Tras el estallido social y la pandemia, la Porotito Verde abruptamente quedó sin trabajo como bailarina
Le tomó cinco años pagar deudas, sus ahorros cubrieron sólo el 2020 y usó avances en efectivo de dos tarjetas de crédito para pagar el agua, sumado a una dura lesión que dificultó retomar su oficio. Hace dos años que trabaja en una AFP: Pude volvera comprarle el uniforme a mi hija.
«Me llamaron tres veces para Fiebre de baile, para las dos temporadas», reconoce María José Campos (48), la Porotito Verde, sobre el estelar de baile de CHV. La recordada bailarina de la «Mayonesa», quien prepara una gira local con el grupo Chocolate y el vocalista Charly Sosa, intérpretes del pegajoso tema (ver nota página 16), ahora tuvo que tomar una decisión práctica con dicha invitación y su trabajo estable como agente previsional en una AFP: «Traté de pedir tres meses sin goce de sueldo y no me dejaron. Yo soy mamá, no puedo renunciar y pensar que Dios proveerá ni que en el camino se arregla la carga. Cuando se acabe el programa, ¿qué hago? Hoy tengo un trabajo que me permite pagar mis cuentas y dormir tranquila porque terminé la pandemia con un nivel terrible de deudas».
Con franqueza, aquí María José Campos cuenta cómo comenzó a hundirse económicamente. «Hasta el 2019 pude vivir súper bien desde la danza. Hacía clases en empresas y tenía eventos, llegué a tener 23 en las que iba a trabajar, y no sólo hacía baile, sino que entendí el negocio y comencé a abrir talleres de yoga, ajedrez, fútbol, y llevaba a los instructores. Cuando vino el estallido social (viernes 18 de octubre) me golpeó fuerte, aunque lo comprendo perfectamente pues era algo que tenía que pasar. Al lunes siguiente me comenzaron a llegar correos que se suspendía todo hasta nuevo aviso. Como eran contratos a honorarios, cuando se acababa uno con una empresa, buscaba llenar ese espacio con otro, pero de un día para otro me quedé sin nada», recuerda la bailarina.
Una de las primeras acciones fue reactivar Verde Florido (@verdeflorido en Instagram), su pyme que nació a comienzos de 2019 por su gusto por las plantas, la jardinería y el paisajismo. «Empecé a hacer talleres presenciales, comenzaba a agarrar vuelo… Y llegó la pandemia. Ahí primero comencé a hacer talleres virtuales de zumba, pero de los cinco que hacía presencial ahora eran sólo dos virtuales a la semana, y empecé a inventar talleres de plantas también».
¿Cómo lo hizo en ese período?
«Tenía mis ahorros, siempre fui muy ordenada y eso me ayudó para el 2020. Pero ya el 2021 no había nada y empecé a sacar avances en efectivo de dos tarjetas de crédito de retail, de multitiendas, que antes de esto las usaba sólo para cosas en una cuota solamente o para juntar millas. Esos avances fueron para pagar el agua, no para comprarme ropa ni cremas. También empecé a usar la línea de crédito de la cuenta corriente, así que en 2022 estaba hasta las masas, en el -10».
En 2022, con las aperturas tras los confinamientos, «volví a hacer clases de baile. Pero yo tengo tres operaciones en la rodilla izquierda (por una lesión de ligamento cruzado), y tras mi primera clase terminé en un grito y en cama porque en la pandemia dejé de entrenar duro para tener la musculatura fortalecida que implica enfrentar este training. Ahí me fui a la B también porque tenía que trabajar una disciplina no compatible con mi salud. Eso también implicó un duelo porque el cuerpo no me respondía, sumado a que estaba muy mal económicamente. Comencé a entrenar fuerte de nuevo, pero esto no es inmediato y yo no tenía tiempo porque las cuentas y el colegio seguían».
Ese mismo 2022 aceptó entrar a competir en «Aquí se baila» (Canal 13), «que lo abordé súper lesionada (y en el programa se fracturó dos costillas), pero logré mi objetivo que era llegar a la final (quedó en segundo lugar) porque ahí te pagaban por semana, entonces logré llevarme un sueldo gordo porque estuve hasta lo último. Con eso recién pude ponerme al día en el colegio de mi hija, que era lo que más me atormentaba, pero tras pagarlo quedé en cero, aún con otras deudas y con las tarjetas a tope de los cupos».
La salida a estos vaivenes financieros comenzó en 2024 cuando empezó como agente previsional en una AFP: «Ahí comencé a respirar, a poder pagar de nuevo, a salir a flote. A fines de 2025 logré salir de las deudas, pagar todo, así que estoy agradecida de esta oportunidad laboral».
¿Cómo llegó a este empleo?
«La necesidad es hereje, y con una hija uno se las ingenia y hace lo que tenga que hacer. No hay opción que no sea lograrlo. Nunca se me había ocurrido mirar el rubro de las ventas, y es un súper buen lugar para una persona como yo que estudié Pedagogía en danza en la Universidad Arcis, Teatro en la Academia de Fernando González y tengo muchos cursos de paisajismo. Llegué ahí porque una de mis mejores amigas, que es sicóloga, trabajaba en ventas en esto, le pregunté, me enseñó y me comencé a abrir paso. Así que ahora tengo un trabajo que puedo hacer harto desde la casa, puedo ser una mamá súper presente como quiero, mi hija tiene 15 años y necesito estar encima».
María José, con la misma sinceridad, confiesa: «Este año pude volver a comprarle el uniforme a mi hija. Hasta el año pasado debí alargarle la basta y reciclar. Pagué y cerré esas tarjetas, y mi línea de crédito está perfecta. Por fortuna, durante todos estos años no tuve que pagar arriendo porque mi casa está pagada, y este año pude ponerle aislación al techo, que no tenía».
La Porotito Verde reflexiona: «Este año pude volver a ahorrar, a organizarme y me siento súper bendecida porque sé que lamentablemente no es la realidad de todos los chilenos que viven endeudados. Gracias a Dios salí de ahí y pretendo no volver. Siempre fui ordenada pero pasaron cosas que nadie esperaba. Yo creo que pocos salieron invictos de estos períodos. Hoy ambiciono cosas normales, proyectar unas vacaciones ricas con mi hija y mi mamá, y no pienso más allá. Tengo un auto antiguo que funciona perfecto, no planeo cambiarlo. Esos no son mis objetivos… Hoy estoy tranquila», cierra.