Anahí Riveros feliz tras lograr medalla de plata en el Panamericano de Escalada
El Parque Bicentenario de Cerrillos acogió esta semana el desafiante torneo en el que participaron más de trescientos atletas de todo el continente.
Más de trescientos atletas se dieron cita en el Panamericano de Escalada, organizado esta semana por The North Face Chile en el Parque Bicentenario de Cerrillos, y la primera medalla para el Team Chile quedó en manos de Anahí Riveros (20 años), quien se quedó con el segundo lugar en categoría de velocidad, detrás de la ecuatoriana Andrea Rojas.
«Desde que me enteré del Panamericano, yo me visualicé en el podio y confié tanto en el proceso que se logró, aunque estaba muy nerviosa al inicio. Me preparé por primera vez con cardio y mucho gimnasio, más que trabajo técnico en el muro. En octubre estaba muerta, porque hacía mucho cardio, pero eso fue lo que me ayudó a bajar el tiempo. El último mes fue muy intenso, hacía sesiones dobles y cada sesión constaba de seis subidas en el menor tiempo posible», cuenta Riveros, quien se inició en este deporte a los 7 años gracias a un taller de escalada en el colegio.
Además de los años que lleva entrenando, también ha sido un largo camino en el que debió trabajar otras cosas. «Al inicio era muy insegura, me comparaba mucho con las demás y no veía el potencial que tenía. Tuve que trabajarlo porque me gustaba tanto este deporte que no quería dejarlo. Ahora tengo más confianza, pero me costó llegar a este punto. Por ejemplo, esta era la tercera vez en mi vida que veía y competía en este muro, pero no dejé que eso me afectara porque sabía lo que he trabajado y sacrificado para estar aquí», agrega.
¿Su enfoque del muro y su dificultad? «Cuando estoy en la fila antes de subir, solo pienso en hacer un intento fluido y con mucha potencia, teniendo mucho ojo con la salida en falso porque eso me persiguió durante un año. Me enfoco en tener una buena salida y una buena llegada arriba, pero cuando ya subo me preocupo de escalar y disfrutar», explica Anahí.
Pero hubo un momento en la competencia en que se complicó un poco. «Gracias a este deporte aprendí a ser fuerte mentalmente. En la competencia me caí en el primer intento, salí súper enojada, decepcionada y muerta de miedo porque sabía que se me estaba escapando la posibilidad de tener un podio, pero también sabía que no podía exaltarme en ese momento. Entonces dejé de pensar en lo que ya pasó y me la jugué en el siguiente intento», asegura.
En este punto el deporte se mezcla con la vida personal. «Esa capacidad de transformar esas emociones en algo positivo es algo que me destaca y que aplico también en mi día a día, fuera del deporte. Por ejemplo, a la hora de rendir una prueba o de enfrentar algún problema. Si no estuviera en el deporte, creo que no sabría cómo manejar mis emociones y controlar mis pensamientos», agrega la también estudiante de nutrición y dietética en la Universidad de Chile.


