joyas, celulares y algo más de un millón de pesos en efectivo. En el momento en que se escriben estas líneas, aún no daban con su paradero.
«Por ahí se dice ni que mis sueños logré, pero nadie sabe cuánto a Papá Dios le oré», dice la canción anclada por Valenzuela. «Y yo no te niego que sufrí, también lloré, y yo de lo malo algún día me reiré».


