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Autor de la Foto: David Velásquez
Título/Pie de foto: No tiene hijos. «No se ha dado, nomás», explica.
El largo camino del humorista para ser actor y llegar al Festival
«Lo que me pasó no fue dramático», asegura. «Soy aperrado y me la jugué. Eso es todo», agrega.
Isabel Lamoliatte
Mide 1,76 metros y pesa 110 kilos. «Soy el más chiquitito de mi familia», asegura León Murillo, bien serio. Con esa misma seriedad dice que quiere aclarar ciertos mitos que existen en torno a él: «Nadie me conoce, pero he leído y escuchado cada historia sobre mí…»
-Derribemos mitos, entonces.
-No soy argentino. Pero la gente cree que sí. Tal vez porque me asocian mucho con Jorge Alis. Claro, nosotros somos amigos, casi hermanos y con él partí haciendo stand up hace diez años, pero tampoco soy su libretista ni me debe su carrera. Fui parte del equipo creativo de su presentación en el Festival el año pasado, pero él me ha ayudado mucho también. Hemos pelado el ajo juntos.
En sus 45 años de vida, el humorista León Murillo, que anoche debutó en la Quinta Vergara, tiene casi para escribir un libro. «Nací en Concepción, pero viví en Talca y a los 20 años me fui a Santiago. Me gané una beca en el Fortín Mapocho para estudiar teatro y viajé. Era mi sueño. Un domingo abrí el diario y vi mi nombre como el ganador de la beca. Lloré», cuenta y se quiebra.
León sigue con su historia: «Tú sabes que el mejor motor para lograr cosas es el hambre. Hice de todo mientras estudiaba. Escribía, fui copero, garzón y maestro de cocina».
-¿Lo pasaste mal?
-Estuve un invierno durmiendo en la Posta Central. No tenía ni un peso. A los 25 decidí lanzarme a la vida con mi oficio de actor. Dejé el instituto y empecé a estudiar solo. Y estaba en eso cuando la vida me pegó un combo en el hocico. Me quedé sin pega. Mis amigos me ayudaban mucho, pero de repente la vergüenza fue más grande que la necesidad y no quise molestar más.
-¿Pero por qué en la Posta Central?
-Fue el único lugar que encontré. No dormía envuelto en cartones, como salió por ahí. Caché que podía hacerlo en el hall central. Llegaba a las 11 de la noche y me iba a las seis de la mañana. Fingía que era familiar de un paciente, me tapaba con mi chaqueta y dormía sentado en una silla. Me despertaba a saltos cuando llegaban las ambulancias y los heridos. Era ridículo porque nunca me dijeron nada. Los guardias y las enfermeras cachaban, pero jamás cruzamos una palabra. Fue una relación muy transparente, pero en silencio.
-¿Cuándo se enteraron de esto tu familia y amigos ?
-Les conté tiempo después. Mi dignidad me impedía seguir pegándoles en la pera y a mis viejos, que seguían en Talca, no los quise preocupar. En algún momento logré encontrar pega como garzón, hice unas cositas de actor y dejé de domir en la Posta. ¿Sabes una cosa?
-Dime.
-Lo que me pasó no fue dramático. Le puede pasar a cualquier tipo de la clase media de este país. Acá los clase media siempre somos vapuleados, tenemos que vernos dignos, no demostrar nuestras emociones. Cuando dormía en la Posta no se me arrugaba el corazón ni tampoco pensaba: ¿qué hice para merecer esto? Me tocó, como también pasar hambre. Soy aperrado y me la jugué. Eso es todo. Tampoco digan que soy resiliente, porque odio esa palabra. Tan siútica que es.
En una de esas jugadas llegó a «Mekano» (Mega). «Fui guionista de las teleseries del programa ( Don Floro, Xfea2 y Escool ). Las escribía con Rodrigo González, que ahora es dueño del Comedy Restaurante, donde hago mis stand up».
En ese lugar se gestó su llegada al Festival: «Hace dos meses estaba haciendo mi stand up y llegó Álex Hernández (director del Festival de Viña y su ex jefe en Mekano ) a comer. A la semana me llamó. Y me dice: ¿Te animas a estar este año en el Festival? Mi primera reacción fue este Guatón me está palanqueando y decir un no rotundo. Después lo hablé con Mafa Donoso, mi pareja hace 15 años, y aquí estoy.


