Ley mordaza en construcción de Valparaíso: obreros tienen prohibido tirar piropos

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El jefe de la obra más amarga del mundo tiene el apoyo total de sus muchachos

Lo más insólito es que en la vereda del frente se levanta otro edificio, donde los trabajadores tienen chipe libre.

Amargados y amordazados. Así tienen a los obreros de la construcción que ocupa toda una esquina de Avenida Argentina y la calle Victoria en Valparaíso. En este transitado lugar, el tradicional arte del piropeo, del mijiteo y de las silbatinas a las mujeres, está completamente prohibido.

Chica porteña que pasa, chica porteña ignorada, por mucho que la ligera ropa de verano haga irresistiblemente interesantes a las transeúntes del sector. Por más escote y piernas que pasen, las órdenes desde arriba están claritas: «Aquí no se grita nada, no se tiran piropos a la gente», dice Miguel Gallardo, el supervisor de la obra y autor de la inédita norma.

Según él, «aquí todos tienen que respetar», así que los pobres obreros deben mantenerse calladitos mientras trabajan. La censura corre incluso para las horas de descanso de los trabajadores, cuando suelen sentarse en patota en la transitada vereda de Avenida Argentina.

¿Le parece arcaico todo esto? Espere, siéntese y lea, porque viene algo peor: los mismos obreros están de acuerdo con la medida y le encuentran razón a su jefe. «Los piropos son muy ordinarios», dice cortante uno de los trabajadores que almuerza a la sombra del edificio a medio construir. «Dios dio los ojos pa' mirar, ¿qué voy a andar molestando?», lo apoya un colega.

Y realmente hacen caso, porque un silencio de cementerio es el que recibe a los pocos segundos a una chica de falda negra cuando pasa frente los obreros con cara de misterio. Ni «rica» ni «cosita» ni un silbido.

Raro panorama el de las muchachas que transitan por esta esquina, aunque hay algo aún peor: justo al frente hay otra construcción, donde los trabajadores echan la talla todo el día, tapan con piropos a las porteñas y miran como bichos raros a sus colegas amordazados.

«Guagua», «cosita», «mijita», son los piropos flash de los obreros del Colegio Salesiano, en la calle Don Bosco. Estos muchachos no tienen prohibiciones y se nota que gozan con el paisaje.

La diferencia es abrumante. Dos chiquillas pasan por el lugar y empieza el repertorio más nutrido: «Te falta la pura capa pa' ser Súper Rica», lanza un albañil y la confirma como su frase estrella. Las muchachas se tapan la cara, pero ríen. «Quién fuera paco, pa' meterla presa», grita otro y desata las risas de todos.

Sin embargo, todos se hacen los inocentes cuando se les pregunta por el rey piropero de esta construcción. «Vamos a tener problemas con nuestras señoras», comenta el obrero Máximus Álvarez.

Nicolás Brito asegura que en esta obra «todos tiramos puros piropos bonitos, aunque ahora se dicen cosas más ordinarias». De todas formas, Brito cree que a las mujeres les encantan los piropos. «Se hacen las lesas y miran pa' otro lado nomás», asegura y dice que la censura de los trabajadores de la otra obra «es una injusticia» que no se puede repetir en ninguna otra parte.
-Piropo histórico

«La palabra piropo tiene sus orígenes en una palabra griega que habla del fuego intenso y que también estaba relacionada con el color rojo del rubí», cuenta el periodista Héctor Vélis-Meza, acotando que los siglos acercaron el tema a la galantería. Meza recordó el histórico piropo de Enrique VIII a su futura mujer, Ana de Cleves: «Es una verdadera yegua flamenca».

-Obrero-lobo le dijo «auuuu» a la modelo

Extraño sonido hizo gozar a Jhendelyn

A Jhendelyn Núñez le llueven los piropos al caminar. Hace un tiempo escuchó uno inolvidable, que es el que más le gusta, y fue justamente cerca de Valparaíso. «Estaba en Viña del Mar y pasé por una construcción. Me aullaron como lobo. Fue súper entretenido», asegura la muchacha.

«Era un lobo-obrero», agrega la modelo y dice que apoya la erradicación de los piropos subidos de tono: «Si gritan cosas ofensivas, yo encuentro toda la razón para prohibirlos».

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