El Madrid de las remontadas sigue vivo tras quedar contra las cuerdas: 2-1 ganó el Bayern
El campeón de Alemania alcanzó a estar 2-0 con goles de Díaz y Kane. Mbappé logró descuento de oro para la revancha.
En el Santiago Bernabéu se vio este martes una de esas noches en que el fútbol recupera su condición de gran relato popular: cine, combate y tratado táctico sobre el césped. Bayern Munich ganó 2-1 la ida de los cuartos de final de la Champions y firmó una nueva actuación de equipo grande en su historia. El primer tiempo tuvo la vibración de las veladas europeas memorables y encontró su ficha en el gol de Luis Díaz, una maniobra con mecanismo de precisión: robo en la media, circulación rápida, Harry Kane descargando de espaldas con ese talento suyo para dar aire a la jugada, pase filtrado de Serge Gnabry a la carrera y el colombiano rompiendo hacia el espacio para rematar raso, seco, afilado.
El 1-0 recompensó una superioridad visible en la presión, en las vigilancias, en la manera de inclinar el campo y de empujar al Madrid hacia zonas de intrascendencia. El Bayern jugó con energía de escuadrón ofensivo y con una disciplina que le dio cuerpo a su valentía. Entonces llegó el segundo acto y el partido se convirtió en una de esas peleas de Rocky Balboa con Apollo Creed, donde los hombres intercambian metralla con la convicción de que nadie ha viajado hasta ahí para especular. A los 46, Aleksandar Pavlovic metió un anticipo feroz en la zona media, Michael Olise emprendió la carrera por la derecha y Kane apareció en la frontera del área para sacar un remate limpio. A 23 segundos del reinicio, el 2-0 abrió una fase de descarga continua: golpe, réplica, carrera larga, transición, llegada, amenaza, otra vez la vuelta completa del campo como si el encuentro se hubiera desatado de cualquier prudencia.
El Bayern vio pasar varias veces el tercer gol por delante de sus ojos. La eliminatoria pareció estirarse a su favor en más de una secuencia. Un control largo, una definición apenas desviada, un cruce salvador. Y, sobre todo, Manuel Neuer en el arco, atento al inicio de cada salida. Pero el Madrid siguió vivo, respirando con ese orgullo que ha convertido sus noches europeas en una colección de resurrecciones. La entrada de Jude Bellingham agitó el corazón del partido. Con él cambió la temperatura de las posesiones blancas, apareció un mando nuevo en tres cuartos y el Bernabéu empezó a reconocerse en su liturgia favorita: empujar la realidad hasta volverla un lugar inflamable. Fede Valverde se multiplicó para ofrecer líneas de pase y para fabricar superioridad en los apuros. Kylian Mbappé halló el descuento en una jugada nacida de esa nueva corriente merengue y puso el 2-1 con la violencia precisa de los grandes delanteros.
Desde ahí el partido alcanzó una velocidad moral, una clase de vértigo que obliga a mirar sin pestañear. Neuer se hizo estatua con intervenciones de arquero imperial, sosteniendo una ventaja que por momentos parecía suspendida sobre el vacío. El Madrid atacó con hambre, el Bayern respondió con oficio y con la serenidad del que todavía conserva un hilo de mando. Da gusto ver partidos así porque cada acción trae una pequeña lección de juego. Los anticipos de Pavlovic enseñan el arte de llegar antes sin cometer una imprudencia. Kane ofrece esa sabiduría del nueve que convierte una pelota incómoda en una estación de paso hacia algo mejor. Valverde da una clase acelerada sobre cómo generar superioridad en un incendio.
En noches así los errores también cuentan la nobleza del juego. Humanizan a los futbolistas, les dan espesor, los obligan a inventar una reparación inmediata, casi divina, en la siguiente acción. El resultado dejó al Bayern con ventaja y al Madrid con la promesa intacta de otra noche volcánica en la vuelta. Quedó también una certeza hermosa: el fútbol todavía sabe alcanzar esa altura en la que cada toque parece una idea y cada carrera una revelación.
En el otro duelo de la jornada, Arsenal venció a domicilio a Sporting de Lisboa (1-0). Este miércoles juegan Barcelona con Atlético Madrid en el Camp Nou y PSG contra Liverpool en Parc des Princes.


