Nicolás Quezada, criado entre viejos Land Rover, logró demostrar en vivo todo lo que sabía
La alta especialización de la mecánica automotrizen Chile impulsa la demanda global por estos profesionales.
A Nicolás Quezada (26) desde pequeño le gustaron los automóviles clásicos. Su abuelo y su papá eran fanáticos de los Land Rover y ambos se especializaron en este tipo de autos: el primero como ingeniero mecánico; el segundo, como mecánico.
A los 11 años Nicolás aprendió a manejar en un Land Rover y así fue conociendo de cerca su mecánica. Eso, a la larga, lo motivó a matricularse en la carrera de Mecánica Automotriz en Duoc UC. Su aspiración siempre apuntó lejos: soñaba con trabajar con las grandes marcas en Estados Unidos: en Chile el mercado de autos clásicos no recibe el valor adecuado, opina. «La gente no paga precios justos y piensa que por ser vehículos viejos deben ser mucho más baratos. En Estados Unidos la mentalidad es distinta: se invierte en ellos y son realmente increíbles los valores que tienen acá», afirma.
Con eso en mente, hace dos años se radicó en Charleston, Carolina del Sur, donde trabaja en Himalaya, empresa especializada en la restauración y personalización de Land Rover.
«Este trabajo lo conseguí en base a persistencia. Los ubiqué en Instagram primero, pero no pasó nada», recuerda.
Test en vivo
El primer acercamiento con el taller en Estados Unidos ocurrió de manera presencial: llegó directamente a golpear la puerta para ofrecerse como técnico mecánico especializado en modelos Land Rover de las series más antiguas.
Al comienzo su propuesta no recibió demasiada atención: influyó el escepticismo, reconoce, hacia «un joven sudamericano» que llegaba asegurando ese nivel de especialización. Intercambiaron datos de contacto, pero durante la primera semana no obtuvo respuesta. Insistió: visitó el taller cinco o seis veces hasta que finalmente le dieron la chance de demostrar sus capacidades.
Fue casi un examen presencial. Le pidieron poner en marcha un Jeep que llevaba tiempo detenido y presentaba fallas.
Sin usar herramientas, solo con sus manos, revisó algunos puntos críticos del vehículo y lo hizo arrancar. Así el equipo del taller reconoció su experiencia y conocimientos.
«Estuve un mes y medio a prueba. Luego me pidieron echar a andar un Land Rover Series 1 del año 1951, que lo trajeron del desierto de Nevada y estaba parado hacía treinta años, quizás más. Ese fue mi desafío: echar a andar esa máquina y me contrataban. Lo hice en una semana», asegura.
Su jefe, dice, quedó tan impresionado que gestionó una medalla del Automóvil Club de Chile: de esta forma, reconoció que un chileno demostró su conocimiento en el taller y agradeció la restauración completa de un auto que no operaba bajo ningún concepto.
Al demostrar su amplia experiencia en modelos clásicos, el taller comenzó a derivarle directamente cada vehículo de este tipo que llegaba a Himalaya. Antes, la empresa no reparaba Land Rover clásicos, porque su foco apuntaba a otro rubro: la modificación y venta de los Land Rover Defender de los años 90 hasta 2010: algunos de ellos se comercializan por sobre US$ 300.000.
Nicolás habla directamente con los clientes y lidera el área de servicio dedicada exclusivamente a Land Rover vintage. En la práctica, todos los vehículos de este segmento pasan por sus manos. Su salario también evolucionó: comenzó ganando 15 dólares la hora, una cifra muy baja para un mecánico en Estados Unidos. A medida que ratificó sus conocimientos y ofreció buenos resultados, la empresa aumentó su remuneración hasta US $29 la hora ($27.000 aprox.).
Hoy trabaja legalmente con la visa H1B1, que se otorga sólo a ciudadanos chilenos y singapurenses para cubrir puestos especializados donde faltan trabajadores calificados, como el caso de los mecánicos.


