Activista homosexual llevó pugna a la justicia
Es para toda la vida. Uno no se puede borrar de los registros, aclara sacerdote Rodrigo Polanco.
Víctor Hugo Robles cuenta que se ganó el apodo de «Che», cuando en 1997, en una fiesta contra la censura en la discotheque Planet, le lanzó agua a la actriz Patricia Rivadeneira, quien caminaba en una pasarela vestida de hombre.
Víctor, de 41 años y reconocido activista homosexual, está dando otra pelea, que lo tiene en una inédita disputa con el cardenal Francisco Javier Errázuriz, contra quien presentó un recurso de protección el 28 de octubre, el que fue acogido por la Corte de Apelaciones.
La acción legal busca que la Iglesia lo excluya de todos sus registros, más conocido como apostasía.
«Yo le mandé una carta el 15 de septiembre al cardenal comentando las razones de por qué lo estoy haciendo. Desde pequeño participé en la parroquia de mi barrio y fui monitor de primera comunión y confirmación. Pero ya no me siento identificado con los valores que la Iglesia ha demostrado y quiero que quede constancia en el acta de bautismo. En el arzobispado me estuvieron tramitando y no me dieron ninguna respuesta concreta», cuenta Robles, quien está apelando a la Ley 19.638, que establece libertad religiosa y de culto.
El sacerdote Rodrigo Polanco, vicedecano de la Facultad de Teología de la Universidad Católica, ve en la actitud de Robles una acto simbólico más que otra cosa. «El bautismo es para toda la vida. Uno no se puede borrar de los registros. Sí puede hacer un acto de apostasía, pero basta con decir que uno ya no quiere pertenecer a la Iglesia, a pesar de creer. Uno se excluye. Como lo ha hecho tanta gente cuando se cambia de religión. Los tribunales aquí no tienen nada que ver, no tiene sentido», asegura Polanco.


