Libro de Javier Rodríguez reivindica la chiva de su hermano muerto y los famosos córners en Colo Colo
Autor de Un hogar llamado Santa Laura desmenuza el sentir del hincha hispano, con el ojo de quien creció escuchando relatos de un pasado glorioso y que últimamente aprendió a disfrutar la gloria ocasional. Somos algo así como los Romanov del fútbol chileno, dice.
Los hinchas de Unión Española son felices con poquito, según Javier Rodríguez (1989), autor de un libro obviamente en rojo que acaba de llegar a librerías: «Un hogar llamado Santa Laura». A saber, la alegría vital de un hispano requiere de una mechada palta, la certeza de que ya no se pueden caer desde las graderías de su estadio y un 10 fuera de forma que la mueva un poco como el Pochi Chávez, dice Rodríguez, quien también publicó la novela «Zona de promesas» con Provincianos Editores.
El Pochi Chávez requiere una explicación que quizás sonaría insulto para el lector más futbolero, pero en eso consiste el misterio de los que hinchan por los colores de un equipo de fútbol. Recuerdan cosas que el resto olvida con pasmosa puntualidad. Cristian Manuel Chávez era un mediocampista argentino que llegó a Unión después de ganar la Libertadores con Boca Juniors y la Sudamericana con Lanús. En Chile mostró todo su talento, pero sin trascender más allá de los pocos que fueron a disfrutarlo a Santa Laura.
Un poco como Emiliano Vecchio en 2012: llegó en enero, se fue en diciembre y se ganó un poema de Rodríguez, por su arte con el balón y la chiva en que dio por muerto a un hermano para poder ir a casarse a Argentina. Su regreso, hoy, es otro leño que alimenta el fuego del bestiario santalaurino.
«En mi historia personal con Unión, el Gordo Vecchio ocupa un lugar importante: un jugador que llegó siendo un desconocido y se convirtió en uno de los más talentosos que he visto en Santa Laura, jugando de igual a igual contra Juan Román Riquelme, participando en goleadas a los tres equipos de mayor convocatoria y perdiendo esa final contra Huachipato que es parte fundamental de mi educación no solo futbolera, sino sentimental. Las anécdotas que lo rodean solo alimentan su leyenda de genio y figura», explica Rodríguez.
¿Qué podemos decir de Vecchio tirando los córners de Colo Colo hacia la avenida El Guanaco en aquel partido que le dio el título a Unión en Santa Laura?
«Me ha causado mucha gracia el debate que se ha producido en torno a su llegada. Las críticas esconden un profundo paternalismo y una moralina de la que me siento muy lejano. Que Vecchio haya tirado mal dos córners no influyó en que Católica perdiera aquel campeonato. En ese mismo torneo recibió a Unión y le metimos tres. La distancia futbolística fue enorme. Pero siempre es mejor echarle la culpa al empedrado que asumir las culpas propias».
En el libro define a Unión como un club al que se llega para sufrir, mientras mantiene una disputa semi formal con Cobreloa por ser el cuarto grande. ¿De qué tipo de sufrimiento habla?
«Hablo del sufrimiento del náufrago que se ahoga pocos metros antes de llegar a la orilla. De tener en el bolsillo una final contra Huachipato y perderla en los últimos minutos. Del deber de responder a la categoría de cuarto grande cuando otros equipos a los que antes les ganabas con claridad ahora tienen un mejor proyecto deportivo, instalaciones y jugadores y eso se traduce en un mejor lugar en la tabla. Unión no es un equipo como Colo Colo que llena estadios, que juega copas internacionales o que sus jugadores se declaran hinchas. Por eso a los que se identifican con la camiseta, como el Coto Sierra, los Galdames, Jorge Ampuero o Villagra, por nombrar algunos, los queremos especialmente. Es el tipo de sufrimiento del que tuvo una vida mejor y a veces se hunde en la melancolía de un pasado glorioso. Somos algo así como los Romanov del fútbol chileno».
¿Qué es lo mejor y lo peor de ser de Unión?
Lo mejor es ir a Santa Laura con mi hermano y mi papá, comerme una mechada y sentirme en casa. Es un sentimiento de pertenencia único. Lo peor, que somos hinchas cómodos: hace poco salió el ranking de los clubes que tuvieron la mayor sintonía en TNT el año pasado y la Unión era el cuarto, creo. ¿Cómo dialoga eso con que llevemos tan poca gente a los partidos? Eso me irrita, aunque soy consciente de que la experiencia no es buena. Si uno es hincha tiene que estar ahí siempre».
¿Qué es Santa Laura, a fin de cuentas?
«Instituciones que antes nos brindaban refugio como los partidos políticos, la iglesia o las universidades o colegios se han transformado en meras proveedoras de bienes y servicios. Mick Jagger lo refleja bien en ese himno que es Gimme Shelter. ¿Dónde nos refugiamos? ¿Qué espacios nos quedan para encontrarnos independientemente de nuestro origen social, el género y las diferencias ideológicas? En nuestros clubes de fútbol, a pesar del esfuerzo de las administraciones de la mayoría de las sociedades anónimas deportivas por convertirlas en simples negocios. Santa Laura es mi casa, el lugar donde más cómodo y genuino me siento, pero también es nuestra trinchera, el lugar donde resistimos los embates del fútbol moderno mientras esperamos un gol como los de Manolito Neira o uno olímpico de Vecchio en el próximo partido contra la UC».


