Bárbara Palma era ingeniera comercial y vivía en San Antonio
Pololeaba hace seis años, le gustaba trotar y tenía planes para casarse.
Francisco Palma y su esposa, Marisol Ayala, están destrozados. Son las dos y media de la tarde y ambos lloran sin consuelo bajo un toldo que puso la Municipalidad de Melipilla frente al Servicio Médico Legal de esa ciudad. Están sentados en unas sillas de colegio y sus llantos les parten el alma a todos los que están cerca, porque perdieron una hija.
«Estaba tan contenta, porque hace 15 días había encontrado trabajo y en lo que ella había estudiado», decía entre lágrimas el papá de Bárbara Michelle Palma Ayala, ingeniera comercial de 31 años, egresada de la Universidad Católica de Valparaíso.
«Ella y su pololo (Gabriel) se fueron a vivir a San Antonio, porque encontraron trabajo allá, pero mi hija estuvo cesante mucho tiempo, hasta que ahora encontró en Santiago, por eso viajaba todos los días en la mañana», agregaba Francisco Palma, mientras su esposa lloraba cada vez que respondía su celular.
Aprovechando que ahora Bárbara, a quien su padre llamaba «mi negrita», y su pololo estaban con trabajo, ambos tenían planes. «No querían casarse hasta estar bien económicamente. La última vez que fueron a la casa les dije ‘ya poh, cuando me van a dar un nieto' y ellos se rieron», decía el papá.
«Era tan linda mi negrita, le gustaba correr», alcanzaba decir Francisco Palma, antes de que sonara el teléfono y respondiera con la frase lapidaria: «Estoy hecho mierda, no me puedo recuperar». Luego se ponía a llorar nuevamente, sin consuelo.
«Estaba tan contenta, porque hace 15 días había encontrado trabajo»
Francisco Palma, papá de Bárbara


