La terrible noche de Año Nuevo que estremeció a Puchuncaví

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Autor de la Foto: Paula García
Título/Pie de foto: La familia se reunion este viernes en la casa de Mario y Audelmira.


Joven entró a la casa de sus tíos y encontró todo desordenado

Mario y Audelmira llevaban cincuenta años de casados.

Arturo Galarce

Puchuncaví. Con los años, Mario (84) y Audelmira (73) prefirieron que sus noches fueran más tranquilas: dormir y levantarse temprano. Ya no trasnochaban. Él, jubilado de la refinería Enami, y ella, dueña de casa casi toda su vida, vivían solos en una casa en la calle Los Castaños, en el sector de La Greda, en Puchuncaví, y desde ahí veían la vida pasar: según Erick Valenzuela, un vecino con vista privilegiada a la casa de Mario y Audelmira, sólo los veía salir a comprar de vez en cuando y pasear por el barrio. De noche, las luces se apagaban temprano. Por la mañana, bien temprano también, la puerta a veces estaba abierta.

Por eso, dice Erick, sentado en el living de la casa de Mario Belmar y Audelmira Bernal, le llamó la atención que las luces de la casa del matrimonio estuvieran encendidas pasada la una de la madrugada del jueves 1. «Yo pensé que había llegado su hija de Buenos Aires. Ella llegaba el 15 de enero, pero me imaginé que quizá había adelantado el viaje y por eso estaban celebrando el año nuevo, quizá». Erick llevaba varias semanas pintando y remodelando la casa de los abuelos, que se preparaban para el regreso a casa de la menor de siete hermanos.

Varios vecinos pasaron frente a la casa de Mario y Audelmira y vieron las luces encendidas y la puerta abierta, dice María Loreto Belmar, una de sus hijas, y todos, sorprendidos, creyeron lo mismo: quizá los abuelos estaban celebrando. A medida que amanecía, varios vecinos pensaron otra cosa: quizá los abuelos ya están en pie, como de costumbre.

Eran pasadas las siete de la mañana y una sobrina del matrimonio regresaba a casa de una fiesta de año nuevo en Quintero. «Ella vive frente a ellos», dice María, «y cuando vio la puerta abierta creyó que ellos ya estaban en pie y entró para saludarlos, para darles el abrazo». Apenas empujó la puerta se dio cuenta que no, no estaban en pie, que todo estaba desparramado, los cajones de los muebles abiertos, sillas en el suelo, y su abuela, en su pieza, ensangrentada. Fue un vistazo. No pudo ver más y salió corriendo a pedir ayuda.

Mario, en otra pieza de la casa yacía muerto con varias puñaladas en su cuerpo. Audelmira, su esposa por más de cincuenta años, apenas consciente, tenía parte de su lengua rebanada y las marcas en el cuello de un intento de ahorcamiento con el cable de un enchufe. En la casa no faltaba nada, salvo un antiguo televisor de 14 pulgadas. «Ellos quisieron estar solos este año nuevo, porque no les gustaba madrugar. Una mis hermanas les insistió para que fueran a pasarlo con ella pero no quisieron. Les gustaba estar solos y no trasnochar, por eso creo que los delincuentes sabían y entraron temprano, aprovechando la bulla que había en todos lados», dice María.

Tras el auxilio de su sobrina, Audelmira fue trasladada en estado de gravedad hasta el Hospital de Quintero, donde se recupera, mientras la Brigada de Homicidios de Valparaíso intenta dar con los responsables. El cuerpo de Mario, hasta ahora en el Servicio Médico Legal de Quillota, será entregado hoy sábado a sus familiares.

«Ellos quisieron estar solos este año nuevo, porque no les gustaba madrugar»
María, hija del matrimonio

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