Ignacio González explica por qué volvió a jugar en Everton contra la opinión de los doctores
Luego del triunfo ante Cobresal, el arquero aclara que todavía hay riesgo de que lo operen. Una parte del rostro se le duerme.
Ignacio González (35) aterrizó en Santiago a las 13.30 horas y luego tomó un bus hacia Viña del Mar junto con sus compañeros de Everton, tras vencer este domingo a Cobresal, en El Salvador. El portero venía contento porque su equipo comenzó a despegarse de los últimos lugares, al quedar decimotercero con 26 puntos, y por haber jugado un buen partido pese a las fracturas en su cara que lo obligan a usar una máscara.
González (@nacho0gonzalez) quedó inconsciente en el pasto del estadio Sausalito el 19 de octubre, luego de chocar con Fernando Zampedri en la derrota por 3-0 ante Universidad Católica. «Me acuerdo de que llegué a puñetear y, como fui con los dos puños, choqué contra la nuca de él. Después no me acuerdo mucho más, porque perdí el conocimiento unos momentos por el golpe. Recuperé la conciencia cuando iba a la ambulancia», contó González, luego de estar varios días sin teléfono.
«Me hallaron cuatro fracturas y tuve suerte porque no se me desplazaron mucho. Los doctores me dijeron que si zafaba de la operación es porque tenía mucha suerte. Y claro, me cuidé harto y zafé de la cirugía, obviamente, con un cuidado extremo. Porque si se me llega a correr alguna de las placas fisuradas, me tengo que operar. Las fracturas están localizadas en la parte maxilofacial, entre el pómulo y la oreja. Y abajo del ojo derecho», explicó el arquero de Everton.
¿Siente mucho dolor?
«Sí, sí, sí, es muy doloroso. Los doctores me explicaron que hay una parte de la cara en que el nervio se queda dormido, pero con el tiempo uno va recuperando la sensibilidad. Eso, menos mal, ha ido mejorando, porque durante las dos primeras semanas no sentía nada».
Entonces, ¿no lo operaron porque no se desplazaron las fracturas?
«Claro, no se desplazaron mucho. La opinión de los doctores era dividida, pero si tenía mucho cuidado podía zafar de la operación. Igual fui un poco porfiado, entre comillas, porque no debería estar jugando, en teoría».
¿Y cómo juega con la cara fracturada?
«Obviamente, hay un riesgo grande, sobre todo en el puesto del arquero, en que uno recibe contacto y golpes, pero son las ganas de querer estar. Entiendo la situación del equipo, que estaba muy compleja hasta antes del triunfo de ayer. Y, como soy uno de los más grandes del equipo, tenía que asumir esa responsabilidad y estar».
¿Le duele la cara para jugar?
«O sea, tengo el lado derecho un poco dormido».
¿Siente temor de recibir otro golpe?
«Yo creo que no. Con el tema de la máscara, lo que menos he tenido es temor. Creo que eso es parte de la locura de ser arquero y de estar acostumbrado a los golpes».
¿De qué está hecha la máscara?
«Es de acrílico y la hizo la terapeuta ocupacional Macarena Hernández».
¿Es cómoda?
«Pensé que iba a ser peor, pero obviamente no es lo mismo que jugar sin máscara. Los doctores hicieron un buen trabajo con la terapeuta ocupacional, porque la dejaron muy cómoda».
¿Tiene algún problema de visión, por ejemplo?
«No, todo impeque. Te la ajustan porque te hacen un molde con tu propia cara y queda re bien».
¿Cuánto tiempo debe ocuparla?
«Hasta que las fracturas vayan pegando, lo que es relativo, pero puede ser tres semanas o un mes. Tampoco he descuidado mi emprendimiento As Inmobiliario (@asinmobiliario.oficial), que es una empresa líder para asesorar a deportistas de alto rendimiento en Chile y Estados Unidos».


