Horarios para visitas y uso del refrigerador, entre otros, deben estar normados para evitar discusiones
Cuestan entre $250.000 y $550.000, según su ubicación, si tiene baño privado o compartido y si incluye los muebles.
En nueve ocasiones se ha cambiado de casa o departamento en México la influenciadora Camila Nash. Ha vivido en varios barrios de Ciudad de México rentando habitaciones porque le sale más económico y siente menos compromiso que tomar un arriendo a largo plazo. También para estar acompañada, tener más flexibilidad para moverse y conocer nuevos lugares.
La fórmula arrendar una habitación en una casa o departamento o compartir la propiedad con otras personas es una buena manera de ahorrar. Se gasta menos que viviendo solo, pero quienes han vivido como pensionistas o roomies explican que funciona cuando se combina con reglas claras de convivencia. De lo contrario, puede ser una pesadilla.
La administradora Camila Valenzuela lleva arrendando bajo la fórmula de compartir casa hace siete años y tiene varias historias.
«Una vez viví con una amiga que sumó a un amigo suyo al departamento. Fue horrible la experiencia. Si no conoces las costumbres del otro, cómo se maneja con el orden y no estableces reglas básicas de convivencia puede ser muy desagradable», precisa.
Hoy vive con otra amiga en un departamento en Las Condes, donde lo primero que reglamentaron fue el ítem del aseo de espacios comunes y el uso de la cocina.
«Hay que conversar para evitar peleas, nos pusimos de acuerdo si comprábamos junta los alimentos o no. Definimos bien el espacio del refrigerador porque antes me pasó que me sacaban las cosas, yo decía que me faltaban y nadie se hacía cargo. Hay que ser claros. Tuve una roomie vegana que me pidió que cuando guardara carne no la pusiera cerca de las verduras y usara un pote bien cerrado. Cada una tiene sus mañas y formas de evitar tanto choque», cuenta.
Otro ítem es la limpieza.
«Cada habitante de la casa sabe cómo tiene su pieza, pero hay que tener respeto por los espacios comunes. Nunca más tolero vivir con gente que no pague para que nos hagan el aseo. Probé asignar turnos de aseo, pero cada uno manejaba sus tiempos y no resultaba», relata.
La secretaria Loreto Quiroz (36) lleva dos años en una habitación en una casa en Ñuñoa.
«Las cuatro personas que vivimos en la casa trabajamos, nos gusta juntarnos con amigos, pero una regla es que los carretes en espacios comunes en día de semana son hasta las 23:00 horas. Distinto si se quiere invitar a alguien a dormir, ahí es cosa de cada uno», explica.
Mes de garantía
Quiroz paga $400.000 por un dormitorio con baño privado y gastos comunes incluidos, porque no le daba la renta para alquilar un departamento para ella sola. De todos modos, le pidieron acreditar renta y asumir otros gastos.
«Tuve que demostrar trabajo estable, entregar certificado de antecedentes y me hicieron pagar mes de garantía por si la habitación quedaba con daños», señala.
Pagar un mes de garantía es un requisito que se masifica en las plataformas de arriendo de habitaciones.
«Se pide porque tiene que haber una protección al anfitrión y corresponde al equivalente a un mes se arriendo», comenta Cristian Senerman, ingeniero comercial de la Universidad del Desarrollo y CEO de la plataforma de alojamiento para estudiantes y ejecutivos de intercambio House and Flats.
Comenta que este tipo de alojamiento está cada vez más solicitado por el aumento de los alquileres en general, pero en Santiago hay poca oferta.
Destaca que las habitaciones cuestan entre los $250.000 a los $550.000, según la comuna, si está amoblada o si tiene baño privado o compartido: «Una habitación promedio con baño compartido en Providencia bordea los $350.000; con baño privado o en suite está sobre los $400.000 el mes», informa.
Víctor Danús, gerente general de la corredora Prourbe, acota que compartir techo se dan más en viviendas que se arriendan bajo los $800.000 mensuales, en comunas como Ñuñoa, Providencia, Santiago Centro, Las Condes o San Miguel.
«Tienen excelente conectividad y más oferta de servicios, comercio y educación, lo que hace que las personas estén más abiertas a vivir con un roomie», aporta.


