Vivir al limite costó casi treinta veces menos que la fábula hiper tecnologizada que sucede en Pandora
Hace años que los votantes de la Academia no expresaban criterio y cordura como manifestaciones explícitas en los Oscar. El triunfo de «Vivir al límite», no sólo ubica a Kathryn Bigelow como pionera en la categoría de mejor director, sino que ofrece dudas respecto de que los profesionales y técnicos de la industria crean a pie juntillas que el futuro, tal como han planteado los grandes estudios y el mismo James Cameron con «Avatar», será exclusivamente en 3D. Es cierto, la irrealidad de la tecnología tridimensional es la excusa perfecta para que las masas retornen a la pantalla grande, pero a la luz de los galardones de «Vivir al límite» se siente que los artistas y artesanos de Hollywood aún optan por un toque humano en las producciones. La disputa personal entre Bigelow y Cameron, más allá de la curiosidad que provocan por ser ex pareja y que ella resulta notoriamente más creativa en el uso del lenguaje audiovisual que él, también denota que al menos este año el dinero no fue un factor decisivo al momento de votar, si se advierte que «Vivir al límite» costó casi treinta veces menos que la fábula híper tecnologizada que sucede en Pandora.
La entrega del Oscar cuenta con matiz político innegable y en esta ocasión el rasgo ideológico tampoco estuvo ausente a pesar de que el tiempo de la transmisión no dio espacio para encendidos discursos. El gran énfasis que se produce en la elección de «Vivir al límite», radica en que al ser un filme bélico actual, pero lejos del pacifismo que algunos puedan esperar, entrega una señal acerca de que Irak y Afganistán no son hasta ahora guerras perdidas para el inconciente colectivo gringo. La figura del héroe atormentado pero orgulloso de la llamada del deber que representa Jeremy Renner en «Vivir al límite» se asemeja más a los héroes que patrióticamente plasmaron actores como Audie Murphy durante la segunda guerra mundial que al eco lastimero que dejó en la industria el paso por Vietnam.
En el resto de los premios, destaquemos el acto de justicia realizado con el premio como mejor actor a Jeff Bridges, uno de los más grandes intérpretes hollywoodenses contemporáneos que no peca de estrella. La gran noticia para nosotros como industria en ciernes fue el galardón a mejor película extranjera para la argentina «El secreto de sus ojos», victoria discutible si se aprecia «The white ribbon» de Michael Haneke -favorita hasta el domingo en la noche-, pero que pone de nuevo la mirada del gran negocio en los confines audiovisuales latinoamericanos. Y eso sí nos ayuda en futuras postulaciones, si es que nos ponemos de acuerdo como país frente a la carrera del Oscar, y no nos dividimos como ocurrió con «La nana» y «Dawson: Isla 10».


