FOTOS DE REFERENCIA (Cargar Manualmente):
FOTO 1
Ruta: /2015/01/13/Cultura@1_G272JSGH9_1_100_13_1301.jpg
Título/Pie de foto: En la colección, José Pablo Concha incluye registros de Santiago nocturno.
Parte de la colección de José Pablo Concha
Al autor no le gusta exhibir sus registros porque se toma demasiado en serio el oficio.
Fabián Llanca
En su calidad de profesor de estética de la Universidad Católica, José Pablo Concha se especializa en teoría de la imagen. Ha escrito artículos al respecto y su producción académica, hasta ahora, había ocultado en cierta manera su gusto más directo y menos racional por la fotografía.
En este contexto, Nada que decir resulta una sorpresa pues se trata de su primer libro de imágenes, editado por el sello mendocino El Amante Universal, que cruza la frontera que existe entre la teoría de la academia y la práctica del oficio fotográfico.
La publicación de Concha, doctor en filosofía, contiene registros personales de diversas locaciones que por primera vez divulga en formato impreso. Hay figuras difusas, entornos opacos y locaciones solitarias. Aparentemente son momentos en que no ocurren grandes cosas, aunque da la sensación de que algo sorpresivo sucederá.
-¿Cómo maneja el ir y venir entre la teoría y la práctica?
-El fundamento de mi trabajo fotográfico es mi reflexión teórica. Esto no significa que esté haciendo teoría desde las fotos, sino que la manera en que pienso la fotografía tiene como resultado este tipo de imágenes. Ahora, la conciliación entre este ir y venir, como tú dices, para mí no es difícil porque son dos partes de lo mismo.
-Usted prefiere la fotografía contemplativa, aunque en muchas imágenes pareciera que algo extraordinario va a ocurrir. ¿Es esperar el instante único que nunca llega?
-Es interesante esta manera de verlo. Esa inminencia creo que es un estado frecuente, es una manera de existencia que, por un lado, nos mantiene alertas, pero por otro nos frustra. Percibir fotográficamente el anhelo de ese instante único es mostrar nuestra fragilidad de sentido.
-¿El título tiene que ver con los silencios?
-El título tiene que ver con un asunto propiamente fotográfico, con la imposibilidad de acceder al sentido de lo fotografiado. No tengo nada que decir de las particularidades fotografiadas, de esas soledades, de esos rostros, pero todos ellos me permiten construir cierta narración que se levanta alegóricamente.
-¿Por qué no suele mostrar sus fotografías?
-Porque la fotografía es lo suficientemente seria para mí, como para mostrar algo en lo que no crea. Para mí la fotografía es un lenguaje que va mucho más allá que un conjunto de fotos buenas o bonitas. La fotografía es un sistema simbólico que requiere reflexión, pausa, compromiso serio con lo que uno es, por lo tanto no sirve estar mostrando frecuentemente fotografías desarticuladas, que sólo respondan a criterios de gusto.
-Santiago aparece como una ciudad opaca y en pausa. ¿De dónde surge esta visión que tiene de la gran capital?
-Hay algo de opacidad, de penumbra. Me interesa la penumbra como lugar existencial, es un espacio medio, es como la representación luminosa de la rutina; es un lugar en el que todos debemos estar la mayor cantidad de tiempo para desde ahí acceder a lo extraordinario.
Capital nocturna
En el libro de José Pablo Concha aparecen locaciones reconocibles como el malecón de La Habana, en Cuba, o Manhattan, en Nueva York. Hay capturas en variados puntos geográficos como Barcelona, Ciudad de México, el lago Budi, Valparaíso y versiones nocturnas de esquinas de Santiago. «Todas las fotos de esa serie fueron tomadas de esa forma azarosa, encontrándome con ellas y no como resultado de un ejercicio o un postulado teórico previo», argumenta el autor.


