La Cámara Baja aprobó esta semana la nacionalidad por gracia para el cubano
El atleta ciego que se fugó de la Villa Panamericana quiere darle la primera medalla del triatlón paralímpico al país que lo acogió.
En la madrugada del domingo 19 de noviembre de 2023 se escribió un verdadero guión de película hollywoodense, aunque en este caso la realidad superó a la ficción. Eran las 5 de la mañana y en la Villa Panamericana repleta de guardias, el cubano Yunerki Ortega se fugó con una mochila casi vacía que tenía dos boxers y un par de poleras.
El pequeño gran detalle de esta historia es que quien era la gran carta de la natación paralímpica de la isla en Santiago 2023, desde los 15 años que no ve absolutamente nada, lo que convirtió ese escape por la avenida Pedro Aguirre Cerda en algo imposible de creer.
«Fue algo extraordinario y que logré gracias a un amigo mexicano, que estuvo toda esa noche conmigo en mi pieza hasta que el guardia se descuidó y me ayudó a huir», recuerda Yunerki, que el martes pasado lloró en Valparaíso cuando la Cámara Baja aprobó el proyecto que le concede la nacionalidad por gracia con 129 votos a favor y cero en contra.
¿Cómo pudo un atleta ciego vulnerar toda la seguridad para arrancar de noche y en un país desconocido? «Yo le había confiado mi plan a este mexicano y esa noche le dimos nomás. Cuando se descuidaron, arrancamos a la calle y tomamos una micro hasta el Estadio Nacional, que era lo único que conocíamos. De ahí tomé un taxi, anduve dos horas sin destino hasta que un chileno cercano a una amiga cubana me recibió», relata Ortega.
No sé si sabe, pero su fuga dio la vuelta al mundo. ¿Qué hizo después de huir?
«Esa noche me recibió don Alberto Maresma, que era conocido de una amiga cubana que yo tenía en Iquique. Estuve seis meses en su casa, que fueron los mejores, porque nunca me faltó ni techo ni comida».
¿Y por qué se fue entonces?
«Porque sentí que ya era el momento de enfrentarme a Chile, a la vida. Ahí comenzaron los momentos difíciles, pasé hambre, frío, pero eran obstáculos que tenía que sortear».
Yunerki, ¿cómo perdió la vista?
«Yo practicaba karate y a los 15 años en un combate tuve una caída, me fui de espaldas y sufrí un desprendimiento de ambas retinas. Primero me operaron un ojo y la segunda intervención jamás llegó por falta de dinero, así que quede ciego para siempre».
¿Cómo ha sobrevivido todo este tiempo en este país?
«Chile es un país maravilloso, amo la comida, las sopaipillas con pebre y los choripanes. He encontrado gente que me ayudó, aunque hubo días en que no tuve para comer».
¿Y de dónde ha sacado dinero para subsistir?
«He conocido gente muy generosa y estuve en la Municipalidad de Puente Alto, donde trabajaba en la oficina de discapacidad y daba clases de natación adaptada. Pero tomé la decisión de retribuir a Chile con triunfos y me propuse retomar la carrera para darle al país la primera medalla en el triatlón paralímpico».
Actualmente, Ortega logró que el Estado le diera al menos techo y comida en el Centro de Alto Rendimiento (CAR), donde entrena todos los días para convertirse en el referente del paratriatlón, tal como en Cuba fue siete veces medallista parapanamericano.
«Decidí dedicarme 150% al deporte, ahora mismo no tengo financiamiento de ninguna empresa, pero luego que ganamos el Sudamericano de paratriatlón, con récord nacional y continental, espero que las firmas se fijen en mí y confíen en este proyecto. Mi meta es llevar al paratriatlón chileno por primera vez a los Juegos Paralímpicos de Los Angeles 2028. Tengo 38 años y sé que lo puedo lograr», prometió el cubano, a quien su padre lo bautizó como Yunerki en honor a un atleta ruso que hizo escuela en la isla.
Para obtener la nacionalidad sólo falta que el Senado ratifique lo aprobado en la Cámara Baja, lo que según se comenta en los pasillos del Congreso será un mero trámite después de la abrumadora votación de los diputados.
Mientras eso sucede, Ortega sueña despierto. «Mi anhelo es que me den mi carta pronto para poder traer algún día a mi madre y a Analía, mi hija, a vivir conmigo. Sobre todo a mi niña, que cuando hablamos por videollamada, ella se ilusiona con lo que le cuento de Chile, que hoy es mi país», reflexionó.


