Inmueble tiene 18 mil metros cuadrados y cuatro pisos
El recinto nació como una manera de replicar en Chile los clubes de caballeros ingleses y lo decoraron con exquisitos muebles europeos.
El 17 de enero, la cantante Dua Lipa detuvo su estadía en Santiago para almorzar en un histórico edificio de la capital: el Club de la Unión. Este palacio ubicado a pasos de La Moneda y colindante con las calles Nueva York, Moneda y la Alameda ha marcado la historia de Chile tanto por los acuerdos a los que se llegaron ahí, como por su arquitectura y estética.
Originalmente el Club de la Unión se crea como un club de caballeros que seguía ideas europeas. «Era un espacio en que se junta la gente que toma las decisiones en el país y eso hace que sea un espacio muy relevante», afirma Luciano Ojeda, especialista en espacios urbanos de Santiago.
Sin embargo, actualmente el club se mantiene en una de las principales crisis económicas que ha vivido. El martes 6 de mayo el 28° Juzgado Civil de Santiago ordenó que se iniciara el proceso de quiebra de la emblemática institución.
«El estallido y pandemia de 2019 han sido uno de los golpes más duros, por el traslado de las grandes oficinas desde el centro a otras comunas, la baja en sus socios y el pago de indemnizaciones y finiquito», relata Guadalupe Irarrázaval, autora del libro «Club de la Unión. 150 años».
Un palacio innovador
Si bien el Club de la Unión como instancia de socialización capitalina se fundó en 1864, recién en 1917 comienza la construcción del inmueble que se conoce actualmente en la Alameda. Ojeda cuenta que no es hasta 1925 en que se entrega el palacio de aproximadamente 18 mil metros cuadrados, cuatro pisos, un zócalo y un salón de banquetes en la principal avenida de la capital. «Era un club muy al estilo inglés», agrega.
«El Club es el reflejo de la sociedad chilena de principios de siglo XIX, que miraba a Europa y quería asimilar sus gustos y costumbres. El mobiliario, vajilla, licores y ornamentos se trajeron del viejo continente. Los platos, la cocina y los juegos venían del viejo continente. Hasta el cocinero fue importado», explica Irarrázaval.
Así, el valor patrimonial del edificio no recae solo en su gran salón, la biblioteca, las 5 salas, el bar y 12 comedores que posee, sino que también en las obras artísticas que existen en su interior. «Hay una cantidad importante de artículos como estatuas, cuadros, jarrones, lámparas, faroles y cortinajes. Obras de Pedro Lira, Ramón Valenzuela Llanos y Álvaro Casanova, entre otros destacados pintores nacionales», cuenta Ojeda. «La riqueza del espacio es realmente impresionante» afirma.
Debido a su importancia arquitectónica y cultural, el palacio fue declarado monumento histórico en 1981. Los expertos explican que el palacio fue un edificio innovador para su época. «Tuvo los adelantos para su época como un ascensor, cabina telefónica, incorporó los cambios como la electricidad», dice Irarrázaval.
Club de caballeros
En un comienzo, el Club de la Unión era una instancia de relajo para los hombres aristocráticos del siglo XIX en la capital. «Era el lugar de encuentro de los caballeros donde podían pasar el día sin que sus mujeres pudieran molestarlos. Tenían lujos y actividades únicas como una gran piscina temperada en el subsuelo, peluquería y barbería, masajes, salas de billar y salones de juegos como bridge y póker», explica Irarrázaval.
La gente iba ahí a descansar y a relajarse. Los hombres de fines del siglo antepasado acudían y se hacían parte del Club de la Unión siguiendo la idea de que los clubes pueden ser una cosa muy privada, pero que también tienen la seguridad y todas las comodidades que podrían tener. En definitiva, era un lugar aristocrático de reunión de la gente elegante de Santiago, relata el experto en espacios urbanos.
Anécdotas
Durante los 161 años de existencia del Club de la Unión han sido diversos los personajes que han caminado por sus majestuosos pasillos y salones. Desde la ya mencionada Dua Lipa hasta Theodore Roosevelt y Nelson Rockefeller son algunos de los famosos que han dicho presente en el lugar, cuenta Guadalupe Irarrázaval.
Debido a la extensa trayectoria del edificio y del club, hay diferentes anécdotas que han marcado su historia. Por ejemplo, la escultora Rebeca Matte donó una escultura, Ulises y Calipso, y nunca pudo entrar a verla instalada en el edificio por la prohibición del ingreso de las mujeres, relata la autora del libro.
«Por otro lado, en el primer reglamento que rigió a la naciente institución había una condición para los nuevos socios: debían donar un libro para la creación de su biblioteca, la que fue creciendo en cantidad y calidad», recuerda.



