El personaje que encarna (aunque sin nombrarlo) al oscuro y omnipotente Sergio Andrade se roba la película.
«Gloria Trevi: ellas soy yo» no es la primera serie en que el villano hace pasar olímpicamente a un segundo plano al personaje principal. En «Luis Miguel» el rol del maléfico padre del «sol de México» opaca (eclipsa en este caso) por completo al que nominalmente era el central, el del intérprete de «No sé tú».
Y la lista es extensa, en producciones de ficción (en materia de merchandising Darth Vader le da cancha, tiro y lado a Luke Skywalker y Han Solo), textos bíblicos (Caín siempre ha tenido más prensa que Abel) y la vida real (la fama de Pablo Escobar multiplica la de su casi anónimo némesis).
En el caso de la historia de Gloria Trevi el fenómeno se repite, ya que el descubridor de la cantante azteca, el turbio productor musical Sergio Andrade, quien acá recibe el nombre de César Santiago Jiménez y es interpretado por Jorge Poza, prácticamente se come toda la tensión dramática de la nocturna de Canal 13.
La interacción entre el manager y las jóvenes estrellas que descubre y maneja es más cercana a la de nuestro «profe ta de Peñalolén» que a la profesional entre un asesor artístico y comercial y sus dirigidas. Los embarazos (interrumpidos o no) que suelen presentarse en el curso de la relación entre Andrade y sus pupilas hablan por sí solos.
Un fuerte Síndrome de Estocolmo es el que sufren las representadas-cautivas de Jiménez. De otra manera no se explica que acepten que no les permita sepultar a sus mascotas en la casa que comparten y que, en cambio, las mande botar a la basura. O que las reprenda fuertemente porque las criaturas que llevan en su vientre son varones (quiere ser «el único hombre de la familia»). Cuando parece que no aguantan más, este nada positivo líder finge enfermedades para despertar la compasión de sus esclavas.
A Gloria Trevi, quien es interpretada por Regina Villaverde (más niña), y Scarlet Gruber (adulta), la hemos podido ver en la serie entrevistada por Pedro Carcuro, en Chile. Además, postales inconfundibles de nuestra capital se han apreciado cuando aparece el personaje de Edith Zúñiga (encarnado por la compatriota Catalina Castelblanco), otra de las chicas abusadas por Andrade/Jiménez, llamada «la chilena» en esta producción que retrata el infierno que puede vivirse detrás del telón y abajo del escenario.


