La visitan desde hace 6 años sin falta cada cierto tiempo
El ornitólogo Manuel Rojas aclara que los cóndores no representan peligro: son carroñeros, no cazadores.
Alma vive en el piso 15 de un edificio ubicado en la comuna de Vitacura. Es una poodle de casi 14 años de blanco pelaje y comportamiento activo, que a estas alturas de su vida, se ha convertido en una celebridad en TikTok gracias a los videos que su dueña, María Elena Oviedo, sube desde hace ya ocho largos años. Pero lo que más ha llamado la atención en su perfil (@alma_andrea12), que ya supera los 100 mil seguidores y acumula 4,7 millones de me gusta, no son solo las gracias de Alma, sino sus visitas algo inesperadas: dos cóndores andinos que aterrizan regularmente en su balcón.
Esta historia tiene comienzo poco antes de la pandemia, pues el primer aterrizaje de las aves llegó en septiembre del 2019. «Sentí ladrar a Almita y sus primitas (dos poodles más), demasiado y cuando fui a ver, vi dos pájaros enormes con las alas abiertas en la ventana», recuerda María Elena, quien estaba aterrorizada en aquel momento. Pensó que querían atacar a los perritos y cerró las ventanas y las cortinas. Pero los cóndores no se movieron. Alma, valiente, ladraba sin miedo recuerda. «Con el tiempo me di cuenta de que eran inofensivos. Les abría la ventana y hasta les decía hola. Me miraban muy tranquilos». María Elena bautizó a los cóndores como Yayita y Condorito, ya que le recordaban a la icónica pareja de la historieta de Pepo. Según cuenta, aparentemente, siempre son los mismos. «Se quedan unos 15 minutos, vienen durante 3 días seguidos y luego desaparecen 2 semanas y vuelven, así llevan 6 años. En el último video se habían perdido 2 meses, pero volvieron. Cuando Alma los ve, ladra y corre a avisarme. Es divertido, yo le digo: Vienen tus amigos», cuenta con afecto.
¿Los cóndores pueden llevarse a Alma?
«Los cóndores no son aves rapaces (cazadoras), sino carroñeras. No tienen la estructura física para atrapar ni levantar presas. No poseen garras como las águilas, ni un pulgar oponible que les permita arrastrar una presa, tienen algo más parecido a una uña que a una garra», aclara el ornitólogo Manuel Rojas. Por tanto, la idea de que puedan llevarse a Alma volando es físicamente imposible. «Aunque todo puede pasar en la naturaleza», destaca.
Más allá de los temores infundados, Rojas subraya que los cóndores son animales gregarios, o sea que viven en bandadas o grupos y reconocen espacios seguros donde descansar. «Seguramente eligieron ese balcón porque se sienten a salvo. Están habituados a la presencia de Alma y de las personas que los graban. No los ven como una amenaza y se sienten cómodos», explica.
En cuanto a la posibilidad de que exista un vínculo, el experto reconoce que, si bien no hay una impronta entre los cóndores y Alma, es decir, no la ven como un igual, sí reconocen su presencia constante. «La aceptan como parte del entorno. Es como si en la naturaleza, desde su hábitat vieran una vizcacha (roedor) cerca de su dormidero. Saben que no representa un peligro», afirma. María Elena, por su parte, toma con humor las opiniones divididas. «Hay comentarios de todo: que les quitó el hábitat, que se quieren comer a la perrita, que no abra las ventanas. Pero yo los seguiré grabando. Almita los espera, y yo también».


