Hellmuth Sievers cuenta cómo hizo un legendario informe del cataclismo
Igual que testigos de un crimen, decenas de personas que el 22 de mayo de ese año estaban en Valdivia o en sus alrededores entregaron su testimonio ante dibujantes.
De las solapas lo agarró con fuerza y lo zamarreó una y otra vez, en la calle, cerca de la Aduana de Valparaíso. La gente que andaba cerca creyó que le iba a pegar.
El hombre que quedó con la cabeza dando vueltas era Hellmuth Sievers, jefe de la Sección Oceanográfica de la Armada, y como pudo tranquilizó a los curiosos. Todo estaba bien.
Para recopilar información sobre el terremoto del 60 en Valdivia, ocurrido pocas semanas antes, ese organismo estaba entrevistando a decenas de testigos. Uno de ellos era el hombre que parecía actuar como choro del puerto, que luego de entregar su testimonio fue acompañado a la salida por Sievers y no encontró una mejor forma para demostrarle cómo se había remecido la tierra en la ciudad de los ríos. «¡Así hacía el terremoto, así hacía el terremoto!», le decía mientras lo movía casi como saco de papas.
Ayer, en una conferencia en la Universidad Católica de Valparaíso, llamada «Terremotos gigantes y sus tsunamis», Hellmuth Sievers, máster en oceanografía, contó cómo él y su equipo hicieron ese gran informe, que fue publicado en el número septiembre-octubre de 1960 de la Revista Marina.
Buscaron donde pudieron, se consiguieron fotos que tomó la gente y entrevistaron a decenas de personas. Cada una de ellas entregaba su testimonio a un dibujante, para confeccionar lo que él llama «retratos hablados» de la tragedia.
«Teníamos seis dibujantes. Eran los mismos que hacían las cartas de navegación. Las personas decían que el agua había llegado más arriba, que los barcos estaban más hundidos. Todo eso quedó en dibujos», recuerda.
No solo hicieron planos detallados con la altura de las olas y la extensión de las inundaciones. También hay ilustraciones de los vapores que sucumbieron al maremoto.
Uno de los mejores datos se los entregó el gobernador marítimo de Valdivia: el dueño de una tienda de esa ciudad había sacado fotos de las olas desde un acantilado en Niebla. Sievers y un profesor de la Universidad Austral fueron a verlo.
«Se llamaba Luis Bernucci y tenía un negocio cerca del Teatro Cervantes de Valdivia. Le ofrecimos plata y nos dijo que no necesitaba, que ya tenía. Nos dijo que era soltero y que no tenía ninguna necesidad», recuerda Sievers.
Finalmente, Bernucci accedió. Eran 14 diapositivas que mostraban el recogimiento del mar en la bahía de Corral y la primera ola. No tenía más cuadros para captar las más destructivas, pero el testimonio fue calificado en la época como invaluable.
Ese informe fue la base de la mayoría de los estudios sobre el cataclismo del 60 y Sievers, a los 77 años, es hoy una especie de gurú de sismólogos y de oceanógrafos. Sus datos fueron traducidos a varios idiomas y los «retratos hablados» enriquecen decenas de estudios en todo el mundo.
Increíble episodio
«Yo puedo predecir uno grado nueve»
Al término de la conferencia sobre megaterremotos que se realizó ayer en la Universidad Católica de Valparaíso, un hombre de bufanda y sombrero pidió el micrófono entre el público. «Yo puedo predecir un terremoto grado nueve», dijo en el atiborrado auditorio y nadie lo tomó en cuenta. Su nombre es Alejo Salgado Arias y dice que es ingeniero de la Universidad Federico Santa María. Asegura que su sistema está basado en los ciclos solares y que el 2026 debería haber otro grado nueve en alguna parte del mundo. El problema es que no sabe dónde


