Planta de hidrógeno verde amenaza la observación de tres grandes telescopios
Hasta tres premios Nobel entraron en la disputa. En la empresa quieren que se cumpla con la norma ambiental vigente.
Aunque del tema se viene hablando hace rato, fue en el debate presidencial del martes pasado que volvió a la palestra: el conflicto entre AES Andes y el European South Observatory (ESO), por la instalación de una planta para la producción de hidrógeno verde en la comuna de Taltal, Región de Antofagasta. La planta, debido a su cercanía, podría contaminar lumínicamente la observación de tres telescopios claves para la astronomía del mundo, entre ellos, el del cerro Paranal.
Consultada sobre el tema, en el debate Jara apoyó el proyecto, aunque luego en X matizó sus dichos, al decir que la decisión «será definida con evaluaciones técnicas estrictas, que aseguren la distancia adecuada de los observatorios astronómicos». Kast, a su vez, sobrepuso el valor de la observación astronómica. «Tenemos que proteger nuestros cielos porque es un bien para el mundo», dijo.
¿Qué es INNA y por qué provoca tanta controversia?
El nombre exacto es «Proyecto Integrado de Infraestructura Energética para la Generación de Hidrógeno y Amoniaco Verde», y lo lleva a cabo INNA Soluciones Renovables SpA., de Aes Andes, filial de la estadounidense AES Corporation.
Ubicado en el borde costero de la comuna de Taltal, en régimen produciría 100.000 toneladas de hidrógeno verde y 650.000 toneladas de amoniaco verde, en una superficie de 3.000 hectáreas
Contempla parques solares y eólicos para alimentar sus procesos y aportaría una reducción de emisiones de 1,5 millones de toneladas de CO2.
El proyecto se ubica a 15 kilómetros en línea recta del Observatorio Paranal, donde opera el Very Large Telescope (VLT) y de Cerro Armazones, donde estará el Extremely Large Telescope (ELT), y a cinco kilómetros del sitio del Cherenkov Telescope Array Observatory (CTAO).
El VLT de Paranal es un conjunto de cuatro telescopios de 8,2 metros de diámetro y cuatro auxiliares. Según datos de ESO, es la instalación astronómica terrestre más importante del mundo en cuanto a productividad. El ELT de Cerro Armazones, en construcción, tiene 39 metros de diámetro, es infrarrojo y busca investigar galaxias muy lejanas. El CTAO, a su vez, es un conjunto de telescopios de rayos gamma, los más sensibles en el mundo en su rango de energía, según datos de ESO.
Según la institución astronómica, el complejo energético contaminaría lumínicamente y su efecto sería aumentar el brillo de fondo del cielo, lo que obligaría a multiplicar los tiempos de exposición para detectar objetos débiles. «A esos niveles, la operación de telescopios de frontera deja ser competitiva a escala mundial; no se trata de efectos menores, sino de una degradación estructural del principal recurso astronómico del país, que es la oscuridad natural del cielo», indican. Al tema luz, según ESO, se suman impactos de turbulencias atmosféricas, polvo y partículas en suspensión y vibraciones.
«Los efectos de INNA sobre los observatorios VLT, ELT y CTA-Sur serían graves, irreversibles y no mitigables debido a su distancia, es decir, no existe ninguna medida de control posible que pueda neutralizar los incrementos en el brillo de cielo, la turbulencia atmosférica, el polvo en suspensión y las micro vibraciones generados por un complejo de esta escala a tan corta distancia», señala Iztiar de Gregorio, directora de ESO Chile.
La solución, dicen desde la comunidad científica, es reubicar el proyecto, postura que fue planteada al gobierno a través de una carta abierta de 28 científicos, entre ellos, tres premios Nobel de Física: «El cielo chileno representa un recurso científico irreemplazable que ha permitido a generaciones de astrónomos ampliar la comprensión de la humanidad sobre el universo».
En AES no se refirieron al tema, pero Luis Sarrás, vicepresidente de Hidrógeno Verde de AES Andes, planteó la postura de la compañía ante la Comisión de Medio Ambiente de la Cámara de Diputados. En la instancia se analiza un proyecto de ley que busca ampliar la distancia de exclusión en 70 kilómetros para Cerro Paranal y Armazones, con el fin de proteger sus cielos. Respecto a la contaminación lumínica, el ejecutivo señaló que el proyecto cumple con la norma, que es la más estricta del mundo y data de 2024, y que los cuestionamientos tienen que ver con una desconfianza hacia la institucionalidad ambiental chilena y que el tema pasa por una correcta aplicación de la norma.
En cuanto a la ubicación, indicó que la institucionalidad no contempla la opción de traslado y que llevar el proyecto a otro lugar implica presentar un proyecto nuevo.


