El mortal carrete-pitanza se hizo desde el Hospital Gustavo Fricke
Llegaron cuatro pompas fúnebres, pero en vez de cuerpo encontraron a un paramédico y dos amigos riendo a mandíbula suelta.
«Hay momentos para echar la talla, momentos para empinar el codo y momentos para trabajar, pero no se puede hacer todo al mismo tiempo», dice todavía bien enojado Bernardo Serrano, ex empleado funerario de 52 años y residente en Viña del Mar, quien el domingo pasado se encontró con la desagradable sorpresa de que había sido víctima de una pitanza telefónica. Pero no de cualquiera, sino que una que lo hiere en lo más profundo.
Minutos antes de las seis de la tarde recibió una llamada desde la morgue del Hospital Gustavo Fricke que lo alertó sobre la presencia de un «conocido suyo» en las dependencias de la unidad tanatológica, para que lo retirase lo antes posible.
Media horas más tarde Serrano llegó al lugar y descubrió que, junto a él, había otros cuatro colegas que habían recibido la misma llamada desde la morgue. Claro que al entrar, en lugar de cuerpos rígidos y fríos, encontró»a tres tipos literalmente muertos de curados», que se reían como malos de la cabeza por la genial tallita que habían orquestado. «¡Falsa alarma! ¡Falsa alarma!», balbuceaban entre carcajadas.
Los enfiestados eran un paramédico y dos amigos de una pompa fúnebre cercana. Al primero, fuera de su horario de trabajo, no se le ocurrió nada mejor que invitar a sus amigotes y armar una fiestecita privada ahí donde en realidad nadie tiene mucho que celebrar, animando el ambiente y convirtiendo el lugar en un improvisado bar.
«Estaban bromeando con una persona fallecida y eso demuestra el poco respeto que tienen por lo que hacen. Yo trabajé por 40 años en este rubro: nunca se me pasó por la cabeza hacer una estupidez así», sigue quejándose Serrano, quien dejó el negocio de la muerte por los seguros de vida.
Indignado, el hombre llamó de inmediato a Carabineros. «Sí, efectivamente nos llamó un caballero muy exaltado pidiéndonos que sacáramos a unos borrachos de la morgue. Fuimos y los tres individuos ya se encontraban bastante más tranquilos, así que sólo procedimos a hacer una constancia», cuenta en la Tenencia Forestal.
No conforme, Serrano exigió hablar con una autoridad del Hospital Gustavo Fricke. El director subrogante, Daniel Vásquez, a través de una carta, se comprometió a instruir «una investigación sumaria que permita aclarar los hechos y establecer responsabilidades (.). Así mismo, el Hospital lamenta lo ocurrido y expresa sus disculpas a las empresas funerarias».
Serrano, que cree que lo llamaron porque todavía figura en la agenda de contactos de pompas fúnebres, dice que al comienzo creía con sus colegas que cada uno venía a buscar un muertito diferente. «Creíamos que veníamos a pegas distintas, pero obviamente no era así porque casi nunca hay tanta actividad un día domingo y ni había señales de muertos. Al revisar los celulares, descubrimos que a todos nos había llamado la misma persona, un tal Marcel Faúndez. Era claro: un tongo».
Entonces, a coro, llamaron al jefe de seguridad del hospital: «ahí los vimos, borrachos como una cuba. Cuando nos divisaron se asustaron, y uno de éstos -por respeto no digo su nombre- no halló nada mejor que ofrecerme combos, pero no se podía ni los zapatos».
Palta Meléndez
«Un chistecito hubiera sido mejor»
«Un chistecito hubiera sido mejor», dice Juan Carlos «Palta» Meléndez al escuchar la tallita de la morgue, y de inmediato, parte con uno.
«Tres jinetes mueren en una carrera. Una de las viudas llega a la morgue a reconocer el cuerpo. El doctor abre el primer cajón y le pregunta ¿es su esposo? No, doctor, ese no es mi marido, dice la mujer. El doctor abre el siguiente ataúd y pregunta nuevamente ¿seráéste? No doctor. Por último, el doctor abre el tercer cajón y le pregunta a la mujer que llora a mares. ¿Éste será? La viuda dice sí ese es Martín», se acerca a la cara del muerto y dice ¡hasta para morir llegas tercero!».


