Fundador de Educación 2020 abordó la postura de Eduardo Artés sobre los estudiantes que lanzan bombas molotov
Cuando un alumno rompe un vidrio y lo expulsas, va a haber otro que lo va a romper, dijo el presidenciable.
Uno de los momentos de mayor tensión en el debate presidencial de este martes organizado por la Asociación de Radiodifusores de Chile (Archi), fue protagonizado por el candidato presidencial Eduardo Artés (PCAC). «Hay que estar con los alumnos y estaré incluso con aquellos que tiran la bomba molotov. Estaré con ellos porque son personas, son alumnos, no son delincuentes», declaró el presidenciable en la instancia radial (ver galería de fotos del debate en el link https://acortar.link/tP1bZW).
Tras un tenso diálogo con la periodista Soledad Onetto, el candidato planteó: «Estaré con ellos en mi calidad de profesor. Cuando un alumno rompe un vidrio y lo expulsas, va a haber otro que lo va a romper. A los alumnos tienes que apañarlos». La controvertida postura de Artés ha generado diversas reacciones sobre cómo se debería enfrentar la violencia escolar.
Mario Waissbluth, fundador de Educación 2020 y autor de «Educación para el Siglo XXI», aborda la postura del profesor Eduardo Artés. El especialista considera que desde hace unos 15 años que los «liceos emblemáticos fueron capturados por la Aces (Coordinadora Nacional de Estudiantes Secundarios), la organización estudiantil anárquica».
«Esos jóvenes, azuzados, muchos de ellos, por apoderados que pretenden vivir sus añejas epopeyas revolucionarias a través de sus hijos, ya prácticamente destruyeron el futuro de esos liceos», advierte.
Waissbluth agrega que: «Felizmente, hoy tenemos en Chile 300 Liceos Bicentenario, distribuidos en todas las regiones, que son los que le están dando oportunidades a los buenos alumnos», destaca.
Propuestas
En cuanto a qué medidas educativas y preventivas se deberían tomar para evitar que actos violentos se repitan, Waissbluth, señala acota: «Parto por presentarles mis respetos a los profesores que deben convivir con esas durísimas situaciones. Es fácil desde afuera dar consejos y pedir que se aplique todo el peso de la normativa y la ley, pero otra cosa es con esa complicada guitarra. En verdad, yo soy muy pesimista respecto del futuro de los liceos emblemáticos, a pesar de ser egresado de uno de ellos, el Lastarria».
Cruzar límites
María Teresa Romero, directora Ejecutiva de Fundación Escuelas Abiertas y profesora de la Pontificia Universidad Católica, acota que «los dichos del señor Artés resultan profundamente preocupantes desde una perspectiva de política educativa seria. Si bien el acompañamiento es una pieza clave en la convivencia escolar, su propuesta debe ir de la mano de responsabilidad, de expectativas claras de comportamiento, y de intervención oportuna cuando los estudiantes cruzan el límite de la convivencia», plantea.
La especialista comenta que «la educación no puede tolerar ni relativizar acciones que ponen en riesgo la seguridad, el aprendizaje y la comunidad escolar. Acompañar no significa justificar la violencia. La escuela cuida, educa y pone límites. Sin eso, dejamos solos a los niños», agrega. Para la experta en temas de educación, el problema ya no es algo aislado. «Lo que observamos es una propagación de dinámicas de violencia extrema que afectan no solo a los implicados directos, sino al ambiente escolar completo. En ese sentido, incluso los estudiantes que «solo van a clases, hacen la tarea y respetan las reglas» se ven afectados, ya que pierden la estabilidad del entorno, la percepción de justicia y la posibilidad de aprendizaje centrado».
Violencia extrema
Si es que la violencia de algunos alumnos influye para que otros la imiten (como en la teoría de la «manzana podrida») o ya es un tema más generalizado en ciertos colegios, Romero opina que el problema «ya no es algo aislado: lo que observamos es una propagación de dinámicas de violencia extrema que afectan no solo a los implicados directos, sino al ambiente escolar completo. Cuando estudiantes lanzan bombas molotov o realizan actos similares, el mensaje que llega a sus compañeros es que la transgresión grave queda sin sanción clara, lo que puede generar legitimación simbólica del acto y contagio cultural».