Afuera de la institución puedo ser yo mismo, asegura carabinero reconvertido
Tras 20 años de uniformado, hoy se dedica 100%a la banquetería: lidera equipo de 50 personas en El Tabo.
Cuando ya cumplía 13 años de carrera, Cristián Rebolledo (43) pensó seriamente en irse de Carabineros. «Sentía que el ciclo estaba cumplido», recuerda. Pero compañeros más antiguos le aconsejaron aguantar. «Me dijeron que no perdiera la posibilidad de jubilarme. Que esperara a cumplir los veinte años». Y lo hizo. A los 39 años, con la pensión asegurada y dos décadas de experiencia, decidió cambiarlo todo.
Hasta entonces había sido parte del Gope (Grupo de Operaciones Policiales Especiales), entrenado para intervenir en tomas de rehenes, allanamientos y situaciones de alto riesgo. «Ahí aprendí a trabajar bajo presión, a coordinarlo todo al milímetro. Si algo falla, se nota. En un matrimonio pasa lo mismo», asegura.
Es que su giro laboral no fue improvisado. A los 13 años, Rebolledo ya trabajaba como garzón en un centro de eventos: «El papá de un amigo me invitó a ayudar. Aprendí observando, metiendo las manos». También estudió gastronomía en un colegio técnico, aunque no terminó. «Era inquieto, pero me marcó la disciplina, el detalle, el servicio», establece.
Durante sus años en Carabineros, cuenta, nunca dejó del todo ese mundo. «Hacía eventos pequeños los fines de semana. Bautizos, cumpleaños, cosas familiares». Cuando dejó la institución, profesionalizó lo que llevaba años haciendo a pulso: fundó Banquetería Cristián Rebolledo, levantó un equipo de 50 personas y se instaló en El Tabo.
Desde ahí dirige también el restaurante Puerto Castilla y un centro de eventos en la misma zona.
Aprender haciendo
Su principal escuela, dice Rebolledo, fue la empresa de banquetería de Francisco Gutiérrez, su mentor desde que era adolescente. «Con mucha humildad me entregó sus conocimientos. Desde las idas a comprar productos a La Vega a otros consejos de gran valor los atesoro».
Como emprendedor, también tiene bibliografía: su favorito es «Eat That Frog!», de Brian Tracy, que habla sobre enfrentar los desafíos con decisión y no postergar lo importante. «Eso me calzó perfectamente, porque cambiar de rubro después de tantos años en una institución estructurada implicaba vencer muchos miedos». También menciona «Padre rico, padre pobre», de Robert Kiyosaki.
¿Fue difícil pasar del Gope a los eventos?
«Fue fácil. En Carabineros tenía que resguardar las formas y cumplir las órdenes de mis superiores. Ya afuera de la institución podía ser yo mismo, sin tantas formalidades. A mí me encanta la fiesta, soy una persona muy alegre, me gusta el baile, pasarla bien. Acá vendemos felicidad y tenemos la posibilidad de estar en momentos inolvidables de las personas. Para mí es un privilegio ver en vivo los casamientos. Por mi forma de ser, casi siempre los novios me terminan haciendo partícipe de eso que puede ser tan privado».
¿Cómo se formó para moverse con soltura en un rubro tan distinto?
«A pesar de que mi formación ha sido netamente autodidacta, he intentado aprovechar cada experiencia y cada lectura para seguir creciendo. El libro de Robert Kiyosaki me ayudó a entender la economía de manera más integral, no solo desde los números, sino desde la mentalidad. Aprendí que la riqueza no se trata únicamente de dinero, sino de saber administrar las oportunidades. Aplicar eso en mi productora fue clave: empecé a ver cada evento no como un ingreso puntual, sino como una inversión en reputación y relaciones humanas».
¿Es muy distinto liderar un operativo policial y coordinar una boda frente al mar?
«Veo hartas similitudes entre mi ex trabajo y el que actualmente tengo. Principalmente se basa en la responsabilidad de hacer bien las cosas, sin margen de error. Carabineros me entregó la doctrina, pero fue en el Gope donde me formaron el carácter y me enseñaron a caminar hacia delante sin miedo. Muchos postulantes desertan del curso porque es muy duro. Por eso, cuando lo terminé, me di cuenta de que podía lograr cosas si no me rendía».
Gestionar oportunidades
Francisco González, gerente general de la reclutadora Vertical Hunter, plantea que para cualquier profesional autodidacta el punto de partida mínimo es la educación financiera mínima: entender márgenes, impuestos, inversiones y activos, subraya, evita errores «que después puedan salir más caros» y permite ordenar lo contable con un método que dé proyección al negocio.
También destaca la mentalidad de «administrar oportunidades», sobre todo cuando se empieza desde abajo. A veces, señala, renunciar a ingresos inmediatos puede abrir espacios para aprender, generar marca y construir una cartera de clientes con pasos lentos, pero seguros.
González añade que los libros que cuestionan las estructuras tradicionales del trabajo ayudan a tomar decisiones más estratégicas, especialmente en carreras construidas «aprendiendo haciendo».
Una reflexión final: existen muchos profesionales exitosos en áreas distintas a su formación, recalca, lo que confirma que la experiencia y los riesgos calculados pesan más que un título.


