Lola Melnick habla del infarto que sufrió en Brasil: «Tengo que aprender a vivir, no a sobrevivir»

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La ucraniana ya había tenido episodios parecidos

Me dieron tratamiento provisorio, que no es específico, ya que no sabemos específicamente cuál es la causa, relata la bailarina.

«Vengo de varios episodios». Con esa frase, Lola Melnick (43) inicia el relato del complejo proceso de salud que terminó con un infarto en Brasil y que se arrastra desde los primeros meses de la pandemia. El primer episodio ocurrió cuando viajó a Chile para visitar a su exesposo, a comienzos del Covid-19. La idea era quedarse solo unos días, pero el cierre de fronteras la dejó varada cerca de siete meses, sin poder regresar a Brasil. Tras ese largo encierro, finalmente volvió al país carioca, retomó sus trabajos y, pocos meses después, vivió su primera crisis grave.
«Me desmayé unas tres veces en el mismo día. Todo el mundo pensaba que era un ataque de pánico», dice.
Fue un funcionario del edificio donde trabajaba quien advirtió la gravedad de su estado y decidió llevarla en su propio auto al hospital, ya que solicitar una ambulancia en plena pandemia no era lo más recomendable. «Estuve tres días sedada», recuerda. Tras realizarle un electrocardiograma, los médicos confirmaron que había sufrido un episodio cardíaco fuerte y le solicitaron más exámenes para determinar las causas, estudios que, hasta la fecha, no se ha realizado.
Con el paso del tiempo, los síntomas no desaparecieron, sino que se intensificaron. «Los episodios fueron avanzando, en el sentido de que cada vez eran más comunes e intensos, pero yo lo atribuía todo a ataques de ansiedad, nerviosismo, a la vida que estamos llevando, al trabajo, a todo», recuerda.
La situación se volvió crítica la madrugada del 29 de diciembre recién pasado: «Venía de un ritmo terrible de trabajo. Tuve las peores horas de mi vida. Me pasó de todo: me había desmayado, era horrible la sensación, nunca lo pasé tan mal como aquella madrugada».
En medio del malestar, logró contactar a su mejor amiga y, horas después, una ambulancia la trasladó al hospital, donde le diagnosticaron un preinfarto. Aún así, continuó con su vida habitual, trabajando durante Año Nuevo y ensayando intensamente para el espectáculo de circo que protagonizó este fin de semana.
El viernes 16 de enero, sin embargo, su cuerpo dijo basta. «Simplemente empiezo a sentir algo raro. Dije algo está pasando y no voy a esperar a que pase a algo mayor. Llamé a mi equipo de trabajo, llamaron la ambulancia y ahora sí que tuve un infarto», cuenta. Ya hospitalizada, la respuesta médica fue inmediata: «En el hospital me estabilizaron, para que no me fuera (a morir), me hicieron todos los exámenes y actuaron rápido».
Lola estuvo internada un par de días y convenció al equipo médico de poder ir a descansar a la casa, con la promesa de hacerse finalmente los exámenes que expliquen la razón de sus episodios y del infarto como tal, pero aún no los ha hecho.
«No los he hecho porque no tengo tiempo, tengo que trabajar. Salí del hospital y partí a trabajar, entrenamientos para el circo, no tengo tiempo para estar enferma. Aparte de este trabajo, tengo otros compromisos que cumplir. Tengo un viaje a África ahora en abril, que es una expedición que vamos a hacer para ayudar a la gente local. No tengo tiempo», dice.
¿Le recomendaron bajar la carga laboral? 
«Sí, obvio. Los médicos hacen su parte, pero la paciente es la que tiene que cumplir con eso. Me dieron tratamiento provisorio, que no es específico, ya que no sabemos específicamente cuál es la causa».
¿Qué reflexionó de esta situación? 
«La gente que entienda que esto no es un chiste y que al primer síntoma tiene que ser responsable, ver la causa, no automedicarse, no pensar que esto va a pasar, porque solo empeora. Yo no como carne roja, blanca, soy vegetariana.
Tengo colesterol alto, pero no tiene que ver con la alimentación. Soy bailarina desde siempre, constantemente hago deporte, estoy muy activa. Entonces, ¿es raro? Sí. Mi mamá era una persona que tenía problemas cardíacos, mi hermana tiene también, entonces hay una cuestión genética. De la vida igual, yo no paro nunca, hay nerviosismo, ansiedad, ajetreo de la vida».
¿Le da miedo que vuelva a pasar?  

«Claro. Más que miedo, es un aviso de que a veces hay que parar, cosa que no he hecho todavía, pero que hay que parar a veces, repensar ciertas cosas, relajarse. Siento que tengo que aprender a vivir, no a sobrevivir, como siempre se hace».

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