Con gol de Cecilio Waterman, el líder sacó 14 puntos de ventaja de su escolta a ocho fechas del final
A la misma hora que comenzó a rodar la pelotita en el estadio CAP de Talcahuano, Los Vikings 5 venían en pleno viaje de regreso a casa. Este viernes la banda de «Ese muerto no lo cargo yo» se presentó en La Batuta y por eso los músicos tuvieron que oír el partido por la radio. A la antigua, gritaron el gol de Cecilio Waterman, quien al minuto 30 segundos abrió el marcador en un contragolpe letal, que nació de un despeje de Juan Cornejo y que el panameño selló con un zurdazo exquisito ante la salida estéril del portero Rodrigo Odriozola en el único tanto de la victoria sobre Huachipato.
La carretera hacia el norte es sinuosa y por entre los cerros se fue la señal. «Fue terrible. Veníamos llegando a Copiapó, después de viajar toda la noche de Santiago, hasta que de pronto los teléfonos se activaron, la radio volvió y escuchamos que habían ganado uno a cero. Ahí paramos y en plena carretera nos bajamos y empezamos a saltar como locos. Estos es increíble y no hay palabras para describirlo», relató Ángel Núñez, director musical de los legendarios Vikings 5, que ya tienen compuestas dos canciones inéditas con las que esperan coronar esta campaña soñada del cuadro aurinegro.
Como todos en el puerto pirata, los músicos son parte de la euforia coquimbana. Alrededor de mil hinchas acompañaron al equipo de Esteban González en el fortín acerero, mientras que más de medio millar alentó a la distancia en el Sánchez Rumoroso, donde el alcalde Alí Manouchehri instaló pantallas gigantes para ver el décimo triunfo en línea del líder del torneo, que le sacó 14 cuerpos de ventaja a Palestino, por ahora su escolta, a ocho fechas del final. De ahí la euforia de los Vikings 5, que también son parte de la cruzada de no decir la palabra campeón para que el pan no se vaya a quemar en la puerta del horno.
«Nadie quiere hablar de… (campeón) justamente, pero lo sentimos y lo estamos viviendo. Por eso estamos preparando dos canciones, que las regalaremos al equipo el día que salgan… usted sabe, esa palabra que no queremos pronunciar», agregó Núñez, quien advirtió que el primer mandamiento para ser parte del grupo es ser hincha de Coquimbo.
¿Y cómo son esas canciones del título?
«Ya tenemos una lista y de hecho las estábamos cantando recién en el furgón de camino a casa con Franco Cortés y Edson Núñez, que es mi hermano. Estábamos perfeccionando el coro. Y la otra también ya viene en camino».
¿Cuándo las piensan estrenar?
«Apenas Coquimbo oficialmente sea… usted sabe. Habría sido ideal que esta campaña se coronara para las Fiestas Patrias, pero cualquier fecha es buena para lograr el anhelo de toda una vida. Ya son 67 años soñando con este logro, que toda la ciudad espera».
¿Y ustedes han ido al estadio a alentar al equipo?
«Yo soy súper sincero y fui al estadio hasta el año 90. Y una vez que Coquimbo empezó a perder, dije yo soy la mufa y me autocastigué. Pero mi hermano va, Pedro Barraza y Franco también van».
¿Pero si Coquimbo logra dar la vuelta tendrán que festejar en el Sánchez Rumoroso?
«Eso dele por hecho. Si logran cumplir la meta, el regalo será esta cumbia nueva con la que nos desquitaremos de la vez pasada cuando nos quedamos con la mesa servida».
¿Cómo así?
«Para la final del 2005, cuando Coquimbo definió el campeonato con la Unión Española, nosotros estábamos en el Parque OHiggins, que es la costanera de Coquimbo. Teníamos todo armado: bombos, serpentinas, un carnaval y nosotros en el escenario listos para el show, pero perdimos. Así que esa vez tocamos ¿Para qué llorar, para qué sufrir?. Así que esta vez esperamos que sea la revancha. Estamos muy cerca y se siente».
Una expulsión y otra que no fue marcaron el partido
Más allá del tempranero gol de Cecilio Waterman, el nuevo triunfo de Coquimbo se tejió en un partido marcado por dos expulsiones: una que dejó a Huachipato con diez recién a los 13 minutos de partido y otra que el VAR corrigió, por lo que el juez Mathias Riquelme sólo acabó amonestando a Bruno Cabrera, puntal de la defensa pirata. La primera incidió más en el trámite del encuentro, pues Lionel Altamirano dejó a los acereros sin su piloto de ataque por dejarse caer en el área, lo que el árbitro no dudó en sancionar. Con uno menos, el local tuvo que apelar al pundonor para al menos haber igualado el marcador, pero lo cierto es que el cuadro aurinegro siempre estuvo más cerca de haber ampliado las cifras que de haber resignado puntos.La acción curiosa del partido la protagonizó, para variar, el «Mono» Sánchez, a quien le lanzaron un sándwich desde la galería y, fiel a su locura, lo recogió y se lo comió.


