Jugadores de la U y familiares despidieron en el Parque del Recuerdo al masoterapeuta Lorenzo Prieto
Jamás pensé que era tan querido. Siempre fue una persona de bajo perfil, por lo que nunca imaginamos que iba a llegar a tanta gente, dijo su hermano Claudio, con quien había quedado de juntarse la mañana del miércoles y falleció minutos antes.
El himno del Romántico Viajero comenzó a ser cantado a capela por las decenas de personas que repletaron la capilla número 7 del cementerio Parque del Recuerdo. Estaban ahí para despedir a Lorenzo Prieto (78), el masoterapeuta de la Universidad de Chile que falleció el miércoles en la mañana de un paro cardiorrespiratorio mientras trotaba por la costanera de La Serena, horas antes de que los azules se enfrentaran a Coquimbo por las semifinales de la Copa Chile.
Trataban de cantar, pero la emoción lo impedía. Gustavo Álvarez, Charles Aránguiz, Gabriel Castellón, José Rojas y Leandro Fernández, entre otros, con la cabeza inclinada, suspiraban profundamente para observar la escena en silencio. En nombre de los jugadores, Marcelo Díaz dijo, con la voz entrecortada, que lo echarán de menos y que el mejor homenaje que le pueden rendir es en la cancha.
Pasado el mediodía terminó la misa y los deudos comenzaron a reunirse en los pasillos del camposanto, mientras se realizaba la cremación de Manos de Ángel, como también fue conocido Prieto durante los doce años que trabajó en la tienda estudiantil.
Los masajes y el cuidado de los músculos de los futbolistas fue la última labor de este hombre nacido en San Miguel, con tres hijos, que vivía solo en un departamento de la calle Manuel de Salas, en Ñuñoa. Durante su vida se dedicó a diversas labores. Luego de estudiar en el Liceo 6 Andrés Bello egresó de contador del Instituto Insuco, pero lo suyo no era estar encerrado en una oficina, por lo que dejó los números y los cálculos para comenzar a incursionar en otras actividades. «En ese tiempo hacía mucho deporte: atletismo y caza submarina en el Club Pelícano. Así que armó una pequeña pyme con un campeón de Chile, Raúl Choque. Compró una lancha, un zodiac y se dedicó a los locos y a los peces. Eso debe de haber sido hace unos cuarenta años. Tenía un grupo de amigos con los que salía de madrugada, todos los fines de semana. Y viajaba a cualquier parte, a Punta de Choros, por ejemplo, y regresaba al otro día cargado de pescados. Hubo un tiempo en que vendía los pescados a los restaurantes buenos. Todo lo que hacía lo hacía bien. Se entregaba por entero a las cosas que a él le gustaban», contó Claudio Prieto (76), su hermano arquitecto que vive en La Serena.
«Tuvo también un negocio de audio-música, porque lo de la pesca dura un tiempo, no más. Vendía equipos de música y de sonido. Al tiempo después, un amigo atleta le empezó a enseñar el tema de los masajes. Siguió unos cursos desde España y, de repente, lo invitaron a una clínica para que se perfeccionara. Otro amigo cubano, que se tenía que devolver a Cuba, le preguntó si quería trabajar en la U. Lorenzo se presentó, estuvo los últimos doce años y en la U encontró una familia», agregó.
¿El día que falleció había quedado de juntarse con usted?
«Nos íbamos a juntar en mi casa la noche del martes, pero me llamó como a las nueve y media para decirme que la barra estaba afuera del hotel, por lo que me iba costar llegar. Entonces quedamos de juntarnos el miércoles a tomar desayuno, a las diez de la mañana, en la Avenida del Mar. Lamentablemente, no alcanzamos».
¿Qué recuerdos le quedan de Lorenzo?
«Estoy impresionado. Me dan ganas de irme con él, con todos estos honores que ha recibido. Jamás pensé que era tan querido. Siempre fue una persona de bajo perfil, por lo que nunca imaginamos que iba a llegar tanta gente. Leía mucho y era muy bueno para dar consejos a los jugadores y amigos. Entregaba mucho afecto. No era masajes solamente, sino que también era de conversación y consejo. Yo creo que eso también hizo que lo quisieran tanto, porque realmente fue muy querido. Para mí fue una sorpresa ver todo esto que le han hecho, porque no me lo imaginé. Estoy orgulloso».
¿Estaba enfermo?
«Yo tengo 76 años y siempre pensé que él me iba a enterrar. Me daba consejos de salud y jamás pensé que se iría él primero. No estaba ni enfermo. Hace un tiempo se desmayó cuando trotaba. Le hicieron exámenes y tenía algo relacionado con el pulmón. La Universidad de Chile siempre estuvo a su lado. Por eso decía que tenía dos familias.
Una de ellas era el club, porque a él le encantaba trabajar y hacer lo que hacía».
«Lorenzo era muy deportista, un hombre de vida muy sana, comía muy sanamente y se preocupaba mucho de su estado físico. Claro que trotando, hace dos años, en el Parque Intercomunal de La Reina, se desvaneció. Le hicieron muchísimos exámenes, pero nunca se supo bien la causa de la emergencia», precisó su cuñada, Ximena Alvarado.



