Los últimos días del hombre que murió y nadie supo cómo

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Los restos de Teodoro Clavijo Clavijo aparecieron 13 años después

Un sobrino cuenta que el alcohol lo volvió loco y una hermana, que quería dejar de ser una molestia.

Siete años antes de su trágico final, Timoteo Clavijo tuvo la claridad para tomar una decisión que cambió su vida: siguió un tratamiento para dejar el alcohol. Su sobrino, Patricio Díaz, cuenta que fue su mejor época: «Antes trabajaba un día y tomaba dos o tres, luego trabajaba otro y de nuevo tomaba, pero después del tratamiento se le veía más presentable y hasta tenía plata».

Don Timoteo era soltero, vivía en el sector Las Garzas de Marchigüe (Sexta Región), se dedicaba a la artesanía en mimbre, «o a cualquier pololito que le saliera por ahí», y lo llamaban «El poeta» porque le daba por inventar versos por ahí. «Caminaba por algún lugar, se le presentaba una situación que consideraba poética y componía un verso. La gente lo quería mucho», dice Díaz.

Pero el hombre es débil y más aún cuando cree no serlo, y don Timoteo, creyendo que ya tenía dominio sobre sí mismo, probó una copita de vino en una celebración familiar, al día siguiente otra, y así hasta quedar nuevamente atrapado en el vértigo del alcoholismo.

«Pero esta vez creo que se volvió loco. Cuando desapareció, llevaba 15 días tomando sin parar, y decía que lo perseguían, que lo querían matar», cuenta su sobrino. Una de las últimas frases que de él se recuerdan, es que «se quería matar para dejar de ser una molestia para la familia», según declaró una de sus hermanas a la Fiscalía de Pichilemu.

Cierto día de 1997, don Timoteo abandonó su casa y no se le vio más. Desde un principio se creyó lo peor. «Lo buscamos en cuadrillas de vecinos y familiares durante varios días, por los bosques, las quebradas y el tranque Malermo, pero nada. Incluso, siete años después trajimos a la síquica de Chimbarongo, que nos dijo que el cuerpo de mi tío estaba en el fondo del tranque. Lo buscamos con buzos y desaguamos parte del tranque, y nada. Pasamos 13 años sin saber qué había ocurrido».

El desenlace llegó por azar la tarde del viernes, cuando un pastor evangélico se encontró con unas pendas de vestir semienterradas en medio de una quebrada poblada de árboles. Descubrió que dentro de las ropas había un esqueleto humano cuyo cráneo se encontraba a pocos metros de ahí, una botella de vino vacía y, en la rama de un árbol, un cable amarrado. También había un carnet de identidad. El pastor sacó la cuenta: de estar vivo, Teodoro del Carmen Clavijo Clavijo tendría 80 años, pero todo indica que solo llegó a los 67, por otra de sus decisivas decisiones.

«Cuando desapareció, llevaba 15 días tomando sin parar»
Patricio Díaz, sobrino de don Teodoro

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