Le ganaron al sistema: pasaron de residencias de menores a la educación superior

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Como abogado puedo hacer un cambio, proyecta Francisco, quien creció en un Sename del Biobío

Criarse en un entorno vulnerable y de riesgo es en extremo difícil. Salir de ahí puede ser un desafío monumental, pero hay quienes con mucha determinación y fuerza de voluntad lo han logrado.

Este 2024, por ejemplo, 89 adolescentes que estuvieron internados en residencias del Servicio de Protección Especializada a la Niñez y Adolescencia (el antiguo Sename) continuarán sus estudios en la educación superior. Este miércoles su esfuerzo fue reconocido en un encuentro en el Palacio de La Moneda.

Uno de ellos es Francisco, de la Región de Biobío, quien va a estudiar Derecho. «Viví en carne propia lo que es estar en una residencia y fue una experiencia bastante dura: que mi mamá se fuera después de las visitas, verla una vez a la semana, ser estigmatizado en el colegio por mis compañeros, que no me tomaran en cuenta. Pero creo que como abogado puedo hacer un cambio; podría ser un gran aporte porque las vivencias que he tenido también me han permitido conocer desde adentro cada situación», relata.

El Servicio de Protección atiende mensualmente a más de 130.000 niños, niñas y adolescentes que han sido gravemente vulnerados y derivados por un tribunal a los diversos programas de la institución. Su rol no es preventivo, sino que tiene el objetivo de «ser un espacio para reparar y restituir derechos».

Este organismo es parte de la reforma que busca dejar atrás las graves vulneraciones ocurridas en algunos hogares del Sename, entidad que está a cargo sólo de lo relacionado con justicia y reinserción juvenil hasta el 12 de enero de 2026, fecha en que llegará a su fin de forma definitiva.

«Es una tremenda noticia para el servicio y para la trayectoria de vida de estos jóvenes que con mucho esfuerzo han decidido seguir sus estudios. Ha sido una actividad preciosa y un reconocimiento también al esfuerzo que hay detrás de todos estos años, el que hoy día se materializa en el ingreso a la educación superior», valora la directora nacional del Servicio de Protección, Gabriela Muñoz.

Otro caso de ejemplar es el de Juan Pablo, del Maule, quien siempre se interesó en el área de la salud. En la residencia solía ayudar a sus compañeros y tras ver lo que vivieron las familias con los incendios en Viña, decidió estudiar Técnico en Enfermería. «Siempre me gustaba andar curando a la gente y ayudándola, es lo que más me apasiona, y sobre todo ahora que se abrió un hospital en Curicó. En la residencia conversaba con mis compañeros, los calmaba y de repente les curaba las heridas», recuerda.

En la cima

Un ejemplo claro de que el esfuerzo trae recompensas es el de Efraín Israel Jesús (21), más conocido como «El Menor» (en Instagram @elmenorroficial._free24.7, https://goo.su/nnpu), joven promesa del freestyle (habilidad de rapear de forma improvisada) que vivió en el Sename desde que era un bebé hasta los siete años. Pese a todas las adversidades, se convirtió el pasado 24 de febrero en el subcampeón internacional en la Freestyle Master Series (FMS) realizada en México.

«Me descarrilé, hice amistades que eran mala influencia y llegué a la cárcel de menores, ahí me di cuenta de que tenía que salir adelante. Me gustaba el freestyle, me pulí rapeando en las micros y era bacán llegar con plata a la casa; tenía 14 años y quería demostrarle a mi abuela que podía cambiar», cuenta. ¿Su mensaje para los jóvenes? «Tienen que tratar de salir adelante. Siempre hay alternativas, solo hay que creer que uno puede», aconseja.

Uno de sus referentes fue «Arte Elegante», seudónimo de Roberto Herrera (@arteeleganteofficial_, https://goo.su/9P5VYM) cantante chileno con más de un millón de oyentes mensuales en Spotify que llegó al Sename en 1996. Conocido por su versatilidad, tiene colaboraciones con Pailita, Santa Feria, Marcianeke, Pablo Chill-e y Américo, entre otros. Durante su carrera ha realizado diversos talleres en cárceles y centros de menores con el fin de potenciar el arte en sus vidas, algo que a su juicio debería enseñarse en todas las residencias.

«Hay que darles oportunidades a los jóvenes: Falta deporte, música, arte, no mirarlos como los niños oscuros. No están ahí porque quieren sino porque les tocó; yo llegué por protección y me trataron como delincuente al igual que a muchos, eso es algo que tiene que cambiar», enfatiza.

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