Javiera y Josefina Vivanco son parte de la tercera generación de la familia que lleva 85 años en el negocio gastronómico
Acaban de inaugurar un establecimiento en la ex Avenida Pajaritos, que se sumó al del Patio Bellavista bajo su administración.
Con el correr del tiempo, la tradicional picada «Los Buenos Muchachos» pasó a ser una oferta gastronómica para toda la familia, con sus tradicionales parrilladas, acompañada con show artísticos y bailables en su histórica ubicación de Ricardo Cumming, en la comuna de Santiago (ver recuadro). «Empezó como un Club de Toby y se juntaban a tomarse unas botellas, clientes mujeres no habían, solo mi abuela que le ayudaba a mi abuelo a atender en la picada», dice Javiera Vivanco (30), quien es parte de la tercera generación de este negocio familiar.
Ella junto a su hermana melliza, Josefina, son las que ahora tiran las riendas de Los Buenos Muchachos desde la pandemia, cuando ayudaron a su papá (José Ignacio Vivanco) a sumar la venta digital para que el negocio se mantuviera a flote. «Innovamos hasta la entrega de parrillas con los trozos de carne sellados al vacío», cuenta Javiera. Hoy el delivery representa el 15% del total de las ventas de la empresa.
La mano de las hermanas también nota en la carta de los cuatro locales de Los Buenos Muchachos: hoy se pueden encontrar hasta platos para veganos y celíacos. «Hay que atender a las actuales familias que son diversas y debemos tener esos platos, pero sin dejar de lado la gastronomía tradicional. Las parrillas siguen siendo lo más demandado con una carta, eso sí, muy diversificada, para todos los gustos», recalca Josefina.
Para esta entrevista, las mellizas, las dos ingenieras comerciales, nos reciben en su nuevo local, Los Buenos Muchachos ubicado en la ex Avenida Pajaritos, Estación Central, y que abrió hace un mes. Es el segundo que inauguran bajo su administración. El primero fue el del Patio Bellavista donde innovaron con la oferta más gourmet, incluyendo platos de mariscos frescos, y una administración y logística digitalizada.
«La ubicación de Bellavista y ésta de Pajaritos fueron oportunidades que se nos dieron y la tomamos en seguida porque nuestras apuesta es seguir creciendo», comenta Javiera.
¿Por qué decidieron seguir con el negocio familiar?
Javiera: «Nacimos en esta empresa y darle la innovación que era necesaria para seguir muchos años y convertirla en una gran cadena, en un imperio».
Josefina: «Aparte de ser nuestro patrimonio, el restaurante es nuestra familia. Acá hay garzones y trabajadores que nos han visto crecer durante 30 años y son parte de nuestras vidas. Lo que más queremos es que esta empresa siga creciendo».
¿Cuál es el plan de expansión?
Javiera: «El plan que tenemos es tener una sucursal o local de venta en cada comuna de Santiago con locales propios y puede ser con el modelo de franquicias».
Josefina: «Para hacer una franquicia tenemos que estandarizar la oferta y los precios. Que la experiencia gastronómica en todos los locales sea igual y con la misma calidad porque la gente es exigente y la marca se tiene que cuidar».
¿La expansión va a ser con el formato de restaurantes, no como el local de Cumming que incluye los shows?
Josefina: «Es difícil conseguir los espacios que tenemos en Cumming, que es enorme. Imagínate que allá podemos atender hasta 1.400 personas al mismo tiempo. Eso replicarlo en otro lado, no es fácil».
Javiera: «En locales más pequeños, eso sí, se podría ofrecer shows más pequeños, con folclore chileno porque fomentamos la gastronomía nacional. Eso lo hacemos en Bellavista, por ejemplo».
¿Cuántas mujeres trabajan en Los Buenos Muchachos?
Javiera: «Entre el personal con contrato permanente, somos como 24. Hace cinco años éramos tres y por muchos años no había trabajadoras mujeres. Yo fui la primera en la gerencia.
Josefina: «Pero eso ya quedó en el pasado. Ahora las buenas muchachas llegaron para innovar y hacer crecer a Los Buenos Muchachos».
Javiera Vivanco dice que pasar la pandemia es una de los episodios más difícil que le ha tocado pasar a Los Buenos Muchachos, pero igual han tenido episodios que afectaron su funcionamiento en el histórico local de Cumming. Uno de ellos fue la expropiación de parte del terreno por la futura construcción de la Línea 7 del Metro, lo que causó a la familia incertidumbre y que incluso la llevó a pensar en cerrar el local, pero no será así. «Expropiaron finalmente el terreno donde había estacionamientos y tuvimos que abrir un sitio en San Pablo, muy cerca del local, para recibir a los autos de los clientes. Por todo lo que se habló cuando se supo de la expropiación, algunas personas quedaron con la idea de que el local de Cumming lo íbamos a cerrar, pero no es así, el local sigue, no va a cerrar», sentencia Javiera.


