Chupafusiles y terrorista se escucharon en comisión reconstrucción
Sin decir un garabato, Hales y Ulloa quedaron con olor a puñete. Latorre arremetió contra titular de Vivienda.
Recién se acomodaban los diputados en sus asientos para participar en la sesión de la comisión que analiza el post terremoto, y una solicitud del PPD Patricio Hales provocó una suspensión momentánea de la instancia. No había cámaras del canal de televisión legislativo, ausencia que el congresista calificó de sorpresiva. Fue señal de que la jornada sería telúrica.
La invitada de honor era Magdalena Matte, ministra de Vivienda, en un preámbulo de la posible interpelación que deberá enfrentar por el proceso de reconstrucción.
El reloj marcaba las 12.36 del mediodía cuando ingresó a la sala el DC Juan Carlos Latorre, uno de los impulsores de la interpelación.
El falangista habló de cifras poco claras y de dudas no precisadas en el ministerio. La secretaria de Estado respondió con su voz suave: «He oído muchas afirmaciones que no son reales».
Latorre se sintió aludido de inmediato e interrumpió sin dilación. «A mí no me trate de mentiroso, ministra, por si acaso. Me parece inaceptable su respuesta», espetó el DC con su vozarrón. Muchos interpretaron eso como un grito.
El descontrol se fue apoderando gradualmente de la convocatoria. El UDI Jorge Ulloa, como escudero de la ministra, sacó lo mejor de su repertorio.
«Lamento el grado de amargura de los diputados Hales y Latorre. Llevo 20 años en esta Cámara. Cuando hemos tenido estas situaciones en otros mandatos nuestra obligación es colaborar. Jamás vi un diputado así», lanzó Ulloa. «Intentan boicotear un programa que está en desarrollo», añadió.
Al lado suyo, saltó Hales y pidió aplicar el artículo 90 del reglamento interno que sanciona hasta con el 50% de la dieta a diputados que achaquen intencionalidades a otros honorables.
«Es lo mismo que usted hizo, diputado», le interrumpió Ulloa.
«¡Cállate!», le gritó Hales y la diplomacia legislativa se fue a las pailas. «A mí no me haces callar», respondió Ulloa, dando paso a una mocha prosaica.
Sin preocupación por las formalidades, el PPD le devolvió la delicadeza. «No me vas a amordazar. ¿Amargura? De siquiatra no necesito a Ulloa», acentuó.
Atragantado, el UDI retrucó: «Como lamebotas, como he sido calificado, no lo voy a aceptar». «Lamebotas, no, chupafusiles, sí», precisó Hales, cuidándose de que no se le escapara un garabato.
«Da lo mismo viniendo de parte de un terrorista como tú», recalcó Ulloa y los asistentes lanzaron un Uuuuuuuuuuu.
El caos cesó cuando la ministra Matte intentó elaborar respuestas, pero la atmósfera se cortaba con un puñal. «Ulloa, tranquilízate», le pidió Latorre tras despedir a Matte. «Estás de matón, como siempre», le dijo Hales. «Cállate de una vez, hombre», le respondió Ulloa. Y se fueron, calientes, hediondos a combos.
Hagamos memoria
Sinvergüenzas y colas
Los garabatos de amplio uso nacional parece que están desterrados del ámbito legislativo. El último incidente se registró en mayo pasado. El RN René García le lanzó al PS Marcelo Díaz: «Los sinvergüenzas siempre van a alegar así como eres tú, eso tenlo clarito, sinvergüenza y cola más encima». En la pelea intercedió el también socialista Fidel Espinoza, quien aludiendo al titular de Salud, Jaime Mañalich, pidió que «el ministro que le hizo la alcoholemia al Negro Piñera se la haga a este señor». Rodrigo Hinzpeter se vio obligado a intervenir. «En Google acabo de encontrar una noticia que dice que el diputado Fidel Espinoza a través de otras personas explota a mujeres contratadas y les paga 40 mil pesos. Yo no usaría ese argumento que sale en la prensa en mi exposición», dijo, aunque una semana después se tuvo que disculpar.
Germán Gamonal no se asombra: «Merecen un párrafo corto»
«Es solo un combate de pesos medianos»
El comentarista Germán Gamonal escucha a Beethoven mientras prepara un discurso para el lanzamiento de un libro sobre Piñera. Nuestro llamado lo saca del Elíseo.
«El Congreso y la política son para discutir y así llegar a una solución. A veces de la discusión se pasa a palabras inadecuadas. Yo fui testigo de una pelea espectacular a combos entre el socialista Carlos Altamirano y un senador DC. Rodaron en el medio del Senado. Esas eran peleas. En otras ocasiones los caballeros se retaban a duelo. El último fue en 1952 entre Rettig y Allende. Los dos dispararon y el poeta satírico Gustavo Campaña hizo un elogio al zorzal que murió en el duelo. Ahora veo que se arma un tremendo escándalo por un empujoncito o porque un ministro se lanza papelitazos con un diputado. Lo de Ulloa y Hales no tiene mayor trascendencia. Entre ellos se hacen el peso: los dos son pesos medianos. Merecen un párrafo corto y ya estoy hablando mucho. Mejor sigo escuchando a Beethoven».


