Lo que le está ocurriendo al Presidente ya su gobierno no es obra del destino ni porintervención divina.
Llueve sobre mojado en La Moneda. Y todo gracias a Democracia Viva. En solo una semana se le asignó responsabilidad política al ministro Montes, la justicia emitió una orden de captura para dos militantes de Revolución Democrática, la ministra Tohá explotó en ira, la PDI arrestó a un indultado presidencial, como guinda de la torta, el Ministerio Público declaró al mano derecha y jefe de asesores del Presidente, Miguel Crispi (RD), como imputado.
Algunos dirán que es mala suerte, que es imposible que tantos hechos se den en tal secuencia justo antes de un plebiscito. Dirán que Gabriel Boric no se lo merece, y que su gobierno tampoco. Insistirán en la presunción de inocencia y culparán a todos por lo ocurrido. Propondrán que si todos son culpables nadie es culpable y, eventualmente, terminarán pidiéndoles a las personas absolver a los inocentes.
Y, aunque se entiende la motivación política tras lo descrito, es simplemente irreal pensar que lo ocurrido tiene algo que ver con la suerte. La verdad es que en la política la suerte no existe, se fabrica. Lo que le está ocurriendo al Presidente y a su gobierno no es obra del destino ni por intervención divina, es por mera negligencia. Si el Presidente está en la situación en que está, es por hacer las cosas mal.
Nadie obligó a Boric a mantener a Montes en Vivienda ni a Tohá en Interior. Nadie lo obligó a proteger a los militantes de Revolución Democrática ni menos moverlos de cargo en cargo para protegerlos. Ciertamente nadie lo obligó a instalarlos el seno de la presidencia, como lo hizo con Crispi. Si el Presidente hubiese hecho lo correcto desde el principio, y hubiese removido a cualquier persona con cualquier tipo de vínculo con el escándalo de corrupción que se libra, no estaría donde está ahora.


