Director del CEP analiza contundente victoria de José Antonio Kast
El amplio triunfo de José Antonio Kast en las últimas elecciones presidenciales no solo significó un cambio de gobierno, sino también una reconfiguración del mapa político chileno.
«Por primera vez en décadas, la derecha llega al poder con un programa explícitamente propio y con una unidad poco habitual entre sus distintas corrientes», dice Leonidas Montes, doctor en Economía y director del Centro de Estudios Públicos (CEP), quien aborda el nuevo panorama y el significado del resultado electoral.
¿Cómo ve a esta nueva derecha y el panorama que se abre tras la elección?
«Es un panorama de unidad, sin lugar a dudas. Después de la Primera Vuelta, los otros dos candidatos se unieron rápidamente. La actitud de Evelyn Matthei, reconociendo de inmediato la derrota, y de Johannes Kaiser poniéndose a disposición, habla de un sentido de urgencia. Hoy confluyen tres corrientes distintas: el conservadurismo, el liberalismo clásico y la corriente libertaria, que se reconocen como parte de un mismo proyecto político para reemplazar al actual gobierno»
¿Cuál es el mayor desafío que enfrentará esta nueva derecha?
«La derecha siempre ha tenido una sorprendente capacidad de pelear entre sus sectores desde el siglo XIX, con pugnas entre liberales y conservadores. Pero hoy este llamado a un gobierno de emergencia ha generado una especie de cemento social que augura mayor unidad. Siempre ha habido diferencias, pero hoy son nimiedades frente a lo que representaba una candidata del Partido Comunista. Existe un respeto irrestricto por la democracia institucional y una clara sintonía con los anhelos de la ciudadanía. Por eso las diferencias reales en el debate fueron mínimas. Veo más dificultades en la izquierda».
Pero el triunfo de Kast fue abrumador.
«Este resultado muestra que las demandas ciudadanas van claramente por la agenda histórica de la derecha: seguridad, crecimiento económico, inmigración. Además, este resultado refleja el fracaso del octubrismo, de la violencia y de ese espíritu refundacional que intentó construir otro país, olvidando lo que Chile realmente es».
¿El estallido social terminó beneficiando a la derecha?
«Finalmente sí. Fue bueno para la derecha y un golpe duro a la izquierda. Aún falta una reflexión profunda sobre el octubrismo. Hubo sectores que apoyaron abiertamente la violencia y otros que optaron por el silencio. Esa inflexión política tuvo consecuencias que hoy se reflejan con claridad».
En las elecciones municipales de 2024 la ciudadanía parecía más moderada. ¿Hoy, el voto fue por Kast o contra el gobierno?
«Es difícil responder, pero es evidente que existe un rechazo no solo a la élite, sino también a la política y al gobierno. Hay una ironía: la desaprobación del Presidente Boric terminará siendo similar a la que tuvo Piñera con el estallido social y la pandemia. Hay un fuerte componente de rechazo al gobierno saliente y, al mismo tiempo, de aprobación a la unidad de la derecha para recuperar seguridad, crecimiento, empleo y una mejor administración de la inmigración».
Se habla de que los chilenos se derechizaron. ¿Comparte esa idea?
«Chile hoy es muy distinto al del comienzo del gobierno del Presidente Boric. La mayoría aspira a los principios liberales que son: la vida, la libertad y la propiedad. Y eso tiene que ver con la seguridad en un sentido amplio, y con el individualismo».
Kast es el primer presidente desde el retorno a la democracia que votó por el Sí en 1988.
«Yo creo que eso ha trascendido. Durante el gobierno de Boric, la conmemoración de los 50 años del Golpe de Estado fracasó. Hoy, ganó un candidato de derecha con propuestas de derecha. Creo que esto es sano para el país, porque después de más de cincuenta años las nuevas generaciones están dejando eso atrás».
¿Puede Kast transformarse en el presidente de la unidad?
«Tiene una gran oportunidad. Los ritos republicanos que vimos el día de la elección como la llamada del Presidente, el reconocimiento rápido de la derrota y el rechazo transversal a la violencia son algo muy valioso. Esa amistad cívica fue puesta en jaque durante el octubrismo y hoy debe ser cuidada. Si la derrota se asume como una lección y no como una revancha, el futuro puede ser auspicioso».
¿Las altas expectativas pueden jugarle en contra?
«Se espera mucho, pero Kast ha sido prudente. El escenario fiscal será difícil y la fragmentación política es un desafío. Aun así, hay una gran oportunidad para que vuelvan las inversiones. Para eso también se necesitará una izquierda responsable, como lo fue la derecha cuando apoyó al presidente Lagos en momentos críticos».


