Paseos a la Fisa, los Danky 21, ropa amasada, pirateos de casetes, Extra jóvenes y compras en los caracoles
Juan, Ana, Claudita y el resto de los personajes de la serie «Los 80», de Canal 13, que acaba de finalizar su tercera temporada, dejó a todo el mundo recordando y bromeando con esta sintética década de bebidas Free, helados Tuntancremón, casetes regrabados, lápices a pasta Bic, rotondas por todos lados, largas caminatas bajo el sol de la Fisa y chaquetas de mezclilla.
Claro que para ser justos, el primer gran revisionista de esos años colorinches y llenos de hombreras, ropa amasada y pelos escarmenados no fue la pantalla chica, sino el notable libro «La era ochentera», de los periodistas Óscar Contardo y Macarena García.
Además, como se sabe, fueron tiempos muy duros para el país. Sin embargo, un grupo de políticos criollos hizo aquí un alegre paréntesis, dejó por un rato la contingencia militante que marcó su carrera, puso rewind y simplemente recordó sus anécdotas mejor guardadas de la moda, las calles y las picadas de comida que aderezaron aquellos años mozos.
Recuadro :
Carolina Tohá: de las Betamax a «Blade Runner»
P ara Carolina Tohá, la moda de los 80 tiene algunos episodios horripilantes. Su historia de vida tiene tintes muy parecidos a los que vivió Claudita, el personaje de la serie.
«Primero les dio con unas poleras para las mujeres muy anchas y a la cadera. Después vinieron unos pantalones como globo, pero apretadísimos en los tobillos. Más tarde arrasó la moda amasada con zapatos Pluma. Y al final nos pusimos new wave , con cadenas, pelos cortos y cortes sobre la oreja. Menos mal que yo, como era más bien hippie de izquierda, me salté varias, aunque en la última sí caí», cuenta riéndose la cientista política, ex parlamentaria, ex ministra de Michelle Bachelet y actual presidenta del PPD.
Carolina, alumna del liceo Francisco de Miranda y una verdadera belleza combativa con cara de ángel,también recuerda la irrupción de locales de pollo con papas fritas y lo terrible que era la micro Tobalaba-Las Rejas.
«Puff, puras peleas. Otras cosas que me son muy propias de esos años son los helados Stereo, los locales de Flippers, como los famosos Delta, que se suponía que eran el templo de la perdición para la juventud, jaja, las video-grabadoras Betamax que tenía el típico amigo con plata que el fin de semana invitaba al resto a ver Flashdance , y los Danky 21, que eran para mayores porque tenían pasas al ron. Otra marca de los 80 es que fue una época de pirateo descarado de libros, música y de todo. ¿En canciones? A mí me encantaba Pink Floyd y mi película favorita fue, lejos, Blade Runner «.
Lily Pérez: «Los Atari y Pupo, mi Peugeot 504»
«Esa foto (la principal) me la tomé a fines de 1985, en una fiesta, pocos días antes de casarme. Tenía 21 años», cuenta orgullosa -y coqueta- la senadora RN Lily Pérez. Claro, se ve regia, igual que ahora.
«Los años 80 fueron bien particulares para mí, porque la mitad me tocó en el Colegio Hebreo y la otra mitad en la Escuela de Publicidad de la Universidad del Pacífico. Fue una década en la que me moría por ir a comer al Burger Inn y a tomar helados al Coppelia», dice.
La honorable también recuerda que a sus 19 años su papá le regaló un Peugeot 504 verde, que ella bautizó como «Pupo». «Claro que la mayor parte del tiempo andaba en micro y Metro. Lo más latero de esa época eran las rotondas. Había por todos lados y eran lentísimas, un verdadero enredo que sólo servía para hacer tacos. Por aquellos años también jugaba mucho ping-pong y practicaba aeróbica. Nunca más lo hice. Y si había que ir a bailar, la Disco Lo Castillo, en Vitacura, era el lugar», cuenta.
Otra de las cosas que saca de su baúl de los recuerdos «son los computadores Atari. En cuanto a música, me fascinaba Michael Jackson. Y de películas, mmm, las de ciencia ficción, como Volver al futuro y Terminator . Otro de mis gustos eran las Empanadas de Matías, que aún existen, y un restorant de comida china llamado Chung-Zang, que fue de los primeros y que se puso frente a mi casa».
Allamand y las empanadas de El Rápido
A ndrés Allamand confiesa que entre 1973 y 1983 tuvo cero vida política y que sólo se dedicó a estudiar (en la Universidad de Chile) y a trabajar en un bufete de abogados que él mismo creó a principios de los 80.
«Para míésta fue una década de mucho estrés laboral. Además nacieron mis dos hijas y yo básicamente me movía entre mi oficina de la calle San Antonio, frente al Hotel Tupahue, y el Stade Francais, donde entrenaba y jugaba rugby», cuenta el wing ex seleccionado nacional de los Cóndores , pero que también brilló en una liga de fútbol de Quilín, donde jugaba de 9. «Era un centrodelantero rápido y fuerte más que habilidoso, pero tenía estrategia y hacía hartos goles», deja muy en claro.
Allamand nació en 1956, actualmente es senador por la Región de Los Ríos y fue uno de los fundadores de Renovación Nacional. Y recuerda que uno de sus grandes gustos de los 80, además del deporte, «era pasar a comer a El Rápido, ese negocio de empanadas de queso que todavía está frente a los tribunales. Bueno, y el otro fue haberme comprado mi Fiat 147 color café. Una maravilla».
-¿Cómo era el mundo sin Redbanc y sin celulares?
-Igual se podía vivir. Además, en esa época no había tantas lucas, así que andábamos con la plata en el bolsillo nomás y nadie se hacía ningún problema. Sólo había que ser ordenado. Y con los teléfonos móviles tengo sentimientos encontrados. Ahoras son una ayuda enorme, pero también siempre estás ubicable y pierdes privacidad. A veces resultan una lata.
Laura Albornoz: Footloose y Cindy Lauper, pero en secreto
«Yo entré en 1986 a la escuela de derecho de la Universidad de Chile. Venía del liceo A-67 Alexander Fleming y de estudiar un año de biología en Talca. Y por supuesto que mi pinta era más bien hippie y artesanal», recuerda la abogada, ex directora del Sernam y académica democratacristiana, Laura Albornoz.
Para ella, que siempre estuvo ligada a las federaciones estudiantiles, la dieta diaria era el tradicional completo ochentero, reemplazado sólo a veces por un delicioso sándwich de tomate-mayo en un quiosco universitario. Y punto.
«Aunque mi verdadera pasión escondida eran los batidos de chocolate del Buff. Y mi otro regaloneo oculto era escuchar casetes de Cindy Lauper, Duran Duran y de películas como Footloose , que estaban de moda. Claro, en la U todo era más combativo, con Silvio Rodríguez, salidas al Café del Cerro y cosas así. Y el que no, era un capitalista o un burgués», relata a carcajadas.
Otra de sus imágenes ochenteras eran las peleas con los micreros. «Ahora ya no existen, hay otro sistema, pero en esos años nos agarrábamos todos los días con los choferes por el carné escolar. Y bueno, aparte de los miedos políticos, para mí el otro gran susto de los 80 fue que echaran a mi papá de su trabajo o que nos embargaran la casa. Y cuando pedía el crédito fiscal había que esconder las radios, televisores y todo lo que oliera a algo de plata para la visita asistente social. ¡Qué locura!».
-¿Algún chiche de la moda?
-Mi bolso de suela, tal como el que usaba la Claudia, de la serie «Los 80». Fue un regalo de mis papás y tenía mi nombre. Yo lo adoraba. Un lindo recuerdo.
Ramón Farías, citronetero de alma
E l cantante, actor y actual diputado PPD Ramón Farías cuenta que hay dos hitos que a él lo marcaron mucho durante los años 80. «El primero fue la teleserie La madrastra , donde yo interpreté a Héctor, el hijo mayor de Marcia, pero que no quería reconocerla. No te imaginas la cantidad de bromas, insultos y garabatos que me echaron por la calle. Claro que también firmé autógrafos», agrega orgulloso.
Ramón había egresado de la escuela de teatro en 1977 y por aquella época vivía en avenida Grecia, en la Villa Frei, muy cerca del Pato Torres. «Con mucho esfuerzo me compré una Citroneta amarilla 12V6 descapotable, con unos focos cuadrados espectaculares. De verdad linda. Yo la amaba. Claro que normalmente igual tenía que andar en micro y tomaba la Intercomunal 8 para ir a Canal 13, que recién se había cambiado al cerro San Cristóbal», recuerda.
El otro hito ochentero de Farías sucedió ya más avanzada la década, en 1985, cuando grabó su primer disco llamado «Cuerpo y alma», cuyos hit fueron «Tímida» y «Agua caliente».
«Estaba de moda Alberto Plaza, con la canción De tu ausencia , pero las mías entraron muy bien. Canté muchas veces en presentaciones en vivo y en programas como Sábados Gigantes, Éxito y varios otros. Eran años en los que me presentaba con ropa amasada, blujeans Wrangler y lentes imitación Top Gun, porque no me alcanzaba para tener unos Ray-Ban de verdad. Para comer me gustaba la Fuente Alemana, a donde sigo pasando cada vez que puedo, y me parece que la taquilla de los más chicos era en el Drugstore de Providencia. ¡Qué años, no!».
Juan Antonio Coloma: Top Gun y su Mini amarillo
«Recuerdo que una de las alegrías que se podía tener es que un amigo viajara a Estados Unidos y te trajera unos jeans Levi's, porque acá no había tantas marcas como ahora», bromea el abogado y senador por El Maule, Juan Antonio Coloma, militante de la UDI y actualmente de 51 años.
En esta década, Coloma asistía al campus oriente de la Universidad Católica y normalmente tomaba la micro 51 Vitacura-Los Leones. «Siempre éramos los mismos, así que al final nos conocíamos todos y hasta nos saludábamos. Claro que después egresé, trabajé, junté mis pesos y me compré un Austin Mini amarillo maravilloso, con ruedas anchas y todo eso. Pero sólo era para trabajar. Nada de carrete. Yo me casé a los 21 años y a lo largo de los 80 tuve cinco hijos, así que derechito para la casa», cuenta.
-¿Cuál era su panorama favorito de comidas?
-Por esos años me gustaba el Tavelli, que estaba de moda. En cuanto a música, yo venía de Cat Stevens y Neil Diamond, de los 70, y entonces me pasé a Soda Stereo y el rock latino de los 80. También recuerdo el concierto de Rod Stewart en el Estadio Nacional.
-¿Y una película?
-Creo que a muchos nos marcó»Top Gun», esa de Tom Cruise, porque nos mostró otro mundo, uno de aviones, motos, lentes Ray-Ban, música en inglés muy pegajosa y aventuras. Creo que muchos de mi generación quedamos con la boca abierta.
Guido Girardi: peñas, Eduardo Peralta y los verdes
E l senador Guido Girardi, actualmente de 49 años, cuenta que pasó casi toda la década en la universidad. «Justamente entré a medicina el 80 y egresé del pregrado el 87. En esa época yo era muy hippie, de poncho, bototos, pelo largo y conversaciones intelectuales sobre la Trova Cubana y el cine francés», recuerda riéndose.
Egresado del colegio Alianza Francesa, por aquellos días Girardi vivía con sus papás en la comuna de Vitacura, y desde allí viajaba todos los días en micro a los hospitales J. J. Aguirre y Barros Luco.
«Fueron años muy especiales. Yo pasaba metido en las peñas, con Eduardo Peralta y Schwenke & Nilo, cantando a Violeta Parra, Silvio Rodríguez y Víctor Jara. Y mi otra pasión eran los talleres de teatro que teníamos en la escuela, el movimiento ecologista Pehuén, que fue el primero, y revistas que hacíamos, a veces clandestinamente, como La Lombriz y El Anarkía», rememora este político, que más tarde participaría en la fundación del PPD.
Alcaldesa Plaza, entre las North Star y la Fisa
A Carolina Plaza, la actual alcaldesa de Huechuraba, lo primero que le recuerda la década de los 80 son pellejerías. «Las vimos bien duras en mi familia. El año 82 estafaron a mi papá y de verdad no teníamos nada de plata. Mi abuela me pagaba el colegio de las Monjas Inglesas y un tío nos llevaba bolsas con frutas y verduras de la Vega. Había semanas en que comíamos puros garbanzos. Qué horror. Y peleaba todos los días con los micreros de la Matucana-El Golf, porque como vivíamos en Las Condes no me creían que no tenía dinero para el pasaje», cuenta nostálgica.
-¿De ropa, cómo andabas?
-Me gustaban mucho las zapatillas North Star, y para qué decir la Converse, pero jamás tuve unas. Sí, en cambio, recuerdo mis Topper blancas y siempre me compraban las Dolphin en Patronato, que eran imitación de las Power.
-¿Y paseos?
-La Fisa. Ese era el gran paseo ochentero, para ir a ver cosas extranjeras y tratar de comprarse un chicle que no fuera como los típicos Dos en Uno de frambuesa o menta. Otros íconos de esta década fueron «Extra jóvenes», que todas veían por Felipe Camiroaga, y las «Miss 17». También estuvo de moda GIT, que me encantaba, y Los Enanitos Verdes. En mi pieza tenía un televisor IRT de 14 pulgadas en blanco y negro. Con eso hacía maravillas. Alguna vez también me compré botas blancas con flequillos y recuerdo otras de gamuza arrugada. Obviamente que me hice esa terrible chasquilla tipo parabólica y lo más espectacular fue el Mundial Juvenil del 87. Ganaron los yugoslavos, que eran regios. Incluso los fui a ver entrenar al estadio Croat


