La quisca de Bielsa

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El pícaro, el choro, la vieja deslenguada e incluso el flaite siguen estando en la primera fila de nuestros tipos humanos -son chilenos a mucha honra-, aunque ya nadie soporta sus bromas estúpidas y nocivas.

 En estos últimos días ha habido en internet una especie de campeonato de afiches digitales alusivos al Mundial, en el que han tomado parte diseñadores aficionados y también profesionales. El más famoso hasta el momento ha sido el que representaba el partido entre Chile y Suiza confrontando la famosa supernavaja Victorinox, conocida también como navaja suiza, y un puñal de baja estofa, alias quisca o pulenta. Apenas terminó ese partido, apareció un afiche en que la quisca o pulenta figuraba clavada en la Victorinox. Detrasito, en un abrir y cerrar de ojos, vino una avalancha de creaciones similares, aunque relativas ahora al próximo partido contra España. De éstas recuerdo la que está compuesta por la imagen de un chileno que toma chicha en cacho y por la de un torero feamente corneado, al parecer en la zona rectal, por un inmenso toro.

Quién iba a decir por dónde terminaría desembocando el célebre ingenio nacional. Aunque vagamente sofisticado, el humor que se trasluce en todas esas imágenes es característico y reconocible, ciento por ciento chileno, basado en la glorificación de nuestros defectos y miserias bajo cualquier circunstancia. A todo el país le avergüenza nuestra fama de ladrones internacionales, pero también a todo el país le da risa -y hasta una buena dosis de orgullo- ser campeones del salteo. Así también le haríamos un monumento al maestro chasquilla en su calidad de patrimonio cultural intangible, pero a la vez daríamos todo el oro del mundo por que las averías domésticas no fueran el inicio de una pesadilla sin fin. Quién más, quién menos, todos deploramos las calles llenas de quiltros, pero celebramos al perro callejero como parte sustancial de la chilenidad. Y para qué hablar del pícaro, del choro, de la vieja deslenguada e incluso del flaite, que siguen estando en la primera fila de nuestros tipos humanos -son «chilenos a mucha honra»-, aunque ya nadie soporta sus bromas estúpidas y nocivas.

El afiche de la quisca y la Victorinox representa, por otro lado, un combate: el de la precariedad y el maleterismo contra el ingenio y la disciplina. Es decir, el «fenómeno Bielsa», aunque en los hechos esté rindiendo frutos incontestables, en las mentes pesa menos que un alfajor. O pesa mucho, pero por razones extrañas al fútbol. En la actualidad no existe un peor ejemplo de precariedad, improvisación, mala leche, voluntarismo y ñeque sin cabeza que la actual participación de la Selección chilena en el Mundial, que es justamente un ejemplo de lo contrario: de disciplina, de trabajo en equipo, de coordinación, de confianza, de inteligencia, de fuerza y talento articulados según un plan. Por alguna razón misteriosa y, creo yo, atávica, el hincha promedio no quiere ver en la Roja una compleja maquinita que puede funcionar con tal o cual potencia y efectividad gracias a la concentración y la inteligencia, sino que prefiere pensar que es el mismísimo Troncal Negrete que ha sacado fuerzas de flaqueza y que a puro ñeque y puntete vencerá lo que se le ponga por delante, sin más argumentos que la sangre, la raza y el único credo popular: que de atrás pica el indio, que somos pobres pero honrados y que, desde luego, somos chilenos de corazón.

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