Miroslav Tichý exhibe sus fotos de chicas guapas en la prestigiosa Feria ARCOMadrid
El autor checo, quien vive en una mediagua y fabrica sus cámaras usando desperdicios, produce retratos que alcanzan elevados precios en las subastas especializadas.
Una de las mayores curiosidades que se han visto durante los últimos días en la edición 2010 de la Feria ARCOMadrid es un conjunto de fotos que, en primera instancia, lucen como ajados retratos de jovencitas que, en muchos de los casos, no parecían ser conscientes de que estaban siendo inmortalizadas en el negativo.
Las estampas forman parte de ese prestigioso encuentro de arte contemporáneo por dos muy buenas razones: la más evidente es que cada una de las instantáneas está avaluada en cerca de 9 mil dólares, pero la más importante es que detrás de esas imágenes se esconde una increíble historia cuyo protagonista es el octogenario artista checo Miroslav Tichý.
Para quienes diariamente se cruzan con él en el pequeño pueblo de Kyjov, lugar donde nació y en el que reside hasta hoy, Tichý no es más que un excéntrico, sucio y melenudo vagabundo que escarba en los tarros de basura para coleccionar todo tipo de cachureos.
Lo interesante ocurre ccuando el hombre vuelve de esas excursiones: encerrado en su vivienda, que más parece una mediagua, el sujeto manipula elásticos, tubos de papel higiénico, lentes de anteojos, partes de madera, trozos de metal y pedazos de cartón para confeccionar cámaras fotográficas que, pese a su precario aspecto, funcionan a la perfección.
Equipado con sus endebles artefactos, el artista deambula por el pueblo en busca de chicas atractivas. Cuando las encuentra, dispara su obturador hechizo -generalmente a escondidas de la modelo- para crear estampas que en muchos sentidos se emparentan con los retratos de muchachas buenasmozas que realiza el poeta chileno Claudio Bertoni.
Tichý empezó a hacer sus tomas en los años 60, y a lo largo de más de tres décadas acumuló fotos que, cuando no terminaban alimentando el fuego de su chimenea, se deshacían en el suelo tras quedar chorreadas con cerveza.
La producción artística del ermitaño podría haberse perdido si no hubiera sido por Roman Buxbaum, viejo amigo y vecino del autor que, a principios de los años 80, quedó fascinado al descubrir casualmente la existencia de esas estampas.
Convertido en promotor del artista, y pese a que éste jamás ha querido recibir un solo peso por las ventas de sus instantáneas, Buxbaum logró que el huraño Tichý se convirtiera, desde hace ya unos cinco años, en el único vagabundo cuyos movimientos son seguidos con atención por las principales galerías de arte del mundo.
Golpe de Estado
Miroslav Tichý fue, hasta antes de 1950, un excéntrico pero dotado estudiante de pintura en la Academia de Bellas Artes de Praga. En 1948, los comunistas llegaron al poder en Checoeslovaquia a través de un golpe de Estado que significó el comienzo de fuertes acciones represivas.
Indignado y con su frágil mente alterada, el autor mostró una actitud inconformista que lo llevó a ser encerrado en diversas cárceles y hospitales públicos. Ya en los años 60, y como le prohibieron ejercer la pintura, empezó a crear las fotografías que lo harían famoso en todo el mundo.


