Gonzalo Flores necesitaba compartir hogar y con una amiga se hicieron pasar por matrimonio
El bailarín lleva tres años en Egipto; le encanta lo caluroso que es, pero se ha debido acostumbrar a que los vecinos vigilen su estilo de vida.
De profesión bailarín, en El Cairo ha encontrado un lugar donde el rubro artístico es valorado. Además, ama toda la cultura del país, desde el baile a la comida.
Flores llegó hace unos tres años en una relación de pareja, pero luego de que esta concluyó le tocó buscar otro lugar para vivir. Optó por hacerlo con un par de amigas chilenas en Dokki, en pleno centro. Pero en la segunda semana, cuando se mudaban, llegó la policía federal.
«Dijeron que necesitaban revisar la casa, que habían visto entrar gente al departamento», recuerda.
La situación fue tensa. Hubo hasta forcejeos. Fue tanto, que después de una visita a la embajada una de las amigas se devolvió a Chile. Duraron una semana en el departamento. Gonzalo se quedó con otra de sus amigas pensando en cómo proceder.
«Egipto está súper sectorizado; a nivel económico, social y religioso. Cuando nos propusimos empezar a buscar departamentos nos costó mucho. Queríamos estar tranquilos, porque ella es bailarina de belly dance y yo tengo tatuajes y piercings», explica.
Así dieron con el sector de Zamalek, ubicado en la isla de Gezira, en el río Nilo, un sector más residencial y menos comercial donde vive gente de buen pasar.
«Hace 20 años este sector era uno de los más acomodados de la ciudad, pero ahora culturalmente estaba un poquito más cerrado», cuenta.
Si bien entre las generaciones más jóvenes se ha dado cierta apertura a otras formas de vida, en Egipto el 94% de su población es musulmana y la sociedad conserva férreas tradiciones, especialmente en áreas rurales. La vestimenta modesta es la norma, las mujeres cubren brazos y piernas, las interacciones entre hombres y mujeres solteros son limitadas y muchos matrimonios son arreglados. Es que allá la familia tiene un rol crucial, toma decisiones colectivas y mantiene una fuerte cultura de honor, donde la reputación es altamente valorada.
En Google parece ser bien turístico ese sector.
«Para vivir se pone complejo. Si eres turista y estás por un tiempo alojando en un hotel, cero rollo, pero al arrendar un departamento con una mujer que no es tu esposa se complica la cosa. Tuvimos que hacernos de papeles que acreditaban que éramos familia, que ella era mi señora. Igual parece un chiste, pero eso nos fue permitiendo de alguna manera estar tranquilos».
¿Cómo lo hicieron con los papeles?
«En Cairo todo se puede solucionar. Encontramos un colega que nos ayudó con el tema; es una carta en verdad que dice que nosotros somos familia, eso lo presentamos a los dueños de los departamentos. Muchos no lo aceptaban directamente, porque no teníamos anillo ni libreta de matrimonio, no se compraban mucho la chiva».
¿El conserje no se fija mucho?
«Caleta. En Egipto funcionan los bawab, que son como los conserjes pero duermen en un sillón cama en las entradas de los edificios, tienen como una pieza de personal. Ellos saben todo: quién entra, quién sale, con cuántos, a qué piso vas».
En Chile también hay conserjes que saben todo.
«Es que acá además es el edificio completo el que sabe todo. Es como el cliché de la señora asomada en la ventana, mirando quién entra y quién sale. Somos latinos, nos gusta hacer comidas y pasó un montón de veces que nos acusaban al dueño de la casa. Varias veces el dueño me llamó a la una o dos de la mañana, ni siquiera estaba metiendo bulla, y me contaba que lo había llamado el conserje diciendo que había cinco personas adentro del departamento a esa hora».
¿Los conserjes son simpáticos?
«Depende. O sea, el último igual era simpático, sabía que no estábamos casados con mi amiga. De repente igual les dábamos tips (propinas). Si queríamos invitar amigos o mi amiga quería traer algún pinche -típico que se está conociendo a alguien- le dábamos un tip. Así como Oye, toma, aquí tienes, no sé, 200, 300 pounds y buena onda «.
Después de un par de años los amigos dejaron el apartamento.
«Yo no me hubiese ido nunca, pero tuve la posibilidad de ir de vacaciones a Chile, vino un proyecto importante y cuando volví al Cairo y me tuve que ir a otro lado».
Actualmente está en New Giza, un sector más exclusivo, viviendo con otras personas en un condominio donde son más permisivos. En la medida en que el sector es más acomodado son más abiertos, explica.
Si no tuviera que compartir gastos, ¿le habría sido fácil arrendar un departamento en El Cairo o no tanto?
«No te piden tantos papeles y en Egipto en general todo se regatea. O sea, si te dicen que el departamento cuesta 20.000 pounds, tú sabes que eso no es lo que vale, tienes que regatearlo. Para arrendar, además de la comisión del corredor de propiedades tienes que pagar tres meses de garantía».


