Barack Obama y sus controladas salidas de protocolo
Es loco por las hamburguesas, le encantan los recuerdos y el contacto con la gente.
Julio de 2009 y el mundo libre debatía si Barack Obama era o no un frescolín. Todo por una foto de ángulo sugerente en la que el presidente norteamericano parecía mirarle el trasero a una guapa joven brasileña, miembro de las comitivas oficiales de la Cumbre del G8, que se desarrollaba en Italia.Informativos de prensa posteriores aclararían el misterio. El fisgón resultó ser el presidente francés, Nicolás Sarkozy.
Para Obama, la jocosa escena pasó a ser una más de las múltiples anécdotas que acumula de sus giras y encuentros oficiales, marcados por cautelosas salidas protocolo. ¿Veremos algo de aquello en nuestro país?
Le gusta el souvenirDe visita en la ciudad canadiense de Ottawa, Barack padre entró sorpresivamente a una feria artesanal, para comprar llaveros para sus hijas, Malia y Sasha. Al hombre le gustan las chucherías. En una de esas pasa a vitrinear a la feria artesanal frente al cerro Santa Lucía.
¿Se sirve un completito?
Obama no puede tener un gusto más democrático que el amor por la comida chatarra. Cada vez que puede se manda su escapadita, como cuando invitó al presidente ruso Dimitri Medvedev, a comer hamburguesas a un local de Arlington, Virginia. A prepararse entonces los locales de completos del centro de Santiago. Si ya existe La Picá del Clinton, ¿por qué no la de Obama?
Despreocupado
Hace dos meses, Obama y su familia dejaron el frío invierno estadounidense para tomar helados en las paradisíacas playas de Kailua, Hawai. Esa es vida.
Michelle trapera
Michelle Obama es cosa aparte. En las giras destaca por sus trajes de diseñador; Alexander McQueen y Jason Wu, algunos de sus preferidos. En su última visita a París, la Primera Dama gringa acaparó flashes, igualito que su estilosa colega gala, Carla Bruni.
Luz, cámara…
Hace dos años, una delegación de periodistas chilenos, de visita en la Casa Blanca, se tomó una foto para el Facebook con Barack Obama, quien accedió a posar amablemente. En una de ésas la escenita se repite, si es que antes el Servicio Secreto gringo no le rompe el brazo a ningún rostrillo.


