«Los plásticos biodegradables son una arma de doble filo»

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El duro diagnóstico de la oceanógrafa española Cristina Romera

La investigadora postula que su denominacióngenera en los consumidores la sensación errónea de que no contaminan

Que los océanos del mundo están contaminados con plástico, ya no es novedad. Basta pasear por cualquier litoral, incluido el antártico, para encontrar todo tipo de artilugios fabricados con polímeros moliéndose lentamente por la acción de las olas, hasta convertirse en microplásticos.

«Esas son los mismas partículas que comen los animales marinos y que llegan a nuestros cuerpos cuando los ponemos sobre nuestras mesas», advirtió la doctora en Oceanografía Cristina Romera, quien develó una verdad no muy conocida sobre los plásticos, tanto sobre los comunes, como los biodegradables.

Sobre los primeros, destacó que además de causar una gran mortandad entre los animales, que los comen por error o se enredan en ellos, los plásticos «comunes» contaminan químicamente los océanos.

Explicó que este tipo de plástico nunca es puro. «Siempre tiene más compuestos químicos, que son los que le dan las propiedades específicas que busca el fabricante, y que son los mismos que se van degradando hasta ser liberados en el medio marino», contó la investigadora, parte del Instituto de Ciencias del Mar, con sede en Barcelona, España.

¿Sin daño?

La investigadora también habló este martes en el Congreso del Futuro sobre el comportamiento real de aquellos plásticos etiquetados como biodegradables.

Aclaró que «no es que no se degraden», pero explicó que «el verdadero problema, es que para hacerlo se necesitan condiciones que raramente se dan en la naturaleza, como por ejemplo, una temperatura superior a 50° Celsius», por lo que una buena parte del plástico biodegradable que llega a los océanos, termina sumándose al problema.
«Los plásticos biodegradables son una arma de doble filo y lo seguirán siendo, en la medida que sigan generando esa sensación de que no contaminan, porque la realidad no es así», afirmó la científica española.

A eso hay que sumar un segundo problema. «Para procesar el plástico biodegradable, no se puede mezclar con otros tipos de plásticos, por lo que debería ser desechado aparte», dijo. Eso plantea un problema logístico extra para casi todas las ciudades del mundo, incluidas las chilenas.

Menos plásticos

Así las cosas, Romera postuló que el único camino posible para la humanidad, es bajar el consumo de todo tipo de plásticos.

«Si a esa reducción, le sumamos una mayor reutilización de los materiales, no solo podríamos reducir la producción de gases de efecto invernadero, sino que además protegeríamos a la fauna marina», alentó la autora de «Antropocéanos», libro de divulgación científica en que enseña el rol clave de los océanos en el cambio climático.

Aunque admitió que el actual panorama no es muy alentador, la joven oceanógrafa no se rinde en su lucha y hasta pone un buen ejemplo, para animar a las personas. «Desde que las personas empezaron a tomar conciencia del daño que los clorofluorocarbonos (CFC) producen a la capa de ozono, las industrias tomaron el mismo camino, lo que prueba que lo que tú haces sí tiene impacto en el planeta», sentenció.

Según Naciones Unidas, de mantenerse la actual tasa de recuperación de la capa de ozono -que nos protege de la radiación solar-, debería estar completamente repuesta entre los años 2040 y 2066.

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