Isla de Pascua vivirá hoy lo mismo que Putre hace 16 años
Uno de los más recordados es el que se observó en Santiago, en la mañana del domingo 12 de octubre de 1958.
«Hace años me tocó ver un eclipse parcial en Pedegua, cerca de Valparaíso. Se oscureció bastante y las gallinas, literalmente, se fueron a acostar, junto con todos los demás pájaros. A los pocos minutos se tuvieron que volver a levantar. No entendían nada», recuerda riéndose el ingeniero mecánico Gastón Nieto, astrónomo aficionado de la Asociación Chilena de Astronomía y Astronáutica (Achaya).
Son las curiosidades, anécdotas e historias que rodean a estos eventos, y que de seguro hoy, a partir de las 12 horas y 40 minutos (cuando el extremo del astro rey toque un extremo de la Luna) se repetirán en el eclipse total de sol que se observará en Isla de Pascua, hasta donde se desplazó un enorme contingente de científicos, periodistas y fanáticos de la penumbra.
«Son circunstancias muy notorias y hermosas. Yo tengo la suerte de haber visto varios eclipses de sol», agrega Nieto.
Claro que, obviamente, no será la primera vez que Chile se solace con esta verdadera fiebre astronómica, en realidad de larga data.
Según el boletín de la Achaya, el debut criollo fue con el eclipse de luna de 1582, cuando el soldado Pedro Cuadrado Chavino, a instancias de la Corona, calculó la ubicación de Valdivia valiéndose del antiguo método griego para medir longitudes geográficas mediante los eclipses.
Rumbo a Putre
Uno de los eclipses totales de Sol más recordados es el último, que ocurrió el 2 de noviembre de 1994 en la localidad de Putre, a 145 kilómetros de Arica, aunque en esa oportunidad hubo científicos que de todos modos quedaron decepcionados porque las inocentes nubes hicieron fracasar varios experimentos.
«Las 9 horas 18 minutos y 23 segundos fue el momento más esperado, cuando la Luna ocultó completamente al Sol. Hubo gritos, aplausos, abrazos, flashes fotográficos y hasta algunas bengalas, mientras siete mil personas gritaban y bailaban en una intensa semi-penumbra», publicó aquella vez el diario «La Segunda».
«El Mercurio» agregó que «Chile pareció detenerse. En Santiago, el Presidente de la República, Eduardo Frei, retrasó su reunión de gabinete para observar el fenómeno junto a algunos de sus ministros en un balcón del Patio de las Camelias. En el centro de la capital se observaban verdaderas aglomeraciones en lo alto de las torres, donde se reunieron ejecutivos, empleados y obreros para mirar el espectáculo, compartiendo los lentes especiales».
Luis Barrera, doctor en astronomía, profesor del departamento de física de la UMCE y asesor del Planetario de la Usach, cuenta que «un eclipse total siempre produce ese grado de expectación y de ansiedad. Yo recién venía llegando desde Alemania y viajé de inmediato a Putre, donde fui una de las personas que lo comentó para Canal 13».
Agrega que «para que la gente se haga una idea, se oscurece el cielo, pero no como en una noche normal. Aunque se ven estrellas, en el horizonte también se aprecia una especie de crepúsculo, y el resto del cielo no es negro, sino oscuro a plomo».
A mitad del Siglo XX
El otro eclipse recordado y profusamente difundido por la prensa fue el observado el domingo 12 de octubre de 1958. En esa oportunidad «El Mercurio» escribió: «Con exactitud matemática, tal como se había anunciado, ayer, a las 18 horas, 34 minutos y 3 segundos, se produjo uno de los acontecimientos más importantes en el campo astronómico».
La publicación agregó que «en la capital la gente se instaló en los lugares elevados, como los cerros Santa Lucía y San Cristóbal, así como también en terrazas y rascacielos, para poder seguir el interesante fenómeno de la naturaleza».
Erich Heilmaier, en ese momento director del Instituto de Física y Astronomía de la Universidad Católica, manifestó que «fue un eclipse perfecto, el mejor que he visto en mi vida. La corona fue aún mayor de la que esperábamos como consecuencia de la gran actividad solar, la mayor en 280 años de observación científica coincidente con un fenómeno de esta naturaleza».
Para quienes no estén hoy en la Isla de Pascua (donde el momento máximo del eclipse ocurrirá a las 14.08 horas), el astrónomo Luis Barrera advierte que «el eclipse total de comenzará a verse en Santiago a 16 horas y 25 segundos. En el sur, en Puerto Aysén, el contacto entre los dos discos empezará a las 15.47 horas con 33 segundos. En Punta Arenas se iniciará a las 15.42 y en Arica lo hará a las 16.25».
La duración de la fase total del eclipse será de 4 minutos y 41 segundos. Es de esperar que las nubes y el viento acompañen a los científicos en Isla de Pascua.
-«Se oscurece el cielo, pero no como una noche normal, sino como una especie de crepúsculo», explica Luis Barrera.-Hasta el 2064
El próximo gran eclipse total de sol en Santiago ocurrirá el 12 de agosto del año 2064, a las 14.57 horas, vale decir justo sobre nuestras cabezas. Será espectacular. Y el siguiente se producirá el 7 de agosto del 2594, a las 09.44. Quién sabe cómo estará el país en ese entonces.
-Cristóbal Colón y sus marinos comieron gracias a un eclipse
Curiosidades de la astronomía y del descubrimiento. En junio del año 1503, dos después de que Cristóbal Colón partiera en un nuevo viaje hacia América -que a la postre sería su cuarta y última travesía- sus carabelas sufrieron varios motines y percances que finalmente lo obligaron a atracar en la isla de Jamaica. Allí, en un primer momento, los nativos los recibieron de la mejor manera, pero al poco tiempo comenzaron a negarles la comida y el agua a cambio de los tradicionales trueques de baratijas que los españoles estaban acostumbrados a ofrecerles.
Fue entonces cuando Colón -según el mito-, asustado por el hambre y los crecientes motines, habría utilizado un almanaque que Johannes Müller von Königsberg, más conocido como Regiomontanus (un importante matemático, astrónomo y astrólogo alemán), publicó antes de morir.
A través de las notas del científico se enteró de que por esos días ocurriría un eclipse lunar, así que amenazó a los oriundos diciéndoles que les quitaría la Luna si no le daban comida. El eclipse efectivamente tuvo lugar la noche del 29 de febrero de 1504 y los asustados nativos terminaron entregándole todo lo que Colón les pedía para que no se las quitara de nuevo. O así al menos se cuenta.
-Las seis alineaciones totales que alborotaron Santiago
L uis Barrera, doctor en astronomía, profesor del departamento de física de la UMCE y asesor del Planetario de la Usach, explica que durante los últimos dos mil años se han podido observar seis eclipses totales de sol en Santiago.
«El primero ocurrió el 16 de octubre del año 171 D.C., a las 16.31 horas. Obviamente que de ése no hay ningún registro escrito ni se sabe cómo lo vivieron quienes habitaban este valle», cuenta el especialista.
El siguiente eclipse total fue el 11 de enero del año 316, justo sobre las cabezas de nuestros antecesores, a las 14.18 horas (en el momento de máxima superposición de los discos), con un ángulo de 68 grados sobre el cielo.
El tercero tuvo lugar el 24 de octubre del 561, casi de madrugada, a las 07.17 horas.
El cuarto ocurrió el 17 de noviembre del año 746, también sobre las cabezas de los pre-santiaguinos: a las 15.07.
Después de ese nos saltamos directamente al Siglo XX, porque el quinto eclipse total de sol pasó en nuestra época republicana y pudo ser observado en la capital el 20 de mayo de 1947, a las 08.10 de la mañana.
«Y el último, el sexto, fue el que se vio y estudió el domingo 12 de octubre de 1958», explica Barrera.
-Con la relatividad y la desviación de la luz de las estrellas
Cuando el astro rey y la Luna le dieron una manito a Einstein
Los eclipses totales no sólo son hermosos shows en el cielo, sino que también reportan información astronómica relevante. Sin embargo, la comunidad científica recuerda a uno en particular como un verdadero hito histórico. Se trata del que ocurrió en 1919 y que cambió para siempre nuestra comprensión de la gravedad.
El astrónomo Michael West, jefe de ciencia del Observatorio Europeo Austral (ESO) en Chile, explica que «dos siglos antes de ese eclipse, Isaac Newton sugirió que existía una fuerza de atracción invisible entre los objetos del universo llamada gravedad. Pero en 1915 Albert Einstein propuso una idea radicalmente nueva, según la cual la gravedad no era una misteriosa fuerza entre los objetos, sino una propiedad del espacio y tiempo».
Su teoría, que bautizó con el nombre de relatividad general, plantea que los objetos alteran el espacio y el tiempo alrededor de ellos, afectando los movimientos de otros objetos cercanos.
West agrega que «la nueva teoría de Einstein hizo una importante predicción: que objetos muy masivos, como el Sol, ejercen una influencia tan grande en el espacio que los rodea, que incluso la luz es desviada. De ser verdad, las estrellas distantes deberían aparecer en otra posición en el cielo cada vez que su luz pasa cerca del Sol rumbo a la Tierra».
-¿Y cómo se pudo medir?
– Si bien los cambios que predijo Einstein eran minúsculos, cabía una oportunidad de medirlos si las estrellas lograban ser observadas cerca del Sol. Entonces, el astrónomo Arthur Eddington se dio cuenta de que esto era posible en un eclipse, cuando el intenso brillo del Sol es tapado por la Luna durante varios minutos. Y en 1919 el mismo Eddington lideró un equipo que midió con éxito la desviación de la luz de las estrellas durante el eclipse total de Sol, confirmando así el postulado de Einstein. Debido a que la gravedad rige el universo, la relatividad general es el pilar de muchas de las actuales ideas en astrofísica, incluyendo el modelo del Big Bang y la existencia de agujeros negros.


