Álvaro Iriarte, director de contenidos de Res Publica, sobre el camino que tomará Venezuela
El analista internacional apunta a una de las preguntas que han surgido luego de la acción de captura del líder Nicolás Maduro: cómo seguirá en adelante la situación política del país, ahora con la presidencia interina de Delcy Rodríguez, antigua vicepresidenta del gobierno chavista.
«Definitivamente esta intervención de Estados Unidos en Venezuela tiene características muy diferentes a otras intervenciones históricas de Estados Unidos. La última intervención en América Latina fue en Panamá en 1989. Ahí, estados Unidos se preocupó de que el candidato opositor a Noriega, que era Guillermo Endara, asumiera como presidente, además del despliegue de efectivos para tomar el control del país. En el caso de Venezuela, la situación es muy distinta. La intervención solo se limita a sacar desde Caracas y llevar a Estados Unidos a Nicolás Maduro y, por lo tanto, el proceso no tiene asociado la ocupación del país ni mucho menos la instalación de un gobierno», explica Álvaro Iriarte, director de contenidos del instituto Res Pública, abogado y Master of Liberal Arts de la Universidad de Chicago.
El analista internacional apunta a una de las preguntas principales que han surgido luego de la acción de captura de líder Nicolás Maduro: cómo seguirá en adelante la situación política en Venezuela, ya que hasta ahora la nueva cabeza del gobierno es Delcy Rodríguez, antigua vicepresidenta del gobierno de Maduro y que es una alta figura dentro de lo que ha sido el régimen chavista. Para Iriarte, esta diferencia es la que hace que esta acción entre en «un territorio absolutamente inexplorado» y otorgue una incertidumbre de lo que va a pasar en Venezuela. «Ahora lo único que sabemos a ciencia cierta es que cayó Maduro, pero no el régimen chavista», dice.
¿Cuál cree que será el papel de Delcy Rodríguez?
«El gobierno de Delcy Rodríguez no es un gobierno que instaló Estados Unidos ni es una persona que dependa de Estados Unidos para mantenerse en el poder. Por lo pronto, es un régimen de transición de un gobierno con Nicolás Maduro a la cabeza a un gobierno sin Nicolás Maduro a la cabeza. Es un gobierno de transición interna del chavismo. Desde la perspectiva de un gobierno democrático y del fin de la dictadura, son palabras de mucho más largo aliento».
¿Por qué EE.UU. ha elegido este camino y no una intervención como las vistas en décadas pasadas?
«Yo creo que la respuesta no tiene que ver tanto con el derecho internacional como con la política interna de Estados Unidos. La opinión pública de los Estados Unidos ve de forma muy crítica una intervención norteamericana con gasto y un despliegue de efectivos militares con costo de vida de sus ciudadanos. No existe un espacio político para generar situaciones como las de Irak o Afganistán, en donde Estados Unidos ingresa, invade, captura al dirigente respectivo, instala un régimen de transición y luego se queda dando el apoyo para que este gobierno se instale, con más o menos éxito. En el caso de Afganistán pareciera ser un fracaso rotundo, ya que volvieron los talibanes, en el caso de Irak es un éxito mediano. En ese contexto, nunca ha estado dentro de las posibles discusiones una operación de este nivel en Venezuela».
Estados Unidos ha dado claridad de que tendrá una presencia comercial en cuanto a empresas petroleras. ¿Cuál es el rol de estos intereses en esta acción?
«En la actualidad, Estados Unidos importa solo el 40% del petróleo que consume. De ese 40%, los principales socios que importan petróleo a Estados Unidos son Canadá, México y Arabia Saudita. El petróleo de Venezuela hoy día corresponde solo al 2% de las importaciones de petróleo de los Estados Unidos. Desde esa perspectiva, no es que Estados Unidos necesite con desesperación el crudo que pueda producir Venezuela y eso cambia un poco la dimensión en la que hay que entender el rol del petróleo: aquí el petróleo tiene otro factor, que es un factor geopolítico. Estados Unidos no quiere que las reservas de petróleo queden a disposición de sus enemigos».
Desde el congreso norteamericano y a nivel internacional hay cuestionamientos a la legalidad de la intervención…
«A Estados Unidos no le interesa justificar su acción dentro de la normativa internacional vigente ni tampoco va a entrar en la discusión sobre si esto es legal o no conforme al sistema internacional. La única preocupación de la administración Trump es la evaluación de legalidad, de constitucionalidad desde de la óptica interna de los Estados Unidos y en ese sentido, el argumento que se ha esgrimido desde la Casa Blanca y luego desde el Departamento de Estado es que aquí existió una operación a gran escala para capturar a un narcoterrorista que está siendo acusado en un tribunal de los Estados Unidos».
¿Cree que hay cierta decepción en la oposición venezolana, respecto a que Estados Unidos no haya acompañado la instalación de un gobierno de su sector?
«Creo que la esperanza entre la oposición sigue viva, quizá esto permite energizar al sector de que hay un proceso y un camino, pero, finalmente, es un tema de expectativas y de intereses. Es probable que ellos esperaran que Estados Unidos se quedara para respaldar el proceso de transición, pero esa no es su intención, porque les significaría problemas a nivel interno y por el costo que eso tiene a los ojos de la opinión pública. Puede haber cierta decepción, pero también puede que lo vean como una señal o una ayuda. Es decir, saco a Maduro, me lo llevo, lo proceso y ahora ustedes tienen que hacer su parte. También puede ser que permite conocer el verdadero poder de la oposición, porque en la práctica parte importante está fuera del país, no tiene un control efectivo. Y el chavismo tiene el control efectivo del territorio y eso Estados Unidos lo sabe».


