La intérprete es pareja del director de orquesta Paolo Bortolameolli, jurado en Viña 2025
Siento que ese cruce a un público más masivo es necesario. Encuentro hermoso poder potenciar visiones complementarias a través de ese amor común que tenemos con él por la música, reflexiona.
Sus grandes ojos color verde agua son llamativos entre su prolija chasquilla, su pelo oscuro ondulado y su piel blanca. María Gracia Aguilera luce clásica y tiene sentido, está en su último año de interpretación musical superior, con mención en canto lírico en la Universidad Alberto Hurtado. Por estos días disfruta de Viña del Mar acompañando a su pololo, el aclamado director de orquesta chileno Paolo Bortolameolli, tuvieron un paso por la Gala de Viña y ella lo acompaña cada noche a la Quinta Vergara.
Hace años que María Gracia cultiva una comunidad virtual en su Instagram (mariagracia.at, 11.000 seguidores) y en TikTok (at.mariagracia, 77.800 seguidores) donde, entre videos típicos de la plataforma como mostrar contenido sobre belleza y maquillaje, la cantante introduce videos mostrando teatros, vestuarios de producciones e informando sobre óperas y números de este género que le parecen interesantes en Chile y el mundo, siempre con un sentido pulcro y estético.
«Lo que me importa es la fusión, siempre he sentido que no hay mundos excluyentes. Todo de alguna forma se entrelaza, como la vida misma, llena de contrastes. No creo en casarse con una sola mirada ya que eso cierra puertas. Y por otra parte la palabra belleza para mí tiene una connotación mucho más amplia. Es hablar de estética y ésta permea todo lo que vivo», explica ella.
Existe el prejuicio de que la música clásica y la ópera sólo son para ciertos sectores.
«No creo en esos prejuicios, no los vivo en primera persona. Creo mucho en lo positivo que pueden aportar las redes sociales si es que las utilizas para generar comunidad consciente. Esa palabra me representa mucho, fue y sigue siendo lo que me motiva a estar ahí».
¿Cómo se le ocurre qué mostrar de este mundo docto?
«Desde la curiosidad personal. Quiero mostrar este mundo desde el otro lado. Detrás del escenario ocurre mucha magia. He tenido la suerte de poder colaborar con instituciones soñadas como el Teatro Municipal de Santiago o el Teatro del Lago en Frutillar donde literalmente puedo ser una especie de reportera de los procesos creativos. Me siento muy agradecida de eso, siento que ese cruce a un público más masivo es necesario y no es tan difícil como parece cuando nace de la curiosidad. Creo que engancha cuando alguien te cuenta lo que le mueve, lo que le motiva, lo que le ilusiona. Las redes sociales tienen esa energía positiva si conectas desde mensajes inspiradores».
Para usted, ¿la música clásica debería ser transversal?
«¡Lo es! La música clásica emociona mucho a la gente. Ese es el lugar donde tenemos que apuntar, luego viene la curiosidad y ahí debe haber divulgación para generar conversación de gustos, abrir espacios».
¿Cómo define su pololeo donde comparten estos mismos objetivos con Paolo?
«Encuentro hermoso poder potenciar visiones complementarias a través de ese amor común que tenemos por la música».
¿Cómo se conocieron con Paolo?
«Nos conocimos en tres etapas: primero en el backstage del Teatro Municipal, después nos volvimos a encontrar en un ensayo del (ciclo de música) Clásica No Convencional (CNC) y finalmente en la premiere del documental sobre el estreno de la Octava de Gustav Mahler en Chile. No había caso, era cosa de tiempo; el destino y la música insistían en juntarnos».
¿A usted sólo le gusta la música clásica?
«La música es algo que disfruto en todos sus estilos, escucho muchísimos géneros. La música clásica simplemente es la que escucho más porque me hace vibrar de una forma especial y distinta».


